sábado, 26 de abril de 2014

EMBRIAGUEZ


"El alcohol" (Hermel Orozco) 


Como podría ser
morir eternamente de tus labios
alcanzado por un rayo siniestro de tus pezones,
señora de la noche, dueña de mis días,
como podría ser,
morir envenenado escribiendo versos
y eyaculando poesía
y mierda intravenosa
y todo eso que no nos atrevemos a escribir
porque estudíamos en un colegio de curas.

Que tiempos,
la puta que los parió a los curas,
entre sus partidas de brisca y sus copas de orujo,
y como podría ser esa embriaguez,
dímelo,
cuando se confunden los sentidos
y eres la sinestesia de mi alma.

La puta que los parió a los curas...

sábado, 5 de abril de 2014

ESPERANZA, DEL OTRO LADO






Esperanza, señoritinga de mesa camilla, falange aristócrata de España, mujer de armas tomar y de tomar pastas con té a la inglesa hora de los toros. Lideresa de terciopelo, tigresa de forro polar ártico, acaricia suave el cambio de marchas rumbo a la vida loca, partidas de bridge solidarios, canapes empresarios y áticos en Marbella, que para eso están los amigos y los delfines.  

Esperanza, señora del credo, del credo en ella misma, la más liberal cuando toca, la más patriota cuando conviene, la más católica cuando debe. Esperanza, mujer sin tacha porque sin tacha es el espejo en el que se mira y se repite a si misma cada día que ella es una mujer sin tacha, perfecta, la más, siempre la más. Ella es la más liberal, pero también se aferra a la constitución y las leyes como una leona a sus crías, que nadie la toque. Ella es la menos corrupta, la más limpia, siempre la más, la que denunció el Gurtel, mientras presenciamos el desfile de sus amigos y colaboradores protagonistas de juícios y sumarios. Esperanza, dolor de muelas y grano en el culo de un PP con y contra el que se desvincula según sople el aire pero del que se proclama garante de sus viejos valores para que no quede duda de que el PP es ella, porque ella es lo y la más. Esperanza, liberal que denuncia el despilfarro público mientras ostenta el record absoluto en subvenciones del cine español regalando un mojón al simpático bribón de Garci, quien entre partidos de fútbol y combates de boxeo se codea con peperos en el poder y chupa del bote mientras el vulgo se irrita por los huevos de oro de Bardem (quien lleva diez años sin trabajar en película española alguna ni recibir dinero público alguno, y cuyas tres películas que ha producido han sido con dinero privado)  

Esperanza, taimada tahur, jugadora de poker, siempre gana, siempre engaña, siempre vende, siempre acierta. Blanco, negro o gris. Luzca el sol o llueva. Cuando se es Esperanza siempre se gana. Porque ser Esperanza no es ser liberal, ni católica, ni patriota, ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro. Esperanza es de ella misma. Esperanza respeta a la policia (no respeta a la policia, es quien más respeta a la policía), pero cuando comete una infracción, que mala suerte Esperanza, que la policía "low cost" de tu amiga/enemiga Botellla (en ese juego de tronos pepero de peluquerías y privatizaciones que os habéis montado), esa que trajo tu amigo/enémigo Gallardón de París, embelesado de la progresía de unos agentes de tráfico de bajo coste y sandwiches Rodilla dando vidilla a las calles, como en su día se embelesaron todos los alcaldes de las rotondas, y venga rotondas, y venga a dar vueltas y a marearnos, que el tráfico fluye y arquitectónicamente estamos haciendo un homenaje a la ley del eterno retorno nietzchiano, y de paso que mis amigos constructores se embolsen lo suyo, que era lo tuyo, pero es lo suyo, porque la ciudad es un tablero, pero no el tablero que decían La Mode en "El único juego en la ciudad", sino un tablero de Monopoly, Esperanza, jugadora con cartas marcadas, que mala suerte, Esperanza, que te han tocado unos agentes prepotentes y machistas.  

Esperanza, señoritinga de mesa camilla y culebrón de las cuatro, tras ese telediario dictado a conciencia, como se dicta la política de altura, para la que nació Esperanza, lideresa y tigresa esculpida cual Thatcher ibérica, añora cuando estaba al otro lado. Cuando no había un vuelo de una mosca que Esperanza no escuchase, cuando la ciudad, la comunidad, la patria, la constitución, la ley, la verdad, la razón, era suya (para compensar ahora tiene La Razón, que en mayúsculas pega más, y hace portadas de sindicalistas tomando cañas y chupando cabezas de gambas mientras defiende que Esperanza es Esperanza, ergo, nena no me toques que te vas a quemar) Y así Esperanza, sin cargo sin honor sin poder sin llamada a la alcaldesa (¿quién no ha llamado al alcalde para que le quite una multa alguna vez?, argumenta el lacayo Marhuenda, perro fiel instruído en las leyes del cortijo y la casta, en las de "aquí se hace lo que me sale de los huevos", aunque luego te vendan la moto de liberales, lo que te vendan son los ojos, porque la única libertad que conocen es la suya, la del nombre propio, Esperanza y etc y sus siglas podridas y políticos y sindicatos y cargos e iglesias y estados y gobiernos y comunidades y ayuntamientos y el monstruo que se devora a si mismo porque hemos vivido por encima de sus posibilidades y tenemos que morir por mantener sus posibilidades y el perro Marhuenda lacayo fiel ladra, y si hace falta muerde, ¡venga un sindicalista tomando una caña para la portada de mañana!), así Esperanza del otro lado, triste y sola como la Fonseca del cancionero tuno que tanto le recuerda a la España de pandereta y cara al sol que mamó y de la que mama, la de la nobleza aristocrática, la sangre azul y poetas falangistas, recurre a un "usted no sabe quien soy yo" del siglo XXI, con tourné por los medios de comunicación y exhibicionismo impúdico de "Yo soy Esperanza", y nos regala un batiburrillo valleinclanesco y berlangiano, ahora que no tenemos a estos maestros quienes mejor ilustrarían el reflejo esperpéntico de esta Esperanza triste y sola del otro lado, en el que se mezclan el machismo, la prepotencia, Bolinaga, Al Jazeera, el New York Times, y una partida de bridge solidario. Y Esperanza del otro lado nos regala un Madrid en el que a las cuatro de la tarde un jueves en Gran Vía no hay ni un alma, una ciudad fantasma, faulkneriana, y Esperanza se transforma en Sartoris y Valle Inclán en Faulkner, y todo es un "usted no sabe quien soy yo" porque todo es un nombre propio, y el nombre propio es Esperanza, pero del otro lado.    

Y esta es la naturaleza del mal faulkneriana, quien nunca imaginara un Madrid fantasma sin un alma en Gran Vía un jueves a las cuatro de la tarde. El juego, las reglas, el tablero. Para usted, don nadie, número, nombre en minúsculas, dato estadístico, cometer una infracción supone la caída del peso de la ley sobre sus espaldas, sea pagar una multa, verse retenido un minuto, una hora o un día, dormir en comisaría, o hacer servicios de jardinería para la comunidad. Para Esperanza, lideresa y tigresa de poncho, ponche y mesa camilla con el noticiario de la Cope, nombre en mayúsculas, entrada en los libros de historia, supone, así está escrito, una conspiración, una persecución, un linchamiento. Y todo porque Esperanza, triste y sola y desnuda de poder, ha caído del otro lado, del de los que pagan las multas, soportan retenciones, y achantan con los uniformes. Esperanza, anarco-liberal de día, ultra-católica patriota de noche, o viceversa (pues día y noche se mueven al antojo de ella, que para eso es nombre propio y mayúsculo y entrada en los libros de historia), se ve retenida en las leyes, prepotentes y machistas, esas leyes que tanto defiende pese a que se vende en los posters para sus fans como adalid del liberalismo. Esperanza, al final, vista del otro lado, reflejo esperpéntico que ya quisiera Valle Inclán antes de transformarse en Faulkner verbigracia de la lideresa hecha Coronel Sartoris, como cualquier hijo de vecino, patalea, grita, se rebela, insulta, chilla, berrea y se cisca en las leyes.  

Pues no eras para tanto, lideresa y tigresa, amazona de chiste y guerrillera de soflamas incendiarias. Tanto viaje para que como cantaban Los Brincos, "nadie te quiera ya", y es que del otro lado resulta que sí, que es verdad, que hay leyes, que se cumplen, y que no se vive por encima del bien y el mal.  

Pero tú eres Esperanza, por eso nadie te comprende, nadie entiende por lo que estás pasando, y aquí estamos, minúsculos arrebatos de desesperación agrietados, indignados, marginados, intentando descifrar el misterio que se esconde detrás de alguien que una vez estuvo por encima del bien y el mal, y finalmente es nada, una caricatura, una parodia de una España de pandereta y aristocracia de sangre azul y mierda en sus blancos calzones. Has caído del otro lado, pero no te metas en mi cloaca. La compañía de las ratas me resulta más gratificante que la tuya, Esperanza de mesa camilla, señoritinga de culebrón y transistor radiando El Angelus. Y esto es lo que nos queda a los miserables, siquiera defender nuestra cloaca, lideresa, tigresa, Thatcher de nuestra piel de toro.  

Usted entenderá...  

martes, 1 de abril de 2014

ELOGIO DE LA TAZA DEL WATER



Replica de los baños del mítico antro neoyorquino CBGB a mediados de los 70.


Oh tú, trono blanco y marmóreo,
Refugio de mi soledad impenitente,
Tú que acoges en tu seno los pecados de mi vientre
Y recibes el azote apestoso de mi culo. 

Yo te canto, te cago y te bendigo,
Sagrado agujero de mis recias posaderas
Donde tanto he descubierto y tantas páginas leído…

Sobre el frío de tu cuerpo tantas historias se parieron
Tantos borrachos vomitaron
Y tantos músicos compusieron
Sonoras pedorretas de excremento 

Hacia el infinito de agua y remolino
Parte mi almorrana ensangrentada
Empapada en Johnnie Walker, me fascino
Vista tanta mierda columpiada 

Yo te canto, te cago y te bendigo,
Con mi ojo del culo ante ti abierto,
Postradas mis nalgas cual amigo.

Trinchera en la batalla,
Reposo en el combate,
Abrazo dionisiaco… te canto, te cago y te bendigo. 

Tú que has asistido a tanta humanidad,
Por los siglos de los siglos,
Tú que has visto el fornicio indecoroso de la adolescencia lasciva,
La eyaculación del púber impaciente
O el vómito del drogadicto insaciable,
Tú que has visto culos como soles,
Culos fofos, culos recios,
Culos sosos, culos regios,
Culos vanos, culos bellos,
Culos sanos, culos necios... 

Taza luz de luna,

retrete democrático que iguala reyes con vasallos,
urna donde dejamos el voto diario de la desesperación
y de la diarrea melancólica...  

Nuestras vidas son los zurullos,

que van a dar a la taza,
que es el cagar...

Zurullos mastodónticos, 

excrementos demenciales, 
mierda elemental...

Sólo tú, taza del water,

retrete que es retrato de nuestras vidas y nuestros culos
posees nuestra intimidad
y acoges la caricia y la cagada dulce de la mierda
tanto de un Sabonis como de una colegiala menstruada.  

Cuánto te debemos,

tazón de sabiduría,
cementerio de la celulosa,
monumento a la cordura,
enemigo de la gordura.  

Porque vivir es ir cagando,

que decían los barrocos,
y cagando voy, cagando vengo
y en el retrete el chorizo sostengo.

Sólo tú, oh tú, taza del water,

ha sido capaz de recopilarnos tanta vida
y tanta historia con aroma de la humanidad.

Sobre ti se han unido los periódicos, 

los diarios deportivos,
la Lib del obrero,
el libro del bachiller,
los salmos del juglar,
y las cartas del enamorado.  

Retrete colosal, escritorio y biblioteca... 

Inclino suavemente mis dulces posaderas ante ti,
Te entrego el beso nalgar de los labios de mi culo...


...y te canto, te cago… y te bendigo.  

martes, 18 de marzo de 2014

LA BARRA DE PAN



Vinicius, el poder de los sábados.


Que curiosa es la vida cuando se padece de algún modo de este tipo de melancolías irreversibles. La existencia convertida en un "pathos" constante al cobijo del sol y sombra. La nostalgia suele sacudirnos para llevarnos a algún momento del pasado, la feliz infancia, la tumultuosa adolescencia, la rebelde juventud. Pero en otras ocasiones, cuando uno siente la vida tanto que le duele cada segundo que respira, es un reflejo inmediato de un pequeño y luminoso y momento que se fue para no volver pero ha quedado capturado en algún momento de tu memoria anímica para que la melancolia funcione, de nuevo, como certero transmisor de emociones que uno no puede explicar por muchas palabras que eyacule.  

Abrí la nevera y ahí estaba la barra de pan. Una barra de pan sin ninguna historia especial, pero si muy particular, la de mi propia particularidad, la de mi vida, la mi historia, la de mi sábado, la de mi cogorza, la de mi alma, la de mi amor.     

Había salido al mediodía con Ella, dimos un paseo por el parque y tomamos un vermouth que se prolongó en una sucesión de cañas, coños y coñas. Había que celebrar el final del Invierno y la amenaza certera de la Primavera abrazándonos con sus rayos de sol. Todo sábado de por sí es una filosofía de vida, pero un sábado soleado es ese lugar donde uno querría vivir por siempre con Ella. Habíamos bebido lo suficiente para que la vida en ese instante de sábado se hubiera convertido en una celebración, y paramos levemente, como libélulas que se posan en busca de un descanso, en un supermercado. Quería comprar una barra de pan.  

Cuando uno está borracho la vida funciona a otra velocidad. Te conviertes en un rey entre mendigos, un dios entre mortales. Compré una barra de pan y una botella de Aquarius para la resaca y una botella de bebida energética para recuperarme después de salir a correr. Los dos ejercicios vitales de mis 40 años, emborracharme y correr. Alcohol y sudor.  

Cuando uno está borracho el reloj corre a otra velocidad. O sea que paramos en otro bar. Coincidimos en que era un lugar horrible y que jamás volveríamos a entrar. Un local en efecto horrible y taurino coronado por dos gigantescas cabezas de miuras disecadas que nos miraban con una mezcla de tristeza y dignidad, como consecuentes con ese papel de dioses sacrificados que los humanos les han querido otorgar. Que estupidez la de los hombres que necesitan matar animales para tratar de darle alguna trascendencia a la vida. Y lo peor es que se lo creen, que esa estocada en la piel del noble bicho tiene un significado religioso y ancestral. Que esa sangre derramada dignifica ambas vidas, la de ejecutado y ejecutor. Hombres estupidos, religiosos, místicos, supersticiosos y taurinos. Hombres, posiblemente, sobrios.  

Cuando uno está borracho el sol brilla con otra intensidad. Por muy patético que resultase aquel templo de la barbarie medieval, yo era feliz. Estaba con Ella, era sábado, brillaba el sol, que entraba por la puerta abierta, y era sábado. Y que rápido pasa finalmente el sábado pero como se quedaría uno inmovil en ese instante de felicidad. Al fin y al cabo eran unas horas regaladas al margen del pánico de la vida laboral. La maravillosa rutina de los días sin rutina. La impagable sensación de perder el tiempo, de derrochar la vida.  

Y nos fuímos, volvimos a refugiarnos en El Zulo. La tarde metamorfoseaba en noche con esa impaciencia que sólo parece darse en los sábados. Ella dormió su bendita borrachera con esa beatitud de las niñas quebradizas. Yo tenía que preparar unos discos para la noche. Abrí otra cerveza, simplemente porque era sábado y había que seguir celebrando simplemente que era sábado. Vinicius de Moraes lo explicó en uno de sus poemas, "El día de la creación". Una serpiente surrealista conducida por un mantra que nos recuerda constantemente "porque hoy es sábado", confiriendo al sexto día de la semana omnipotencia nihilista. Como si el sábado tuviese la trascendencia de no tener trascendencia simplemente por ser sábado.  

Y llegó la noche, y la fiesta, y el ruído, y el rock'n'roll, y las brumas y nebulosas en nuestras mentes, pero el sábado ya había valido la pena por haber comprado la barra de pan con Ella.  

Y abrí la nevera, y ahí estaba la barra de pan. Pero ya era martes...  



PK, 18-03-2014.

viernes, 14 de marzo de 2014

EL NIÑO MOSCA EN EL JARDÍN DE LA CALÉNDULA


Los tiempos del "Hoo-ha!"


Los Imposibles cumplen 25 años. Un cuarto de siglo bañando el mundo de luminosos rayos de sol y melodías. Una carrera de fondo que les confirma ya como la más grande banda de ínfulas sixties que ha dado jamás este país (comenzando la cuenta a partir, claro esta, de esos propios años 60 de la “explosión”), una maratón de gigantes comandada por Paco Poza, francotirador pop de raza y talento que como un auténtico “outsider” sigue escribiendo canciones desde su trinchera sin mirar el calendario. Que menos que dedicar unas líneas a estos herederos de la mejor tradición del pop psicodélico, donde el simbolismo y el beat se funden en una música que va más allá para convertirse en un estado mental. 

Líneas escritas desde la ignominia de mi no comparecencia este sábado en la sala Sol en su concierto y fiesta de aniversario. Auténtica afrenta a mi condición de fan irredento de la banda, estigma convertido en compañero de viaje a partir de este momento y hasta el fin de mis días (que espero lejano), una lluvia de piedras sobre mi propio tejado que se ve así ultrajado por ninguna otra persona que este humilde eyaculador literario que os habla en negro sobre blanco. La decisión está tomada y es firme e irrevocable. Y por supuesto, tiene una explicación, la cual me veo en la obligación de exponer, aunque no era el tema hablar de mí mismo (ah, el ego del Eyaculador, más grande que todos los putanescos palacios de Silvio Berlusconi juntos) 

El disparate en que consiste mi vida siempre ha estado regido bajo los designios del caos, y no del cosmos. Una naturalaza enrevesadamente entrópica en la que eso que llaman “hiperactividad” tiene su cuota de culpa. El querer estar en todas partes, revestirte del poder de la ubicuidad y abarcarlo todo, noches sin fin, fiestas interminables, y eso que llaman la “vida total”. Desde hace un tiempo por tanto procuro luchar por mantener sano y saludable mi equilibrio mental, lo cual no es fácil. Uno de mis principios actuales es improvisar lo menos posible y cumplir los planes en el orden premeditado, tirar de rigurosa agenda, por mucho que sugestivas y tentadoras ideas sucesivas pudieran alumbrar mi camino. Es decir, si quedo para cenar con Soraya Saenz de Santamaría, aunque para esa misma noche me citase posteriormente Scarlett Johansson no cambiaría la cita inicial. 

Y alguien de una belleza, sapiencia, y calado intelectual a la altura de la citada Soraya es mi amigo Arcadio, quien cumple y celebra sus cuatro décadas de vida la misma noche de Los Idus de Marzo del 15 del presente mes. Arcadio es un personaje masculino singular y gran amigo, con quien me comprometí para acudir a su celebración hace ya meses, y además en la calidad de pinchadiscos, cosa que ya el sujeto intentó el pasado año pero no se llevó a cabo no recuerdo, la verdad, por cual razón. El caso es que habiendo dado mi palabra a mi buen y viejo amigo, al enterarme posteriormente de la fecha de la fiesta de una de mis bandas favoritas, lo único que pude hacer fue proteger mi rostro entre las piernas y llorar desconsoladamente. Pero no fallaré a mi decisión inicial ya que Arcadio bien lo merece (fíjense que es el único seguidor que tiene este blog. Sí, ese que se ha puesto como foto de perfil la jeta, ¡y qué jeta!, de un apuesto y varonil político de centroderechademocratacristianoliberal)  

Pero esa es desde luego otra historia. Estamos aquí para glosar los 25 años de carrera solipsista, enajenada, alocada y alumbrada por la estética de la banda de Paco Poza y compañía. Una hazaña inusual en la música nacional, máxime teniendo en cuenta que a pesar de que hablamos de instrumentistas y compositores magníficamente dotados (que cada cual lo interprete como quiera) no han podido dedicarse profesionalmente a ello. O quizás sea gracias a esa circunstancia, a la de poder dedicarse al pop como un hobby evasivo y evasor entre amigos que se reúnen al calor de unos amplis de válvulas en algún local de ensayo madrileño, y no como un oficio procurador de manutención, lo que ha provocado una larga y saludable vida como banda de rock'n'roll. El caso es que con un buen número de trabajos discográficos a sus espaldas, una colección de canciones mayestática, unos directos de quitar el hipo y una frenética actividad colaborando en múltiples grupos y proyectos paralelos, Los Imposibles nunca han gozado del favor de los medios, vergonzosamente sordos ante la propuesta de la banda y babeantes con la primera idiotez inflada e hinchada que llegaba a sus oídos. Y ya no hablo del “mainstream”, donde evidentemente serían tachados de personajes de otro mundo, hablo de las presuntas publicaciones “underground” patrias. Han pagado el precio de la fidelidad a una idea, de la rectitud de unos principios estéticos. Nunca han sido indies, ni grunges, ni shoegazers, ni le han dado a eso de la “americana”. En respuesta a esta actitud, la ignorancia más absoluta. Sólo ahora que el paso de los años les convierte en clásicos intentan algunos, a toda prisa, enmendar errores pasados y rendirles el culto que merecían desde aquella joya llamada “Hoo-ha!” que nos hacía tener que retrotraernos al “Contrabando” de Los Brincos para encontrar un catálogo de canciones donde el pop, el soul, el rythm&blues y el beat se manejasen con tanto descaro e ingenuidad sin complejo alguno en nuestra piel de toro. La conexión con la banda de Fernando Arbex siempre ha sido evidente y no demasiado bien vista en los, como dirían Burning, “recuerdos del pelo largo”. Cuando “Hoo-ha!” vio la luz se convirtió de inmediato en una de las piezas favoritas de mi adolescencia. Una explosión de inmediatez capaz de cautivarte como si las enseñanzas de Buddy Holly, Del Shannon o Los Brincos no hubiesen caído en saco roto. Pero curiosamente recuerdo la comparación con el grupo del que surgieron Juan y Junior como paradigmática de cómo tratamos a veces nuestra mejor música pop. Las conversaciones sobre la nueva banda madrileña en ocasiones se dirimían con un “sí, están bien, pero recuerdan demasiado a Los Brincos”, a lo cual yo, encolerizado, respondía: “¡Por supuesto que recuerdan a Los Brincos, por eso mismo son tan grandes!” Y es que sigue siendo asignatura pendiente para el rockerio estatal reconocer a nuestros pioneros, aunque es de admitir que con el tiempo hemos mejorado en ese capítulo.     



Let's go to marigold, the garden of your mind...


Los Imposibles se convirtieron en unos favoritos a la altura de Sex Museum y Doctor Explosión, bandas que cambiaron para siempre mi concepto de la música española. Cañonazos irreductibles que no entendían de modas ni tendencias. Acogidos en el caso de los autores del “Hoo-ha!” además en el seno de la familia Animal Records, sello indispensable para comprender la sesentofilia en nuestro país. Vinieron más aventuras, más discos, y muchos directos. Y el imborrable recuerdo de la primera vez que los pude ver en directo, ¡qué jornada!, en la fría pero siempre caliente noche leonesa. 1994, cuando uno se comía la vida a mordiscos, y allí aparecieron nuestros héroes. Todavía con Palomo al bajo, y Lagarto aporreando la batería. Aquello era flamígero, incendiario, colosal… al teclado un chalado llamado Gonzalo del Valle-Inclan (a la sazón bisnieto del genial escritor gallego) acababa sangrando sobre las teclas de su instrumento forrado en leopardo mientras atacaban el “One good reason” del segundo LP de los suecos garageros The Creeps. Era la época del jardín de la caléndula, y la inocencia beat casi afín al espíritu de un “American Graffiti” de “Hoo-ha!” había dado paso a una banda poderosa que reivindicaba como nadie el legado de los Who o los Small Faces. Se convirtieron en gigantes y hubiera sido difícil comprender la irrupción de Elephant Band, Magic Bus, o tantos otros, sin la demostración de fuerza de Los Imposibles. Ignorados por los medios, pero creando una legión de fans irreductibles. 

Eran hermosos y radiantes guerreros de la estética, paladines de la psicodelia, embajadores de la melodía. Buenos hijos de la noche y figuras del paisaje melenudo y colorista del mejor Malasaña. Hippies-mods-punks, o algo tan inclasificable como eso, y revestidos de la autoridad de sumos sacerdotes de la lisergia heredando las enseñanzas del viaje rápido y picnic genial al que nos habían llevado Los Negativos muchos años atrás.  

Se fueron sucediendo los cambios en la formación y llegando personajes igual de emblemáticos y dueños de universos tan particulares como los de a quienes reemplazaban. Los Imposibles se convertían en un estilo de vida. A way of life, a state of mind. Y siempre Paco Poza luchando contra todo, a base de pericia instrumental y una erudición musical que ya quisieran la mayoría de los plumillas de este país. Y así veíamos a la banda facturar power-pop de primerísima división o evocar a los mismísimos Prisoners, y todo esto sin salirnos de su época actual, segunda juventud, o como la quieran llamar, esa que les llevó a perderse y encontrarse y a seguir caminando en espiral, ahora de la mano de Sunny Day Records, uno de esos sellos de fans y para fans.   

Y entono el "mea culpa" por faltar a la cita pero brindaré por ellos igualmente. Amenazan con una noche tan embriagadora que parece imposible pensar en acudir a comer tan sólo un trocito de la tarta, ya que una vez probada no podrías dejar de engullir, sabiendo además que tras la ceremonia del escenario en la cabina de la sala se oficiará una misa por parte de dos personajes sobre los que el tópico "más grandes que la vida" se queda corto (y cualquiera que les conozca sin duda me dará la razón), como son Lagarto, a la sazón baterista original de la banda, y Manolo Calderón, reverendo de las ondas herzianas y maestro de intelectualidad vital y barra de bar. Ambos tipos de los de verdad, de los de honestidad brutal. Levantaré mi copa desde la distancia, envuelto en el Carcosa de hardcore y punk al que he sido invitado, abrazado (con todas las distancias heterosexuales posibles) a mi amigo Arcadio porque sus 40 años sean el principio de su vida... pero sabiendo que dentro de otros 25, Los Imposibles lo volverán a hacer.  

Los Idus de Marzo no nos pueden fallar.    



Los Imposibles en la actualidad, la orquesta que viaja al fondo de tu mente.



sábado, 8 de marzo de 2014

MUJER



"Ofrenda seris simbolos" (Jaime Abril)


Mujer, alpha y omega de la creación,
elipsis bárbara de la destrucción. 

Un graffitero en Ponferrada así lo entendió, "Dios es negra", escupió sobre una pared, y Suárez Roca lo esculpió en una de sus columnas dóricas, jónicas y corintias, donde recoge para la posteridad todas las iluminaciones de los locos bercianos.  

Mujer, alma y veneno,
poesía y barbarie.  

Mujer, hembra, diosa, ninfa, señora o niña.

Sacerdotisa de la carne eléctrica, dijeron Los Negativos.  

Aullido en invierno, caricia en verano, tormenta en otoño, poema en primavera.  

Refugio antiaéreo que proteges en tus muslos, tratado de calefacción en cada poro de tu piel.  

Mujer invisible para el hombre, mujer torturada, guillotinada, mujer hecha trizas.  

Mujer de posguerra, mujer sin trinchera. Mujer sin derecho a la urna y encerrada en la urna. 

Mujer onírica que vive en el sueño de nuestra placenta, alpha y omega de la creación, elipsis bárbara de la destrucción.   

Catadora de venenos que columpias la bandeja de la fruta prohibida ante los ojos del hombre convertidos en almenas de patetismo. 

Mujer, señora, ama, dómina, dominatrix.    

Mujer que es hogar, océano de sal en la entrepierna, volcán de deseo en la mirada.  

Garganta profunda, vulva asesina, vagina de motosierra.  

Mujer de Lesbos y mujer de la Amazonia. Mujer de las minas y de los rayos de sol.

Mujer, alpha y omega de la creación,
elipsis bárbara de la destrucción. 

viernes, 7 de marzo de 2014

EL FRACASO ES LA MÁS RESPLANDECIENTE VICTORIA





Y Leopoldo María Panero se fue en un sueño, en medio de la noche, dentro de ese manto de espanto que nos cubre a todos los locos, poetas, y hermanos de las hetairas. Se fue con su palabra de excremento y de rabia, náufrago de la cordura en la isla del malditismo.  

Panero, poeta más conocido que leído, no era maldito por pose. Bebedor, fumador, drogadicto, bisexual y esquizofrénico... poseía todos los tics de la más absoluta rebeldía, la de los ángeles caídos. La única diferencia entre cualquier animal desahuciado en las calles y Panero es que éste de vez en cuando se sentaba a escribir, y escupía veneno y poesía marchita, auténtica flor del mal de nuestra literatura. Panero se ganó su lugar en la eternidad de las letras mientras perdía su sitio en el mundo.  

Decía Nietzche que quien mira largo tiempo a un abismo el abismo también le miraba a él. Mirar a los ojos de Panero era enfrentarse a ese abismo hecho hombre de carne macilenta. Panero, gigante de una generación atemporal unida por la miseria del fracaso, la más resplandeciente victoria, como afirmaba el propio poeta. Convertido en animal exótico, objeto de interés bizarro tras el éxito del indescriptible trabajo de Jaíme Chavarri "El desencanto", cinta de exhibicionismo sentimental y amargura nihilista, en realidad Panero ha sido referente de todos los que en los días que comenzamos a acercarnos a las letras buscábamos algo sucio, jodido, podrido, y en definitiva que oliera a pura vida, a estiércol y a entrañas. A Panero no se lee, se le vive. Cuando ingresado en un hospital escribí los versos de "Enfermera de noche", los cuales fueron desgranados en su momento en este blog, el espíritu de Panero inconscientemente revoloteaba el cuaderno. En aquellos versos, al fin y al cabo, estaba toda mi libertad, renunciada ya hace tiempo desde que me domesticara como un eslabón más de un sistema basado en la productividad y el dinero. Por eso siempre envidiaré a los miserables espíritus libres, aquellos que viven en el polvo y se revuelcan en el sexo, ahogados de alcohol y anestesiados de nicotina y opio.   

La libertad no es un jardín de rosas ni un campo verde en plena primavera. La libertad es la humanidad en su más cruenta esencia. La mierda, el excremento, la orina y el sudor. Panero lo entendía. Comprendía que por mucho que nos vistamos con las mejores galas y nos empapemos de caros perfumes no dejaremos de ser animales dionisiacos de pezuñas y ponzoñas. Panero era la nausea en la sociedad, la arcada en el sistema, el pedo atronador irrumpiendo en medio de un desfile de modas.  

Panero, diablo hermanado con los simbolistas franceses agita por fin su copa de vino mientras brinda unas letanías a Satán. Al final logró escapar de la locura, esquivar a la vida, huir por una rendija del manicomio llamado realidad. 

Poeta de los infiernos, los burdeles, las cloacas luminosas  y las esquinas donde habitan las vomitonas, ten piedad de nuestra larga miseria. 

Tú que miraste el abismo y el abismo se hizo en ti, ten piedad de nuestra larga miseria. 

Tú que hiciste arrodillarse a la cordura y obligarla a practicar una felación en tu entrepierna, ten piedad de nuestra larga miseria. 

Tú que diste de comer en tu mano al albatros de Baudelaire, ten piedad de nuestra larga miseria.

Tú que bebiste del delirio en copas de piel de espanto, ten piedad de nuestra larga miseria.  

Tú que masturbaste las palabras, retorciste las letras, envenenaste los versos.  

Poeta que es el ojo del culo, el pene erecto, y la raja maldita de la sociedad quebrada. 

Renglón torcido de Dios escrito con sangre de virgen. Trazo del demonio dibujado con pluma de faisán. Macho cabrío oficiante de todas las orgías del mundo. Ten piedad de mi larga miseria.