miércoles, 17 de abril de 2019

CAYETANA Y EL SILENCIO








Cayetana, cuello esbelto, noble garza, musa pétrea y esfinge regia. 


Cayetana, dama dama de alta cuna de baja cama, pescuezo infinito de la una, grande y libre España.


Cayetana sueña, detrito inconfesable, anhelo orgiástico, dentro de un océano de abrasadora masculinidad, de hombría con aroma a Varon Dandy y after shave. 


Cayetana, fiera inquieta, busca a Jacq’s, a ese hombre que la mira y la desnuda.


Cayetana quieta y callada que está como ausente,  lienzo insondable, veneno en la piel, dibuja corazones y flechas en su cuaderno de niña rebelde en la “uni”… y espera la llegada del hombre. Ese hombre que vendrá como si pisase la Luna, pequeño paso y gran empresa.



Y él llegará y le dirá: “Cayetana, cigüeña preñada de emociones, veo en ti el deseo y el ardor. Cayetana, niña mía, nada digas, pues todo lo dice tu mirada” Y Cayetana, silencio cómplice, mirada furtiva, aguardará que él la coja de la mano, acaricie su pelo, y bailen la eterna danza prohibida, inaccesible para el vulgar vulgo de progresía y feminazismo. 



Cayetana, yegua salvaje que necesita ser domada. No digas nada, Cayetana, no digas nada. Tu silencio escupe versos de fuego por ti.  





jueves, 28 de marzo de 2019

LA BANDA SONORA DE NUESTRAS VIDAS









Observo, con una mezcla entre empatía y orgullo de clase, que ante las numerosas reacciones y comentarios que está suscitando el nuevo disco del trío cada vez menos cretino de Estepona, los fans comienzan advirtiendo con el habitual “yo es que no puedo ser objetivo con Airbag...” dejando claro el punto de vista de fan ante una banda que si puede presumir de muchas cosas entre ellas está el de poseer una legión de seguidores cuya devoción por la música de los malagueños va más allá de la cordura y la razón (créanme, sé de lo que hablo), pero también implícitamente expresando el miedo ante una nueva obra de su banda favorita y la posibilidad de la decepción, con lo que de manera igualmente implícita se asume la responsabilidad de un grupo que se ha empeñado en ponerse el listón cada vez más alto disco tras disco. Poco importa entonces la larga espera entre obra y obra (cuatro años en este caso desde “Gotham te necesita”), se comprende (y esto lo dice quien hizo el pre-order en cuanto Sonido Muchacho lo hizo oficial y fue tachando días tras día del calendario hasta el 15 de Febrero cual preso recluído en una celda contando las jornadas hasta su liberación), que se tomen el tiempo que haga falta, porque como acertádamente afirma Joaquín Niki en la hoja promocional, los albumes de Airbag son bombas de racimo que antes de impactar con la superficie ya han soltado diez o doce bombas más. Nos hemos acostumbrado en los últimos tiempos a que la devastación emocional que supone la música del trío malagueño no sea inmediata pero sus efectos perduren el tiempo necesario hasta que nos regalen otra colección de canciones con las que seguir escribiendo la banda sonora de nuestras vidas.


No descubrimos nada reconociendo que uno de los puntos fuertes, o quizás el mayor punto fuerte que les otorgó estatus diferencial frente al puñado de bandas de punk rock españolas nacidas en los 90 son las letras. Una diferencia sobre el resto que hace que muchas bandas se devanen los sesos intentando imitar esa fórmula que permite con dos frases llegar al centro del corazón del oyente. Desengáñense. No hay ningún truco, esto se tiene o no se tiene, y por alguna extraña razón Airbag lo tienen. Pero resulta injusto considerar a Airbag una banda sólo de letras. La injusticia que se produce cuando alguien es tan increíblemente bueno en algo que eclipsa lo no tan increíblemente bueno en lo otro. Esa calidad en una determinada faceta acaba convirtiéndose en estigma, como ese jugador de baloncesto que mete 50 puntos en un partido y tiene que escuchar que en defensa no ha sido tan bueno. Sólo a los mejores se les ponen pegas, y considerar a Airbag como un grupo que no aporta más que pericia literaria es obviar que sus letras cobran vida y valor gracias a su música. El hombre escoge distintos caminos para vomitar lo que lleva dentro y desnudar su alma: cine, música, literatura... cada campo tiene su lenguaje, y la música pop no puede entenderse sin el matrimonio entre letra y melodía. Airbag, por tanto, no es un grupo de buenas letras... es un grupo de buenas canciones.


En mi caso particular he tardado varios días y varias escuchas en reconocer que estoy ante una obra absolutamente mayestática e imprescindible en mi (no sé si todavía a mi edad) educación sentimental. Y es que los años han pasado para todos, para una generación de peterpanes que hemos encontrado en Airbag a los cronistas de nuestras vidas. Marta, Elena, y el resto de chicas normales han crecido y ahora viven con Mar saliendo dos veces al mes y volviendo a casa por Navidad o algún puente, como cantan en la realista “La fuga de Logan”, agrio mensaje envuelto en celofán pop y otro título que da en la diana. No es el único. “Eleven & Mike” y “Phantasma” juegan de nuevo con la querencia por el universo fantástico para hablar de sus temas favoritos desde títulos que a priori nada tienen que ver, aunque no me digan que no es una pasada cantar eso de “en trece años no había visto a nadie tan especial en todo nuestro Hawkins”, aunque uno esté pensando en una vieja amistad de Buitrago de Lozoya. “Phantasma” es caso aparte, una de esas canciones que no entran a la primera pero en cuanto lo hacen no te sueltan nunca. Imposible no sentirse dentro del tema, de esta oda al amor perdido que estalla en uno de los mejores estribillos de su carrera, un chute energético capaz de remitir al “Radio” de Teenage Fanclub. Y es que siguen estando especialmente atinados en su mirada sobre las relaciones humanas, y más en concreto las relaciones de pareja. Relaciones de pareja por encima de un término tan abstracto como el amor, pero de cuya búsqueda inevitablemente participamos todos. Una búsqueda que lleva a imaginar como será la vida de ese objeto del deseo que apenas surge ante tus ojos unos minutos pero te obsesiona de tal modo que acabas desarrollando la película de su vida, como le sucede al protagonista de “El puente de los alemanes”, tema que cierra el album de una manera tan desgarradora que definitivamente alguien debe venir a recoger los pedazos de tu corazón una vez que la aguja ha llegado al final y el plato ha dejado de girar. ¿Quien no ha vivido historias de estaciones de autobuses, de esperas en el anden los viernes y despedidas los domingos, hasta que “alguien la descubre en la gran ciudad”? Demoledor. Todo dentro de una especie de balada acerada en la que Adolfo hasta se marca un paseo por el mástil de la guitarra como si clavara un cuchillo (tranquilos, apenas dura unos segundos) Pero hasta llegar a este final el paseo ha sido la habitual montaña rusa sentimental de Airbag, prosiguiendo con la “denuncia social” de “El centro del mundo” o la arriesgada “Cita en Honolulú”, de título emparentado con la sublime “Cita en Hawaii” de La Mode, y que acertádamente se aleja de su aspecto de amable tonada surf con un estribillo abrupto y arriesgado. En “Koi No Yokan” y “Metal” se alejan de los típicos cortes estilo Airbag para tejer unas melodías de inspiración más sixties, acertando en el primer caso con un estribillo luminoso que levanta la canción, al revés que en “Metal”, mostrándose más inspirados en las primeras estrofas (ojo a la travesura de Adolfo con la guitarra), y volviendo a dar en el clavo en el tema del que ya son Honoris Causa: “lo primero que me gustó, fue lo mismo que poco después me mató... no lo vi venir...”, desolador. Y por otro lado una muestra más del escapismo de unos Airbag inarbacables a los que cada vez es más difícil de etiquetar. Si a “Metal” le metiésemos una sección de vientos podría pasar por una bisnieta de “I've been hurt” de Bill Deal & The Rhondels.  “Memoriax 500” parece un tema sacado de “Alto Disco”, aquel album que  posiblemente significó el mayor punto de inflexión en su carrera como autores de canciones. “Linda Cuy” desconcierta (Felipe Correa, nombre propio del actual power pop nacional la emparenta con “Gran Caimán” del “Gotham...”), a priori parece el momento menos afortunado del disco (aunque con Airbag y el efecto que producen sus canciones con el paso del tiempo nunca se sabe), pero deja detalles como esa imagen del “bañador que llevas todos los días está hecho polvo y perdiendo color”, concisa metáfora del constante paso del verano en el que quieren instalarse unos Airbag que no por ello carecen de la amargura necesaria para diseccionar todo lo que les rodea, y además qué agradecidos suena esos arreglos de sintetizador nuevaoleros que harían las delicias de Ric Ocasek. “R Tape loading error” es un generoso soplo de brisa fresca plagado de inflexiones melódicas, surferas y vocales que los malagueños manejan con facilidad pasmosa, justo antes de dejarte KO con ese “Puente de los alemanes” ya citado. 


El tiempo acabará poniendo en su lugar este nuevo disco dentro de una discografía que ya es rotunda, mucho más en calidad que en cantidad. Quizás no sea su mejor LP, desde luego no es el peor (o el menos bueno), pero si tengo claro que es el disco de Airbag más desgarrador, el que más duele, el más agrio y amargo. Tan desolador como ese cementerio al que aluden en título y portada, con un acertado juego de palabras que tan bien encaja en una obra tan dura como esta, y es que si el siempre difuso movimiento “indie” español en los 90 estaba plagado de chavales de pelo largo y camisetas a cuadros que hacían sonar sus guitarras con un ruido de mil demonios queriendo emular al mismísimo John Cale, 20 años después se ha convertido en una caterva de señores barbudos con americanas raídas empeñados en cantar con el registro vocal de Victor Manuel. “Cementerio Indie” es en muchos aspectos la obra más aterradora de Airbag. Y es que estos fanáticos del cine de terror conocen bien que precisamente no hay nada más terrorífico que llegar a casa y encontrarte su armario vacío... 



miércoles, 20 de febrero de 2019

FORZA, SALUTI A TUTTI, BACIONI, AUGURI, IN BOCCA AL LUPO, ARRIVEDERCI E A PRESTO PINO!







Ayer cumplía Juan de Pablos 71 años y se hacía efectiva su jubilación de las ondas. Una fecha que sinceramente esperaba  nunca llegase, al igual que nunca imaginé que los Ramones anunciarían su despedida (y sin embargo lo hicieron aquel verano del 96) A mí me gustaba pensar que Juan de Pablos moriría con las botas, o los cascos, puestos, porque cuesta imaginarlo en otro escenario que no sea el de una canción pop de melodía pluscuamperfecta dando vueltas en un plato. No vamos a entrar en todo lo que puede haber detrás de esta jubilación. Sabidas son las dificultades que han sufrido y sufren muchos locutores de Radio Nacional, y que el espacio de Juan no ha recibido especialmente buen trato desde la radio pública es de sobra conocido. Baste repasar la historia del programa en las últimas décadas y los constantes cambios de ubicación en la parrilla. En Ponferrada llegamos a hacer una recogida de firmas, promovida por Carlos, de Terciopelo Azul y la Sala Quijote (uno de los muchos “hijos” que Juan de Pablos ha ido dejando a base de eyacular emociones y melodías delante del micrófono), cuando a principios de los 90 se rumoreó que había intención de confinarlo a los fines de semana. No se trata de recordar lo pedregoso del camino que le ha conducido al mito de figura paternal, a su magisterio clarividente sobre el pop, si no de buscar un resquicio en el habitual desgarro emocional que nos provoca esta cultura que es nuestra para tratar de desentrañar, igual que él hace con los misterios de la música, la magia de la figura del más sabio de la tribu en el momento de la retirada de su magistral oficio.  




Mis primeros recuerdos de “Flor de Pasión” se remontan a finales de los 80, cuando emitía por las tardes y ya se había convertido en un pequeño fenómeno social dentro de una España liberal y libérrima que se seguía quitando la caspa y el polvo de la gabardina del franquismo sin descanso. Pequeño, muy pequeño, pero un fenómeno que congregaba alrededor del transistor a individuos de diverso pelaje: rockers, mods, punks… internet quedaba muy lejano (ni podíamos intuirlo) y el correo postal ejercía de vigoroso vínculo para los fieles del programa con su sacerdote. Nombres como Marisa la Segoviana, Isa la Despeinada, Félix el Camionero, el Tupé Estacionario, Julio Vocal Group o Melancholic Peter se nos hacían habituales en esa comunión a la vieja usanza, la del oyente pidiendo canciones para dedicar a sus amigos, amigas o novias, o simplemente por puro deseo de escuchar una tonada que le levantase el ánimo en los duros momentos de enfrentarse a un examen o una entrevista de trabajo. 




Como no podía ser de otro modo no tardé en pergeñar yo mis propias cartas al maestro. Recuerdo perfectamente la primera que le escribí. De aquella estaba totalmente empapado por la cultura modernista y el rythm&blues y el soul y le confesé mi devoción por los sonidos negros y especialmente por mi favorito, Smokey Robinson, de quien le pedí la estremecedora “Tracks of my Tears”. Lo que no recuerdo sin embargo es porque razón, como sucede tantas veces con cartas escritas desde lo más profundo del alma, nunca llegué a enviarla y permaneció cautiva y temblorosa dentro de mi carpeta del instituto. Y ahí sigue. 




Si fueron enviadas las posteriores, y así “Pepe Kubrick desde Ponferrada” comenzó a hacerse un pequeño hueco entre el círculo de devotos de “Flor de Pasión”. El siguiente paso debería ser, como no, conocerlo en persona. Fue el inolvidable verano del 94, un particular “summer of love” en el que la Sala Quijote se llenaba todas las noches y las muchachas estaban más bellas que nunca. Todo era un poema de Rimbaud, “las voces instructivas exiliadas… el egoísmo infinito de la adolescencia…” Los Flechazos, otros de nuestros héroes, estaban en un momento de forma fantástico y actuaron dos noches consecutivas en el Quijote con Juan de Pablos como maestro de ceremonias e invitado especial. A los platos estuvimos Carlos, Jorge el Viejo Zorro y yo… y Juan, claro. Aquel verano fue una “allnighter” constante y aquel fin de semana la cumbre absoluta. Posteriormente volvería a visitarnos en alguna ocasión, como en un concierto de los Juniper Moon que eran nuestro orgullo local, cuando acabamos en el Barracuda loando Ponferrada como “el último refugio” mientras a Juan le brillaban los ojos hablando de Humphrey Bogart e Ida Lupino. A partir de ahí encuentros constantes aunque esporádicos y espaciados en el tiempo, desde Felicia (Limodre) hasta Fuengirola, pasando, claro, por infinidad de conciertos en salas madrileñas, y la inolvidable época en la que fuimos “vecinos” en Clara del Rey (yo trabajaba enfrente de su casa) y nos encontrábamos en sitios tan dispares como el supermercado o la consulta del médico, mientras charlábamos sobre su último especial de calypso o las posibilidades del Madrid en la Champions. 





Sala Quijote, Ponferrada, 1994.





Esto es un esbozo de mi pequeña relación personal con Juan de Pablos. Pero a nivel sentimental me resulta inabarcable describir que ha supuesto “Flor de Pasión” no ya en mi vida, si no en un escenario comunal e identitario. Ahora que se levantan banderas por doquier y se alude a las bajas pasiones de patrioterismo y nacionalismo para alcanzar poder se hace necesario reivindicar el individualismo, pero no me es ajeno que sí me siento perteneciente a una cultura particular en la que hemos caído un buen número de individuos en las, digamos, últimas siete décadas de la historia de la humanidad. Hablo de la cultura pop, y de la rama más excitante de tan generoso árbol: el rock and roll.




Hay en “Flor de Pasión” esas esencias venenosas que a tantos nos han cambiado la vida. “Flor de Pasión” es “cool” pero recoleto. Es “American Graffiti” y “Diner”, es doo woop y punk-rock. Las canciones por encima de todo. De Leo Dan a Hard-Ons, de Palito Ortega a Parasites, sin inmutarse (como mucho poniendo entre medias un instrumental “para separar fases”), ¿por qué no iba a ser así?, el doo woop de las esquinas de Belmont, el punk-rock de Queens, el surf de Los Angeles, el Swinging London, el soul de la MoTown, el “Salut Les Copains”, la canción italiana… y por supuesto las más excitantes bandas nacionales del momento. No se puede entender la explosión del punk-rock castellonense de No Tomorrow sin “Flor de Pasión” y viceversa. Conocido es su proverbial y envidable sexto sentido para haber sabido detectar en cualquier momento las bandas nacionales más excitantes, ajeno a las posibles modas y ruídos mediáticos, pero fíandose de su gusto y oído. Desde Los Vegetales hasta Axolotes Mexicanos pasando por Shock Treatment, Parade o Airbag. Su intución para alimentarse (y alimentar él mismo a ellos) a francotiradores solipsistas del calibre de Julio Bustamante, Charlie Mysterio o Malcolm Scarpa. Juan de Pablos es todo ese rock and roll, pero también es Dino Risi e “Il Sorpasso”, es el “Verano del 42” de Robert Mulligan, “The Last Picture Show” de Bogdanovich. Es, en definitiva, la constante pérdida de la inocencia, el despertar infinito, el primer beso furtivo, el primer trago de cerveza, la constante llegada de la Primavera, la alegría de los primeros rayos de sol y la melancolía de los últimos bañistas. Sol y sombra en un caparazón de diazepam. La duda hornbyana de escuchar música pop por estar triste o estar triste por escuchar música pop. El existencialismo envasado en gemas melódicas y modélicas de dos minutos y medio de duración. El “angst” eternamente adolescente disparado desde la furia de las guitarras eléctricas. 




Y eso es todo lo que Juan de Pablos nos transmitió, eso es todo lo que nos enseñó… y ahora, ¿quién va a programar todas esas canciones?  




Huérfanos de emociones nos sentimos como el protagonista de “17 años”, uno de los muchos pildorazos de Los Vegetales, banda totémica en el universo de “Flor de Pasión” y otra de las tantas que hemos descubierto gracias a Juan, y exclamamos: “¡qué alguien me ayude por favor!”   






Fuengirola Pop Weekend, 2016.





Esto es una despedida del Juan de Pablos radiofónico, el de la voz quebrada que quitaba la esponja del micrófono cada noche (el “preservativo”) para entrar “a pelo” en el alma del oyente. Afortunadamente Juan sigue vivo y coleando batallando en la montaña rusa emocional a la que está sujeto cualquier individuo con un mínimo de sensibilidad. Esto quiere decir, así lo deseo y firmemente creo, que tenemos Juan de Pablos para rato,  descoyuntándose de manera espasmódica en las primeras filas de conciertos, en las cabinas de pinchadiscos, quien sabe incluso si retomando su breve pero jugosa y disparatada carrera cinematográfica y televisiva… pero la despedida de “Flor de Pasión” es definitiva, y como tal es triste y supone nudo en la garganta. Una despedida es tan difícil como cerrar un texto. Por eso el hombre ha creado las canciones, capaces de llegar donde la desnuda palabra naufraga. Las canciones visten esas palabras y convierten el llanto en danza, el funeral en orgía, y así, la única manera de posible de terminar esto es cantando…  



Cerco l’estate tutto l’anno

e all’improvviso eccola qua.

Lei è partita per le spiagge

e sono solo quassù in città,

sento fischiare sopra i tetti

un aeroplano che se ne va.

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.

Sembra quand’ero all’oratorio,

con tanto sole, tanti anni fa.

Quelle domeniche da solo

in un cortile, a passeggiar…

ora mi annoio più di allora,

neanche un prete per chiacchierar…

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.

Cerco un po’ d’Africa in giardino,

tra l’oleandro e il baobab,

come facevo da bambino,

ma qui c’è gente, non si può più,

stanno innaffiando le tue rose,

non c’è il leone, chissà dov’è…

Azzurro,

il pomeriggio è troppo azzurro

e lungo per me.

Mi accorgo

di non avere più risorse

senza di te,

e allora

io quasi quasi prendo il treno

e vengo, vengo da te,

ma il treno dei desideri

nei miei pensieri all’incontrario va.
 







sábado, 29 de diciembre de 2018

METÁSTASIS DE POETA, SOLILOQUIO DE ANFETAMINA





"Forgotten Sunglasses" (Vladimir Kush)





Estaba yo entregado en aquella madrugada perenne, puesto que había bajado al pozo de mi alma para convertirme en poema y hablar a la humanidad desde aquel estado de celosía gubernamental, cincelando con amor al prójimo y a mi mismo y a mi esperma, tallando con brío cada palabra y cada pensamiento como sólo el poeta cadáver hecho pensamiento y manojo de nervios es capaz de hacer...

...era mi deber todo ello como guardián de la palabra y la religión de los locos...

...el sol metafísico, troquel de algún sobrino con escamas y Pegamoides se sentaba en mi regazo pidiendo perdón y consuelo, cuando de repente se posó en el alfeizar de la ventana el Cerangután, un animal mitológico del Bierzo mitad carámbano mitad rayo de sol y nitrato y me habló, aquella criatura altiva disparando a mis ojos veneno y verdad no sin yo antes decirle:

-Hete tú que existes.

-Existo, es cierto, en árbol y ciervo. Y es por eso que he venido para coronarte, ¡oh tú!, rey de las inmundicias, como el legítimo Poeta del Estiércol. Y es por eso que te traigo una corona de clavos y clavicordios y una joroba de espantos, porque sólo tú, ¡oh tú!, Pepe Kubrick, eres el auténtico heredero de la miseria y los anteojos pisoteados... y esta es tu misión, proseguir en la pobreza de los dientes de leche, tú que sólo eres un rayo melancólico que purpurea en noches de luna lefa y tu falo es el radar que orienta a los habitantes de planetas sucedáneos tales como Chiquilla y Abundancia.


Ante aquella catarata de responsabilidades manicúeras y versos podridos me desmayé recitando un poco de krausismo y alguna letra de Isabel Pantoja, todo ello embadurnado de bilis de rinoceronte.

Posteriormente el Cerangután desapareció, eso sí, habiendo dejado claro que la ortodoncia y la defunción existen.

Y este fue el relato que mi hada madrina, la locura, dejó debajo de mi almohada aquella noche fetén de arco iris y meteoritos...

Salud y ambrosía.