miércoles, 12 de junio de 2013

GRECIA SE QUEDA SIN VOZ




Sin voz, sin ojos, sin oídos… como los tres monos místicos de la cultura japonesa. Oír, ver y callar. Sumisión a un sistema cada vez más voraz y con armas más afiladas. La voz del pueblo, silenciada. El ojo público, arrancado. 

Tres mil trabajadores despedidos y en la calle es el último sacrificio exigido por la troika a un pueblo al que, como al nuestro, le seguirán mintiendo con el infame mantra de que han vivido por encima de sus posibilidades. No hubo aviso previo. Ni siquiera votación parlamentaria. Tan sólo un decreto ley de urgencia para que el pueblo siga alimentando a los amos del cortijo. Ni en las peores épocas del feudalismo. Europa y su regresiva espiral de autodestrucción. El sueño húmedo de las elites más cruentas parece cada vez más próximo. La desaparición de cualquier tipo de soberanía nacional. De cualquier orgullo e identidad en los pueblos. La extinción de los estados y con ellos, sus servicios públicos. Todo el globo terráqueo convertido en un inmenso tablero de Monopoly para comprar, vender y especular a gusto. 

Fundada en 1938, la ERT (Elliniki Radiofonía Tilerasi), sólo vio interrumpida su actividad durante la ocupación nazi. Ni siquiera claudicó ante la conocida como “Dictadura de los Coroneles” durante las décadas de los 60 y 70 (el régimen creó su propia emisora, la YENED, posteriormente absorbida por el ente público y rebautizada como ERT-2) Ahora, una nueva dictadura, la del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europa, esa troika salvaje que nos está dejando sin sangre a los ciudadanos del continente para después sin el menor pudor redactar vergonzosos informes afirmando “perdón por las molestias amigos, nos equivocamos en las previsiones”, finaliza con 75 años de radiotelevisión griega al servicio de su pueblo. 

martes, 11 de junio de 2013

AMOR Y ODIO


Harry Powell, inspiración atlética.



Algunos de ustedes ya lo saben. He abrazado una nueva religión. Quizás estén imaginando algo parecido a una secta satánica con vírgenes vestales, sacerdotisas de senos sinuosos únicamente vestidas con capas escarlata, y enormes y negros rottweilers. Lamento desilusionarles. Se trata de algo mucho más prosaico, pero cargado de fervor religioso igualmente. Me estoy refiriendo a la religión del “running”. 

Dicen que es una moda, aunque yo creo que el hombre siempre ha corrido, de igual modo que también se ha corrido. Es cierto que no paro de ver gente corriendo, pero también es cierto que ahora me fijo más que antes y los veo como correligionarios (estupendo vocablo, y proclive al juego de palabras para este caso, “corre”, “legionario”) Es posible incluso que tanta gente practicando este saludable hábito obedezca a la necesidad y la supervivencia debido al suicida estilo de vida occidental que todos hemos abrazado. Un ritmo de vida bestial en el que nos obsesionamos tanto con exprimir el tiempo que al final somos incapaces disfrutar del mismo, lo que viene a ser lo mismo que ser incapaces de disfrutar de la vida. De hecho en mi caso particular fueron una serie de problemas relacionados con esas cosas de la ansiedad, el estrés, la hiperactividad, la angustia y como no, eso que llaman “mala vida” lo que me empujaron a decidirme a quemar adrenalina de este modo tan natural. Por tanto tuve que tragarme muchas de mis convicciones, como la de que “correr es de cobardes” o la de que “que corra el balón” para calzarme las mallas (y consecuentemente marcar paquete) y echar a correr. Fue recuperar aquellos años colegiales en los que fui corredor de fondo, medio fondo y cross. Esas madrugadas en las que sonaba el despertador a las seis de la mañana en pleno invierno berciano para subir por piernas al Pantano de Bárcena mientras mi entrenador se quedaba levantando pesas en el gimnasio con su pandilla. Pero las cosas son muy distintas ahora, y esa magia ochentera (primeras pajas, cassetes de doble pletina, etc) han dado paso a la gris madurez de los cuarenta años, con unos pulmones castigados por dos décadas de nicotina y unas piernas que si responden es gracias al entrenamiento a las que las han sometido las animosas noches bailando “northern soul”. 

Hubo que desengrasar la oxidada maquinaria, y poco a poco fueron cayendo los kilómetros. De modo que a día de hoy soy capaz de pasar de los diez mil metros con relativa facilidad y mantenerme durante una hora seguida corriendo. No está mal teniendo en cuenta mi más reciente pasado. Evidentemente sesenta minutos corriendo y sudando en soledad dan para mucho. Es un fantástico ejercicio de introspección y conocimiento de uno mismo, quien logra por momentos aislarse de todo lo que le rodea. Desgraciadamente no es fácil lograrlo por completo, y menos en una ciudad como Madrid, donde por mucho que te empeñes en buscar espacios verdes, parques, o calles poco concurridas, te acabas encontrando con infinidad de “enemigos” que por un lado dificultan lo que para el practicante ha de ser tanto un ejercicio físico como mental, pero por otro pueden incluso servir de estimulante y acicate. Así es como he llegado a la conclusión de que mis dos grandes motores a la hora de correr son, cual moderno Harry Powell de nudillos tatuados, el AMOR y el ODIO. En definitiva los grandes impulsos que han movido a la humanidad desde que el hombre es hombre y Bibi Andersen mujer. 

Y sí amigos, siento AMOR. Amor por el viento que golpea mi cara. Por los rayos de sol que acaricia mi cuerpo. Por el cielo que me sirve de techo. Amor por la naturaleza que me rodea. Por los árboles que saludan mi paso. Amor por la vida. Por el cielo azul. Por la salud. Por el regalo de la vida y por esos minutos de total libertad. Amor por todas las criaturas, grandes y pequeñas. Amor por cada gota de sudor que surca mi piel, expulsando los venenos a los que nos sometemos a diario. Amor por la magnífica, grandiosa, inabarcable e infinita comunión entre el hombre y la tierra. 

Pero ese AMOR pronto se torna en ODIO. Odio por los coches y su frenético devenir que destrozan la natural comunión antropológica. Odio por sus estúpidos conductores que necesitan el vehículo para ir de Arturo Soria a Chamartín mientras engordan su maldito culo. Y entonces recuerdo al inolvidable Profesor Avenarius que Milan Kundera creó en “La Inmortalidad”, y su cruzada contra los automóviles, a los que acusaba de destrozar la belleza arquitectónica de las ciudades. ¡Cuánta razón amigo Avenarius!, no en vano fuiste creado bajo la inspiración de Richard Avenarius, padre del empirocriticismo. Y es que el bueno de Kundera siempre fue un filósofo disfrazado de novelista, o un novelista con vocación filosófica, lo mismo es. El caso es que ese pensamiento me llena de alegría, y recuerdo el descubrimiento que supuso para mí leer “La Inmortalidad”, y de inmediato me vuelvo a sentir henchido de AMOR. Amor por la literatura, por las novelas, grandes y pequeñas, por el verbo y la palabra. Amor por el arte que enriquece el espíritu. Por la creación intelectual. Por la música pop. Por el cine. Por los comics. Por todo lo bueno que es capaz de salir de las manos y las mentes de los seres humanos. Y amo por consiguiente a mis semejantes y a la especie humana a la que pertenezco. Pero luego pienso que esas mismas manos son las que fabrican armas, bombas, y como no, coches. Coches horribles para horteras orgullosos. Coches veloces para bacaladeros de mandíbula apretada y rechinar de dientes. Y pienso que esas mismas mentes son las que crean spots televisivos de San Miguel o canciones de David Bustamante, y entonces vuelve el ODIO, con mayor fuerza que antes, que se acrecienta cuando me enfrento a algunos congéneres a la vez que corro. Y odio a ese cartero despreocupado que casi me arrolla con su carrito por caminar despreocupado comiendo pipas y dejando las calles llenas de suciedad. Y odio también al niñato gilipollas que en un barrio rico se las da de rebelde consumiendo su tiempo entre porros y litronas de cerveza. Y odio, y a estos por encima de los demás, a los figurines trajeados que lucen gomina cuando salen de los inmensos edificios de sus grandes empresas para fumar y contaminar ese aire puro que yo trato de disfrutar. Odio sus trajes, sus corbatas, sus trabajos, y todo lo que representan. Porque en ellos está lo peor de nuestra sociedad. En ellos está esta NO filosofía de vida, esta NO vida, este NO tiempo. En ellos está el materialismo, el consumo desaforado, y el sentido de la vida en base a la acumulación de riqueza. Apóstoles del “tanto tienes tanto vales”, han asesinado sin piedad el regalo de la vida como experiencia de conocimiento entre el ser humano y su natural entorno. Han destruido toda esperanza de riqueza del tiempo con un ritmo de vida infernal y toda belleza vital con un mundo cada vez más tecnológico, artificial y esclavizado. Malditos. Y sigo corriendo y odiando, tropezando y esquivando cuerpos de congéneres, muchos de ellos, seguro, muertos por dentro. Y surgen de repente las madres empujando amenazantes coches de bebes a mi paso y mi tentador primer impulso vuelve a ser el del ODIO, pero de inmediato reflexiono. Una madre y su hijo. Pocas imágenes tan poderosas para explicar al mismo tiempo la grandeza y la simpleza de la vida. Y aparecen los ancianos de renqueante paso que entorpecen mi camino, y también amenaza el primitivo deseo del ODIO, pero de nuevo reflexiono. Y pienso, y comprendo, y respeto, esa sublime ancianidad plena de sabiduría del ser humano. Y cuando veo esos ancianos en pareja la emoción se acrecienta y casi deja asomar el llanto. Los imagino toda la vida juntos, compartiendo alegrías y desdichas por igual apoyados el uno en el otro, intentando derribar la realidad existencialista y solitaria del ser humano y tratando de ser un mismo ente y no dos. Y me enternezco tanto cuando veo y pienso todo ello que lo único que siento es AMOR. Amor de nuevo por la vida, por las mujeres, por los hombres, por los amigos, por los compañeros. Amor por mi pareja. Amor por la posibilidad de vivir una vida juntos. 

Y así continúo balanceándome entre el AMOR y el ODIO como el Asombroso Spider-Man se balancea entre los edificios de la ciudad de Nueva York, y cuando me doy cuenta ya llevo corridos diez kilómetros.  

Y este, amigos, es el verdadero motor de mi pasión por el “running” y mi auténtico impulso a la hora de correr, y no, como algunos habíais pensado, llevar a Chiquetete en el ipod. 



viernes, 7 de junio de 2013

EL EYACULADOR DE CANASTAS


Hoy hacemos "trampa". Traigo aquí un texto de mi última entrada en mi otro blog. El Eyaculador de Palabras nació como un rincón mucho más personal, pero hoy tocaba mirar hacia dentro y hacer introspección. El blog del Tirador Melancólico cumple dos añitos. Déjenle que se pegue un buen revolcón con su blog hermano.  


Hoy cumplimos dos años en la red. De nuestro estado de salud debieran opinar los lectores (si es que existen, más allá del irreductible Marcos de Gijón al que enviamos un fuerte abrazo por su incondicional apoyo) Lo único cierto es que aquí seguimos, escribiendo sobre nuestro deporte favorito y procurando tener una actividad más o menos continuada.

Si hablamos de cifras, éstas hablan de 301 entradas publicadas y más de 40000 vistas. Creo que no está mal. Nuestro texto sobre Steve Nash sigue siendo el favorito de los lectores, y es el único que ha superado las mil vistas. 

Ahora un poco de autocrítica y exhibicionismo impúdico. Creo que en este segundo año el nivel del blog ha bajado, sobre todo en cuanto a la calidad de los textos se refiere. ¿Razones? He de sacar al aire una intimidad. No es fácil de explicar, pero digamos que en los últimos meses mi vida ha cambiado. Supongo que toda la vida es una constante transformación y el paso de los años consiste en enfrentarse a dichos cambios y saber adaptarte a las nuevas situaciones. A día de hoy sigo sin saber exactamente que me ha sucedido, pero hace meses las cosas empezaron a ir mal. No me resulta sencillo poder describirlo. Por mucho que piense que puedo manejar la palabra con cierta destreza, sigo siendo incapaz de encontrar la manera de definir sensaciones y sentimientos que nunca antes había padecido, o al menos diría que no me había percatado de ello. Pasé ratos realmente infernales, y tras consultas médicas de todo tipo y sin todavía poder tener un diagnóstico claro han encauzado mis problemas a eso que llaman “ansiedad”. Nunca pensé que pudiera sucederme algo así, el caso es que hubo momentos en los que la simple existencia se convertía en una especie de tortura, como si fuera incapaz siquiera de poder vivir conmigo mismo. No me soportaba. Sentía claustrofobia de mi propia piel. Aquello me afectaba tanto que había días en los que era incapaz de sentarme a escribir durante quince minutos seguidos, ya que enseguida sentía un maldito relámpago que me partía el alma por la mitad. Un desesperante ahogo para el que no conocía solución, simplemente tenía que dejar de escribir, salir a la calle, respirar… y aprender a vivir con esto. 

Se imponía entonces un cambio de vida, de hábitos, y de modos. Tuve que cuidar el sueño. La NBA, por lo tanto, en cierta manera restringida (por eso esta temporada hemos escrito mucho más sobre ACB y Europa que sobre la liga profesional estadounidense), realmente sólo me dediqué a seguir a los  Minnesota Timberwolves, porque sigo viendo este deporte como un ejercicio de magia e ilusionismo y no concibo mago más supremo hoy día que Ricky Rubio. Cambios en la alimentación, vida sana, largos paseos, y últimamente “running”. De mis timoratas carreras iniciales a poder meterme una decena de kilómetros de una sentada y sin apenas sentirme especialmente castigado. Adiós al tabaco, a la cafeína, a mi litro de Coca-Cola diario. Adiós a estimulantes de todo tipo y habituales compañeros de viaje que siempre estaban ahí cuando el fin de semana comenzaba a asomar. A partir de ahí el blog tuvo ciertas dificultades de encontrar hueco en mi rutina, y prácticamente ha tenido que conformarse con ser alimentado en los ratos libres que me deja el trabajo, en la oficina donde a fuerza debo pasar ocho horas al día. Y en ese contexto la literatura se resiente. 

Por si fuera poco, y buscando en parte ahuyentar algunos de mis fantasmas, tanto como apoyarme en la escritura más allá de las limitaciones de este deporte, puse en marcha otro blog. Un lugar donde recopilar viejos textos y parir nuevos pensamientos. Pero El Tirador sigue su camino. Por muchos problemas a los que nos tengamos que enfrentar y pese al decaimiento habitual que sacude tu conciencia cuando arbitras el valor de tu tiempo. Es entonces cuando te preguntas si esto merece la pena o no (si pienso, por ejemplo, que esas más de 300 entradas publicadas darían sin duda para haber escrito un libro… otra cosa es que hubiera encontrado interés por ser publicado). Y mi respuesta es que amo el baloncesto tanto como para que sea un sí. Y escribir sobre este deporte me sigue permitiendo estar más cerca de él y disfrutarlo. Me obliga a estar al corriente de su actualidad, y me procura placeres como poder sumergirme en historias, biografías, anécdotas o vivencias de este deporte que posiblemente si no fuera por el blog dejaría pasar por alto. En definitiva, este espacio virtual sigue teniendo sentido porque el baloncesto sigue teniendo sentido. Me sigue haciendo feliz el pasado, presente y futuro de este deporte. Y ahí aparecen motivos de sobra. Las finales de la NBA comenzadas esta pasada madrugada, nuestras finales de Liga Endesa, y a medio plazo ya vislumbramos el ilusionante Europeo de Eslovenia donde acudimos a defender nada menos que dos oros consecutivos con la ausencia de nuestro gran líder Pau Gasol. Y esta sigue siendo la gran noticia. El juego sigue, y con él la vida.   

La casualidad (ya que no fue premeditado) quiso que aquel 7 de Junio en el que decidí que el Tirador echase a andar fuese el decimoctavo aniversario de la muerte del gran Drazen Petrovic, el Mozart de las canchas de juego. Se cumplen hoy por tanto dos décadas sin el halo genial del quizás mayor talento ofensivo europeo que ha dado este deporte. La historia ya es conocida pero no por ello no ha de ser recordada una vez más. El 6 de Junio de 1993 Drazen jugaba en la localidad polaca de Wroclaw un partido clasificatorio para el Europeo de Alemania de ese mismo año con su selección croata, la misma a la que había llevado al subcampeonato olímpico un año antes en Barcelona (lo cual equivalía casi a ganar el oro, dada la sideral distancia que establecía el llamado Dream Team USA sobre el resto de selecciones) En su línea, el escolta croata alcanzó la treintena de puntos. Sus últimos treinta puntos. Aquella noche Drazen no cogería el avión de vuelta a Croacia con sus compañeros. Aprovechando que disponía de unos días de asueto quiso disfrutarlos en compañía de su romance por aquel entonces, una modelo alemana llamada Klara Szalantzy (actualmente esposa del ex –futbolista Oliver Bierhoff), cuyo nombre quedaría para siempre ligado a la tragedia. Klara y Drazen, acompañados de la jugadora turca Hilal Edebal emprendieron un viaje en automóvil por las carreteras europeas. Pasadas las cinco de la tarde del 7 de Junio circulaban por la autopista de Deggendorf, cerca de Munich. Drazen dormía mientras Klara llevaba el volante. Un camión se cruzó frontalmente en su camino y cambió la historia del baloncesto para siempre. Murió el hombre, nació la leyenda. Tenía 28 años y venía de promediar 22,3 puntos en la mejor liga del baloncesto del mundo vistiendo la camiseta de los New Jersey Nets. Sus números adquieren mayor relevancia cuando se comprueba que eran logrados con un 52% en tiros de campo. Una barbaridad para un base-escolta acostumbrado a jugar (y tirar) lejos del aro. Su 45% en triples, simplemente inhumano. A donde hubiera podido llegar el Petrovic de sus 29, 30, 31 o 32 años, las mejores edades para un baloncestista entra ya en el terreno de la cábala y la conjetura. 


Inevitablemente cada aniversario del blog del Tirador no puede sino ir acompañado de un recuerdo hacia la figura del jugador que como dijo LeBron James preguntado sobre quien había sido el mejor baloncestista europeo de la historia, “nunca tenía miedo”. Brindemos por los genios.    



viernes, 31 de mayo de 2013

TRAVESURAS


Cuando uno es pobre y proviene de familia humilde, sin grandes estipendios ni lujos ni posibilidad de disponer de rumbosos juguetes o videojuegos, encuentra en su imaginación el mayor aliado contra el aburrimiento. Así es como surge la adicción que algunos sufrimos por los juegos de palabras. La necesidad de mantener la mente ocupada. Nunca me había decidido a recopilar los que he ido pariendo... este puede ser un momento tan bueno como otro cualquiera... aquí va una pequeña selección.  







“La española, cuando obesa, es obesa de verdad”

“No por mucho madrugar, se amanece más trempado”

“Más vale pájaro hermano que ciervo cuñado” 

“Quien hace incesto, hace ciento”

“Esteta que la mano no cubre, no es esteta, si no Kubrick”

“Se comenta que Satanás es 60’s. Dicen que va de retro” 

“Una oujia puede permitirte contactar con Marilyn Monroe. Claro que también puede hacerlo con Adolf Hitler. En el segundo caso sería una ouija de puta”.

“Sólo juego al padel el 19 de Marzo. Por eso lo llaman el Día del Padel”

“En Méjico a los practicantes de karate los llaman karaztecas”

“Croacia es el país con mayor cantidad de ranas”

“¿Quién es más guapo?, ¿Peter O’Toole?”

“Una de las novias del Che Guevara quedó para siempre inmortalizada en un famoso busto del arte íbero. Es la conocida como Dama de El Che”

“El busto es mío”

“A sus pechos me remito”

“Las películas pornográficas suelen estar basadas en pechos reales”

“Las Papá Levante se casan con Mamá Ladilla” 

“Lo peor de las historias de Tarzán, es que se andan demasiado por las ramas”

“San Isidro Labrador, poco mordedor”

“Esto no hay quien lo Michael Pare”

“Donde las Georgia Dann las toman”

“Donde fueres haz lo que en Mieres”

“¿Asturias o trabajas?” 

miércoles, 29 de mayo de 2013

CHAIN GANG


“All day long they work so hard, till the sun is going down.
Workin’ on the highways and byways and wearing, wearing a frown”
(Sam Cooke, “Chain Gang”) 



Voy a ver a mi novia... voy al Misisipi...    



La historia de los trabajos forzados es prácticamente tan vieja como la del mismo hombre. ¿Qué hacer con esos cuerpos vivos de enemigos, prisioneros, o delincuentes?, bien, quizás puedan hacernos algún servicio. Ya que vamos a tener que mantener con vida a esos tipos, dotémosles de un pico y una pala y que se pongan a cavar zanjas o hacer carreteras.   

La noticia de que la Comunidad de Madrid ha aprobado una medida según la cual los ayuntamientos que así lo deseen puedan obligar a parados que actualmente cobran prestación o subsidio por desempleo a realizar lo que han llamado “trabajos temporales de colaboración social” parece, en efecto, un guiño a la filosofía de los trabajos forzados. Tenemos una serie de señores parados que están cobrando un dinero. Démosles pico y pala.  

Como me conozco el percal ya sé lo que pueden estar pensando algunos, esos a los que todo les parece bien y con tal de no verse unidos a ningún clamor “indignado”, así nos la sigan metiendo bien adentro. Hablarán de demagogia, claro, y de que este país que ha vivido por encima de sus posibilidades (en todo caso deberíamos decir que hay una elite viviendo por encima de nuestras posibilidades) no puede permitirse el lujo de tener a unos cuantos señores cobrando del estado (“Papá estado” como dicen muchos, en un intento de infantilizar el asunto, como si no fuera de justicia que un estado que se considerase como tal atendiese las demandas del global de su ciudadanía y no de los pocos que, estos sí, son los que viven por encima de nuestras posibilidades y sacrificio) Veamos por tanto las trampas que encierra el asunto. No son pocas. 

Para empezar hay que recordar que tanto la prestación como el subsidio por desempleo son un derecho legítimamente ganado por el trabajador (“por un derecho más que pierdan estos pringados” estarán riendo desde arriba, mientras siguen escupiendo y decimos que llueve), un trabajador que cuando ha estado en activo ha cotizado a la Seguridad Social viendo como parte de su sueldo iba destinado a tal efecto. Es decir, no haces sino recibir parte de lo que has dado. En este sentido conviene recordar, para que a nadie se le olvide, como las dos infames últimas reformas laborales (Zapatero en 2010 y Rajoy en 2012) han ido rebajando considerablemente las pequeñas facilidades con las que contábamos la clase obrera, con datos tan salvajes como que hemos pasado de percibir 45 días de indemnización por año trabajado en los casos de despido procedente a 20 días en, repetimos, tan sólo dos años. Un tijeretazo de más del 50%. Así de radicales se muestran estos filibusteros.  

Por lo tanto, que quede claro que estamos hablando de un derecho, al que por desgracia hoy día una gran parte de nuestra población no puede acceder. Y esa es laa cara más amarga del drama, los desempleados que ni tienen trabajo ni ningún tipo de ingresos. Sigamos viéndole las vergonzosas costuras al maldito plan pergeñado por la infame Ana Isabel Mariño (consejera de Empleo, Turismo y, ejem, Cultura de la Comunidad de Madrid, y desde ya enemiga pública de cualquiera que tenga un mínimo de orgullo y decencia) al amparo de su equipo de gobierno autonómico, con el cachorro de la lideresa Aguirre, el incansable viajero y amante de los áticos de lujo Ignacio González, al frente de todo ello. Uno de los aspectos más aberrantes de la nueva medida es la constatación de que el plan es urdido con la nauseabunda intención de bajar las cifras del paro en Madrid falseando los datos. En este sentido recomiendo asomarse al audio de la entrevista de esta mañana a dicha sujeto en la Cadena Ser (yo les transcribo): 

-Entonces, ¿la persona que comienza a trabajar en “el trabajo de colaboración social” sale o no sale de las listas del paro a nivel estadístico?

-Sí, claro, por supuesto.

-O sea, no es un parado oficialmente.

-Es un parado que está en las listas…

-Es un parado que está en las listas, es decir, continua, a nivel estadístico sigue siendo un parado, ¿verdad?

-Eh… a nivel estadístico es una persona que cobra prestación. 

-¿Es un parado o no?, es decir, ¿suma en esa lista que nos dan ustedes a final de mes o a principios de cada mes? 

-En el momento en que… no, no… ¡no no!, en el momento en que este parado se incorpora a este trabajo desaparece de la lista. 


Tremendo, ¿verdad? Este es el nivel que manejamos. Bajar el número de parados poniendo a trabajar en sus ayuntamientos a desempleados que legítimamente estaba cobrando su prestación, y que en ningún momento van a ser dados de alta ni firmar ningún contrato. Trabajos forzados, más claro agua. Pero la cosa arroja más artimañas. Como sabrán, en muchos ayuntamientos ha habido despidos masivos y EREs por doquier. Bien, podría darse por tanto el caso de que un determinado trabajador, dentro de lo que en estas instituciones se conoce como “personal laboral” (es decir, no funcionarios, si no mano de obra pura y dura), que haya sido despedido hace semanas o meses y ahora legítimamente (repetimos, legítimamente) esté cobrando una prestación, podría verse de nuevo trabajando en dicho ayuntamiento sin tener ningún contrato ni derecho ni cotización a la Seguridad Social. Simplemente recibiendo la misma cantidad que ya cobraba, más un pequeño plus (sólo faltaba), por esas ocho horas al día en el mismo sitio donde fue despedido, mientras puede aprovechar la noche para buscar un trabajo y un contrato de verdad, no unos trabajos forzados.   

De modo que amigos madrileños, si están ustedes cobrando la prestación o el subsidio por desempleo, vayan preparándose para cuidar nuestros jardines o arreglar nuestro alcantarillado. Eso sí, al menos no será necesario que lleven el consabido traje a rayas. Mientras tanto y milagrosamente veremos como desciende el número de parados, a la vez que misteriosamente no se firman más contratos ni hay más altas en la Seguridad Social ni disminuye el número de desempleados sin ingresos (al contrario, muy posiblemente y por desgracia, seguirá aumentando) 

Todo esto dentro de este clima de talibanismo reaccionario ultracatólico y conservador que nos hace remitirnos a lo sucedido el año pasado en Hungría y la imposición de su nueva constitución. Estamos retrocediendo peligrosamente, tan peligrosamente que algunos cerebros tampoco parecen capaces de evolucionar, y esto si que me aterra de verdad. Que seguiremos dominados por canallas a los que muchos no sólo no se atreven a hacerles frente, si no que aplauden sus malditas ocurrencias. 


A veces, más que palabras dan ganas de comenzar a eyacular fuego.  

viernes, 24 de mayo de 2013

AMOR DE MADRE





Hoy cumple la Lola 73 años. Ya les he hablado en alguna ocasión por aquí de ella. Los cumple a casi 400 kms de distancia de este humilde bandarra escribano que no puede ni abrazarla ni colmarla de besos, de 73 millones de besos que le daría. Ni siquiera un retrato digital que tan de moda están para felicitarla por alguna red social tengo a mano, tan sólo el teléfono y las palabras. Palabras que nunca leerá. Qué sabe ella de estas cosas del internet, la tecnología, y los ordenadores, cuando su vida fue siempre trabajar de sol a sol, y sin quejarse nunca. Y pienso lo privilegiado que soy de poder trabajar simplemente 40 horas a la semana y tener dos días libres. Lola nunca tuvo eso. Y tanto trabajar, Lola, para que ahora nos digan que no hay dinero, que no hay dinero para tu jubilación, ni para tus medicinas, ni para atender a tu marido dependiente. Que no hay dinero mientras se desvían cada año decenas de miles de millones de euros. Mientras ni un corrupto da con sus malditos huesos de ponzoña en la cárcel. Mientras los políticos y ex –políticos se emplean y pluriemplean, y emplean y puriemplean a familiares y amigos, como si descendiesen todos ellos del árbol genealógico del apellido Corleone. Mientras se rescatan bancos pero se cierran hospitales. Mientras se venden más Rolls Royce que nunca.  

Nos hemos acostumbrado a ser felices con tan poco, Lola, que se creen que aún pueden desangrarnos más. Porque no nos quejamos. Porque somos resignados. Porque la piedad cristiana que te inculcaron desde niña hace que le des gracias a la vida por lo bueno y por lo malo. Y es verdad, Lola, que somos felices con poco. Y es verdad que ellos son tan ricos que sólo tienen dinero. Pero cada vez que pienso en ti y pienso en ellos sé de que lado estoy, y de que lado quiero que esté el mundo en el que quiero vivir, y en el que debieran vivir los que vengan después de nosotros, cuando ya no estemos aquí y nuestras vidas hayan sido unas míseras gotas en un océano infinito de almas y sólo existamos en el recuerdo de quienes hemos querido.  

Sé que no te amargo el cumpleaños, Lola, porque sé que no leerás esto. Dios te guarde muchos años y que yo pueda disfrutar de la persona más sabia y fuerte que nunca he conocido. Nunca fue fácil soltarse de tu mano, por eso nunca dejé de hacerlo.   






“AMOR DE MADRE” GABINETE CALIGARI 

Cuando era enano me tomó
La mano y me la besó
Mi madre me enseñó
Primero a caminar
Solo, solito andarás
Y me hacia comer
Mirando un ascensor
Que había en el patio interior
Y a querernos los dos
Mi madre me enseñó

A no llorar en el colegio
Cuando ella no podía estar
A distinguir entre el aprecio
Que las personas me pudieran dar.

Mi madrecita me enseñó
A ver la vida como un señor
Y la cara de Dios
Mi madre me enseñó

Es amor de madre que me dio
Su estilo, su clase, su voz
Me decía que no
Te enamores jamás
De alguien que te pueda fallar
Y llevaba razón
Mi madre me enseñó

A resguardarme de la lluvia
Con un paraguas de verdad
A soportar todas las puyas
Que los malajes me quisieran dar.

Cuando era enano me otorgó
Su amor de madre, su corazón
Mi madre me enseño
A cantar con emoción
A no temer la maldición
Ni la cara de Dios
Ni la cara de Dios
Mi madre me enseñó

A querernos los dos. 

martes, 21 de mayo de 2013

EPÍLOGO


“Lo de que los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen” (Víctor Hugo, “Los Miserables”)  



La constante exaltación del Yo



Mourinho se va. Lo hace escribiendo su triste y último episodio en la final de Copa del Rey que sirve de perfecto epílogo a lo que ha significado su paso por los banquillos de nuestro fútbol y en concreto del Real Madrid que le ha pagado religiosamente la friolera de doce millones de euros netos al año, todo por ver engordadas sus vitrinas con una Copa del Rey, una Liga, y una Supercopa de España.    

Mourinho se va cumpliendo sobradamente las expectativas en torno a su mediático y excesivo personaje, superando ampliamente el ámbito futbolístico del que jamás debiera haber salido. De hecho podría decirse que el fútbol es el terreno en el que menos se ha movido. Hasta que punto él mismo ha sido el culpable de todo el ruido generado a su alrededor, o ha sido eso tan abstracto del “entorno”, es algo sobre lo que albergo la suposición de que todo el mundo maneja su propia opinión. No obstante la figura del personaje tratado en esta entrada es realmente suculenta a la hora de abordar ciertos temas podríamos decir casi sociológicos.

Para empezar asombra como una figura tan simple (y que no se me enfade su enorme e infatigable legión de admiradores) es capaz de generar tantas noticias, acaparar tanta atención, y recibir tantos focos. Hablamos, nadie lo olvide, de lo que no deja de ser un entrenador de fútbol, por mucha dimensión que se le quiera dar a un asunto que no tiene mayor trascendencia. No hablamos de ningún genio de las artes, ni de ningún científico que nos trae bajo el brazo el mayor descubrimiento de los últimos tiempos, ni de ningún filósofo o pensador revolucionario capaz de guiar a una humanidad desnortada. Ni siquiera hablamos de ningún maldito líder político. Sólo un entrenador de fútbol. Para ser más justos, un magnífico entrenador de fútbol, como atestigua su carrera y palmares.    

Cuesta entonces comprender como una figura reservada a un ámbito tan exclusivo y concreto, el de los campos de fútbol, se convierte en constante objeto de debate y personificación de diversas obsesiones, a favor y en contra, sin apenas término medio. Aquello donde Aristóteles nos advirtió que se alojaba la virtud, el equilibrio, no existe cuando el protagonista se llama José Mourinho. Quizás es que alguien que parece empeñado en tomarse la vida como un constante llamamiento a las armas no puede ser considerado de otra manera, pero si echamos una mirada sobre lo que algunos consideran una personalidad subyugante, vemos la facilidad de sus trampas y manipulaciones para convertirse en ese “special one” que proclamó a los cuatro vientos ser en uno de los más impúdicos actos de egocentrismo deportivo que podemos recordar, todo ello además en la mismísima tierra donde este juego nació, en principio bajo los valores deportivos y de caballerosidad en el país de los “sires”. 

La abyección del comportamiento de Mourinho parece indicar en un principio que nos encontramos ante un personaje acomplejado. Por ello necesita imperiosamente la necesidad de reivindicarse constantemente a si mismo. No es sólo satisfacer su inabarcable ego, si no también alimentar una autoestima que quizás no esté tan fortalecida como quiere demostrar ante el gran público. Ese mismo motivo le lleva a buscar en todo momento enemigos. Convertida la vida en un campo de batalla donde tener siempre alguien a quien enfrentarse, Mourinho esquiva así enfrentarse ante el espejo de su debilidad, es decir, encontrarse consigo mismo. De este modo, mientras reparte estopa a diestro y siniestro (rivales, compañeros, periodistas, jugadores, ex –jugadores, árbitros, calendario y hasta UNICEF si se pone por delante), el propio enfrentamiento consigo mismo con la lógica carga de autocrítica que ello supondría no llega nunca a tener lugar. La culpa siempre será de algún elemento externo. Este victimismo es absolutamente clave para comprender la influencia del personaje en sectores muy concretos de la población. El victimismo es un arma que manejada hábilmente granjea incontables adhesiones. En política se sabe bien. Y más concretamente en política nacionalista. Cierren las fronteras, atrinchérense alrededor del líder. Nadie nos quiere. Nos desean el mal. Es hora de levantar las armas y luchar. Premisas que sirven para comprender como a lo largo de la historia han sido numerosos los sujetos de inteligencia limitada que sin embargo a través de un grosero comportamiento e incendiario verbo han logrado tener enfervorizadas masas detrás suyo siguiendo sus consignas a pies juntillas sin la mínima capacidad de análisis. El líder victimista además de sugerir que todo sucede por una campaña orquestada en su contra y en la de los suyos se ofrece como único salvador posible y parapeto frente a todas las injusticias. Por ello es capaz de dar lecciones de, en este caso madridismo, aún a pesar de ser un recién llegado y de incluso haber trabajado para el eterno rival anteriormente.

En muchos sentidos podría resultar hasta comprensible la fascinación que es capaz de ejercer un personaje como José Mourinho. Se nos presenta como un gamberro dionisiaco cercano al Mr. Hyde que todos llevamos dentro. Un rebelde. Un inconformista. Un tipo que no le gusta respetar normas ni convenciones. Un ser puramente libre… el problema es que todos estos argumentos se vienen abajo cuando uno analiza seriamente la realidad del personaje. Y esta realidad nos habla de un millonario privilegiado que lo ha ganado todo y tiene la inmensa fortuna de poder vivir de lo que le gusta. Un entrenador caprichoso y consentido que rompe contratos a su conveniencia, un niño mimado al que le han dado todo lo que ha pedido, incluyendo la cabeza de alguno de esos enemigos que él mismo ha creado en bandeja de plata si era menester. Es entonces cuando a uno se le caen todos los argumentos y se da cuenta de que hay gente a la que no merece la pena reírles las gracias ni bailarles el agua, y decide guardar su admiración y respeto para quien de verdad lucha desde la adversidad, no desde la cúspide de la pirámide.  

Mourinho se va, finalmente, siendo fiel, y esto hay que reconocérselo, a su “modus operandi”. Una vez más no cumple su contrato y mantiene su media de tres o dos años en la misma empresa, esa a la que no tuvo reparos ni vergüenza en jurarle amor eterno y erigirse como el líder mesiánico que estaban esperando. Se va dejando tierra quemada sobre la que tardará en crecer la hierba, dejando señalados a algunos de los mejores profesionales que el Real Madrid ha tenido en mucho tiempo (Casillas, Ramos…) Vino haciendo ruido y se va a lomos de un trueno, autoexpulsándose en una final y faltando al respeto a la institución que en 1920 otorgó a la empresa que le ha pagado 12 millones de euros al año el nombre de Real. Manejando los presupuestos más altos jamás conocidos por este club y con la mayor libertad que jamás haya tenido un técnico, compaginando esa labor con la de general manager por primera vez en la historia del Real Madrid y como condición indispensable para no haber abandonado la nave blanca aún antes… todo ello para haber obtenido en tres años las mismas ligas que su odiado Valdano o que Schuster, las mismas copas del rey que Benito Floro o las mismas supercopas que Carlos Queiroz. En ese lugar de “leyenda blanca de los banquillos” se va a instalar la historia de José Mourinho en el Real Madrid, mal que le pese a su ejército de fanáticos, empeñados en manipular la tozuda realidad.    

Por encima de él permanece incólume el mandatario que permitió todo esta afrenta al sentido común, un Florentino Pérez cada vez más nocivo para el Real Madrid y para el fútbol en general… pero esa es otra historia.