miércoles, 20 de febrero de 2019

FORZA, SALUTI A TUTTI, BACIONI, AUGURI, IN BOCCA AL LUPO, ARRIVEDERCI E A PRESTO PINO!







Ayer cumplía Juan de Pablos 71 años y se hacía efectiva su jubilación de las ondas. Una fecha que sinceramente esperaba  nunca llegase, al igual que nunca imaginé que los Ramones anunciarían su despedida (y sin embargo lo hicieron aquel verano del 96) A mí me gustaba pensar que Juan de Pablos moriría con las botas, o los cascos, puestos, porque cuesta imaginarlo en otro escenario que no sea el de una canción pop de melodía pluscuamperfecta dando vueltas en un plato. No vamos a entrar en todo lo que puede haber detrás de esta jubilación. Sabidas son las dificultades que han sufrido y sufren muchos locutores de Radio Nacional, y que el espacio de Juan no ha recibido especialmente buen trato desde la radio pública es de sobra conocido. Baste repasar la historia del programa en las últimas décadas y los constantes cambios de ubicación en la parrilla. En Ponferrada llegamos a hacer una recogida de firmas, promovida por Carlos, de Terciopelo Azul y la Sala Quijote (uno de los muchos “hijos” que Juan de Pablos ha ido dejando a base de eyacular emociones y melodías delante del micrófono), cuando a principios de los 90 se rumoreó que había intención de confinarlo a los fines de semana. No se trata de recordar lo pedregoso del camino que le ha conducido al mito de figura paternal, a su magisterio clarividente sobre el pop, si no de buscar un resquicio en el habitual desgarro emocional que nos provoca esta cultura que es nuestra para tratar de desentrañar, igual que él hace con los misterios de la música, la magia de la figura del más sabio de la tribu en el momento de la retirada de su magistral oficio.  




Mis primeros recuerdos de “Flor de Pasión” se remontan a finales de los 80, cuando emitía por las tardes y ya se había convertido en un pequeño fenómeno social dentro de una España liberal y libérrima que se seguía quitando la caspa y el polvo de la gabardina del franquismo sin descanso. Pequeño, muy pequeño, pero un fenómeno que congregaba alrededor del transistor a individuos de diverso pelaje: rockers, mods, punks… internet quedaba muy lejano (ni podíamos intuirlo) y el correo postal ejercía de vigoroso vínculo para los fieles del programa con su sacerdote. Nombres como Marisa la Segoviana, Isa la Despeinada, Félix el Camionero, el Tupé Estacionario, Julio Vocal Group o Melancholic Peter se nos hacían habituales en esa comunión a la vieja usanza, la del oyente pidiendo canciones para dedicar a sus amigos, amigas o novias, o simplemente por puro deseo de escuchar una tonada que le levantase el ánimo en los duros momentos de enfrentarse a un examen o una entrevista de trabajo. 




Como no podía ser de otro modo no tardé en pergeñar yo mis propias cartas al maestro. Recuerdo perfectamente la primera que le escribí. De aquella estaba totalmente empapado por la cultura modernista y el rythm&blues y el soul y le confesé mi devoción por los sonidos negros y especialmente por mi favorito, Smokey Robinson, de quien le pedí la estremecedora “Tracks of my Tears”. Lo que no recuerdo sin embargo es porque razón, como sucede tantas veces con cartas escritas desde lo más profundo del alma, nunca llegué a enviarla y permaneció cautiva y temblorosa dentro de mi carpeta del instituto. Y ahí sigue. 




Si fueron enviadas las posteriores, y así “Pepe Kubrick desde Ponferrada” comenzó a hacerse un pequeño hueco entre el círculo de devotos de “Flor de Pasión”. El siguiente paso debería ser, como no, conocerlo en persona. Fue el inolvidable verano del 94, un particular “summer of love” en el que la Sala Quijote se llenaba todas las noches y las muchachas estaban más bellas que nunca. Todo era un poema de Rimbaud, “las voces instructivas exiliadas… el egoísmo infinito de la adolescencia…” Los Flechazos, otros de nuestros héroes, estaban en un momento de forma fantástico y actuaron dos noches consecutivas en el Quijote con Juan de Pablos como maestro de ceremonias e invitado especial. A los platos estuvimos Carlos, Jorge el Viejo Zorro y yo… y Juan, claro. Aquel verano fue una “allnighter” constante y aquel fin de semana la cumbre absoluta. Posteriormente volvería a visitarnos en alguna ocasión, como en un concierto de los Juniper Moon que eran nuestro orgullo local, cuando acabamos en el Barracuda loando Ponferrada como “el último refugio” mientras a Juan le brillaban los ojos hablando de Humphrey Bogart e Ida Lupino. A partir de ahí encuentros constantes aunque esporádicos y espaciados en el tiempo, desde Felicia (Limodre) hasta Fuengirola, pasando, claro, por infinidad de conciertos en salas madrileñas, y la inolvidable época en la que fuimos “vecinos” en Clara del Rey (yo trabajaba enfrente de su casa) y nos encontrábamos en sitios tan dispares como el supermercado o la consulta del médico, mientras charlábamos sobre su último especial de calypso o las posibilidades del Madrid en la Champions. 





Sala Quijote, Ponferrada, 1994.





Esto es un esbozo de mi pequeña relación personal con Juan de Pablos. Pero a nivel sentimental me resulta inabarcable describir que ha supuesto “Flor de Pasión” no ya en mi vida, si no en un escenario comunal e identitario. Ahora que se levantan banderas por doquier y se alude a las bajas pasiones de patrioterismo y nacionalismo para alcanzar poder se hace necesario reivindicar el individualismo, pero no me es ajeno que sí me siento perteneciente a una cultura particular en la que hemos caído un buen número de individuos en las, digamos, últimas siete décadas de la historia de la humanidad. Hablo de la cultura pop, y de la rama más excitante de tan generoso árbol: el rock and roll.




Hay en “Flor de Pasión” esas esencias venenosas que a tantos nos han cambiado la vida. “Flor de Pasión” es “cool” pero recoleto. Es “American Graffiti” y “Diner”, es doo woop y punk-rock. Las canciones por encima de todo. De Leo Dan a Hard-Ons, de Palito Ortega a Parasites, sin inmutarse (como mucho poniendo entre medias un instrumental “para separar fases”), ¿por qué no iba a ser así?, el doo woop de las esquinas de Belmont, el punk-rock de Queens, el surf de Los Angeles, el Swinging London, el soul de la MoTown, el “Salut Les Copains”, la canción italiana… y por supuesto las más excitantes bandas nacionales del momento. No se puede entender la explosión del punk-rock castellonense de No Tomorrow sin “Flor de Pasión” y viceversa. Conocido es su proverbial y envidable sexto sentido para haber sabido detectar en cualquier momento las bandas nacionales más excitantes, ajeno a las posibles modas y ruídos mediáticos, pero fíandose de su gusto y oído. Desde Los Vegetales hasta Axolotes Mexicanos pasando por Shock Treatment, Parade o Airbag. Su intución para alimentarse (y alimentar él mismo a ellos) a francotiradores solipsistas del calibre de Julio Bustamante, Charlie Mysterio o Malcolm Scarpa. Juan de Pablos es todo ese rock and roll, pero también es Dino Risi e “Il Sorpasso”, es el “Verano del 42” de Robert Mulligan, “The Last Picture Show” de Bogdanovich. Es, en definitiva, la constante pérdida de la inocencia, el despertar infinito, el primer beso furtivo, el primer trago de cerveza, la constante llegada de la Primavera, la alegría de los primeros rayos de sol y la melancolía de los últimos bañistas. Sol y sombra en un caparazón de diazepam. La duda hornbyana de escuchar música pop por estar triste o estar triste por escuchar música pop. El existencialismo envasado en gemas melódicas y modélicas de dos minutos y medio de duración. El “angst” eternamente adolescente disparado desde la furia de las guitarras eléctricas. 




Y eso es todo lo que Juan de Pablos nos transmitió, eso es todo lo que nos enseñó… y ahora, ¿quién va a programar todas esas canciones?  




Huérfanos de emociones nos sentimos como el protagonista de “17 años”, uno de los muchos pildorazos de Los Vegetales, banda totémica en el universo de “Flor de Pasión” y otra de las tantas que hemos descubierto gracias a Juan, y exclamamos: “¡qué alguien me ayude por favor!”   






Fuengirola Pop Weekend, 2016.





Esto es una despedida del Juan de Pablos radiofónico, el de la voz quebrada que quitaba la esponja del micrófono cada noche (el “preservativo”) para entrar “a pelo” en el alma del oyente. Afortunadamente Juan sigue vivo y coleando batallando en la montaña rusa emocional a la que está sujeto cualquier individuo con un mínimo de sensibilidad. Esto quiere decir, así lo deseo y firmemente creo, que tenemos Juan de Pablos para rato,  descoyuntándose de manera espasmódica en las primeras filas de conciertos, en las cabinas de pinchadiscos, quien sabe incluso si retomando su breve pero jugosa y disparatada carrera cinematográfica y televisiva… pero la despedida de “Flor de Pasión” es definitiva, y como tal es triste y supone nudo en la garganta. Una despedida es tan difícil como cerrar un texto. Por eso el hombre ha creado las canciones, capaces de llegar donde la desnuda palabra naufraga. Las canciones visten esas palabras y convierten el llanto en danza, el funeral en orgía, y así, la única manera de posible de terminar esto es cantando…  



Cerco l’estate tutto l’anno

e all’improvviso eccola qua.

Lei è partita per le spiagge

e sono solo quassù in città,

sento fischiare sopra i tetti

un aeroplano che se ne va.

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.

Sembra quand’ero all’oratorio,

con tanto sole, tanti anni fa.

Quelle domeniche da solo

in un cortile, a passeggiar…

ora mi annoio più di allora,

neanche un prete per chiacchierar…

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.

Cerco un po’ d’Africa in giardino,

tra l’oleandro e il baobab,

come facevo da bambino,

ma qui c’è gente, non si può più,

stanno innaffiando le tue rose,

non c’è il leone, chissà dov’è…

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.