miércoles, 20 de febrero de 2013

PLAGIO









"PLAGIO" 

Confieso que mi vida es un plagio,
un plagio de todas las almas de todos los adolescentes
                                      de todos los tiempos de todos los
                                                             rincones del mundo. 

Mis besos son un plagio,
un plagio de todas los besos de todos los enamorados
                                                           de todas las estrellas.

Mis venenos son un plagio,
un plagio de todas las ponzoñas que escupieron todos
                                              los poetas de cabellos largos
                                                                        y ojos verdes. 

E incluso mi muerte será un plagio,
de todos los alborotos,
y de todos los viajes de todos los viajeros que
                                                             nunca volvieron.


Pepe Kubrick, alguna vez, en algún lugar del camino entre la vida y el delirio.

miércoles, 13 de febrero de 2013

TIENE QUE HABER ALGO BUENO EN ALGUNA EMISORA


Hoy se celebra el Día Mundial de la Radio, instaurado por la UNESCO en 2011. Un día mundial más para homenajear algo en concreto, recordar, evocar, o juzgar la importancia de las cosas. Y también una excusa para que servidor de ustedes se ponga un rato a echar unas líneas sobre el asunto.  

¡Wolfman Jack os desea un Feliz Día Mundial de la Radio!


Porque yo soy muy de radio. Y decir que uno es muy de radio es toda una declaración de principios. Los que sean muy de radio sabrán de lo que hablo. De algo que te hace compañía prácticamente las 24 horas del día. Que ha estado ahí en muchos malos momentos de tu vida. Por ejemplo en tiempos de hospital, ingresado o de acompañante. Noches de UVI en vela con la radio haciendo más llevadero el estar al lado de un familiar del que no sabes si va a salir de esa. Pero también en buenos momentos. En días de resaca postrado en la cama incapaz de poner un pie en la calle, siendo capaz de levantarte sonrisas y carcajadas gracias al equipo deportivo de Paquito González y demás “viva la virgen” que se reúnen al tintineo de unos cubitos de hielo mientras te cuentan el partido de fútbol de tu equipo. O en madrugadas etílicas en las que para conciliar el sueño una vez llegado a caso buscaba la compañía del mítico "Si amanece nos vamos" de la Cadena Ser, donde la gente llamaba para preguntar cosas del estilo de porque en Australia el inodoro se desagua en sentido contrario a las agujas del reloj. Algo magnífico. De modo que la mañana de hoy me ha hecho recordar mi larga relación con el mundo de la radio. Años y años enganchándome a programas fantásticos, descubriendo mundos, universos, galaxias, melodías, canciones, libros y demás paraísos. De hecho mi primer recuerdo radiofónico permanece absolutamente indeleble, como un momento que marcaría mi vida, mi educación, o mi manera de afrontar el mundo para siempre. Creo recordar que era un domingo por la noche. Yo era un niño. Cuando digo un niño me refiero a que no iba más allá de los 5, 6 o como mucho 7 años de vida. Una de mis dos queridas hermanas mayores, que me saca 9 años, escuchaba en su cama la radio. El programa se llamaba “El Correcaminos” y la emisora era Radio 3 dentro de nuestra radio y televisión pública que tan buenos ratos nos ha dado. Yo me acurruqué a su lado, buscando ese calor femenino del hogar tan confortable. Del transistor, puedo recordar perfectamente, salía una melodía realmente divertida cantada en falsete. Aquello me gustó mucho. Me parecía un sonido terriblemente fascinante.   

Con el paso de los años, ya siendo entre púber y adolescente, y empezándome a interesar seriamente la música pop, volví a escuchar aquella canción. Era una composición de maneras doo woop y high school, aunque aún no supiese demasiado del tema, pero lo que me sobrecogió realmente fue que fui capaz de ubicar la canción al momento exacto de haberla escuchado años atrás con mi hermana en un programa de Radio 3 llamado “El Correcaminos”. El tema era el célebre “Big girls don’t cry” del gran Frankie Valli y sus Four Seasons. Evidentemente con 5 o 7 años no corrí como un loco a comenzar a coleccionar discos  de rock&roll, pero si que es cierto que cuando pocos años más tarde el gusanillo de esta música me picó con toda su virulencia el recuerdo de aquella tonada activó algo en mí. De modo que doy gracias a la radio y gracias a mi hermana, que sin saberlo le abrió a mi cerebro una puerta de entrada a la música más excitante que cualquiera pueda disfrutar (iba a escribir “cualquier joven”, lo que sucede con el rock&roll es que te mantiene eternamente joven)  por aquel momento que recordaré por y para siempre.    



A partir de ahí un fantástico y fabuloso idilio con las ondas, con Radio 3 como principal protagonista. Comenzar los días con “Jack El Despertador”. Aprender lo que era la subversión con “Caravana de hormigas”. Programa éste que finalmente fue cancelado por el gobierno socialista en los años más oscuros de la presidencia de Felipe González con Barrionuevo de ministro del Interior y el GAL salpicando las noticias. Décadas más tarde la historia se ha repetido con el magnífico e indómito “Carne Cruda”. Programas transgresores que no se casaban con nadie, agitaban las audiencias, y molestaban a los tiránicos mandamases de turno, que siguen sin enterarse de que la radio pública ha de estar al servicio precisamente del público, del ciudadano, no de sus propios intereses.   

Javier Crudo, el último hombre sin miedo a las mordazas.


Siguiendo con Radio 3, el fanatismo lógicamente llegó con “Flor de Pasión”. A día de hoy sigue siendo el programa más titánico e imprescindible en cuanto a la difusión de la música y la cultura pop. El entrañable Juan de Pablos es uno de esos personajes a los que es imposible no amar. Sería innumerable la cantidad de bandas y artistas que por primera vez en mi vida escuché en su espacio, así como el amplio espectro musical que el locutor ha sido capaz de abarcar. Baste decir que grupos como los Hard-Ons o los Handsome Brothers los descubrí en “Flor de Pasión”, dos simples ejemplos que debieran bastar para confirmar que Juan de Pablos ha estado por encima de etiquetas, si acaso sólo le ha movido el gusto por la melodía, y su espacio ha sido también clave para los mejores años del punk-rock o punk-pop en nuestro país. Como sé que ahora está un tanto “de moda” despreciar todo lo público tengo que seguir deteniéndome en Radio 3 y en concreto en “Flor de Pasión”, por todo lo que ha hecho por muchas de mis bandas nacionales favoritas. La explosión de combos como Shock Treatment (felizmente de vuelta a los escenarios) o Depressing Claim, o actualmente Airbag, no podría entenderse sin el empujón recibidos desde las ondas por Juan de Pablos. Esos vigorosos empujones que hoy día procuran programas como “El Sótano” de Diego RJ en la misma emisora, digno alumno del maestro extremeño. 

Y la radio también me procuró una isla donde naufragar cargado de melodías y ensoñaciones. “Islas de Robinson”, dirigido y presentado por Luis dB ha sido otro de los grandes tesoros radiofónicos de los últimos tiempos. Castigado y maltratado con constantes cambios de horario y emisión que hacían de su seguimiento una odisea, su espacio se ha caracterizado por difundir la música más anarquista, libre y rebelde desde los puntos de vista de la estética. Psicodelia, acid-rock, folk americano, Costa Oeste… todos esos sonidos que rompieron cánones establecidos y cambiaron la percepción de la música pop para siempre.  

En fin, son tantos y tan buenos los momentos que me ha dado y me sigue dando este medio que no puedo enumerarlos todos. Y estamos ciñéndonos solamente a la radio musical, y nunca a la infame “radio fórmula”. Como todo lo bello, la radio musical también tiene su reverso tenebroso, y en este caso se trata de ese tipo de subproductos con Los 40 Principales a la cabeza, Kiss FM y demás emisoras de música de consumo rápido, usar y tirar, locutores robotizados y estúpidamente todos ellos cortados por el mismo patrón, como si el justo momento en el que alguien les pone un micrófono delante de sus bocas significase que inmediatamente de sus cabezas deban de salir sus cerebros, si es que alguna vez los tuvieron, porque permítanme dudar de la capacidad intelectual de quien gusta de cierto tipo de músicas que hacen buenas hasta las gitanadas de los coches de choque (siempre me he preguntado que puede llevar a la gente a hacer el ridículo bailando cosas como el “Gansta style” o bazofias similares) Ese tipo de locutores que parecen todos y cada uno de ellos absolutamente el mismo. “Hey amiguito, prepárate a disfrutar esta noche con lo último de Lady Gaga”. Infumable. Quedémonos con el lado luminoso de la fuerza de las ondas, donde también habría que citar el fulgor de los Sami Rodríguez o Manolo Calderón, por citar otros dos grandes.   

Sami Rodriguez y Luis dB, difusores de magia y lisergia.

Pero no sólo de música vive el drugo. Desde niño recuerdo dormirme escuchando estupendos programas de divulgación científica, literatura, cine… ¡cine!, ¿cómo olvidar el mítico “Polvo de estrellas” de Carlos Pumares?, directamente nos regaló momentos inolvidables (algunos que no tenían realmente nada que ver con el cine, como aquello del Fibergran), pero sus ácidos comentarios cinematográficos perdurarán por siempre en la memoria de los aficionados. Una consulta de un oyente podía en ocasiones saldarse simplemente tal que así: 

-¿Sí, buenas noches, digame?
-Hola Carlos (muchas veces eran oyentes que pronunciaban “cal-lo”), quería preguntarte tu opinión por unas películas.
-A ver, dime.
-Rambo.
-Siguiente llamada. ¿Sí, buenas noches, digame?
En otras ocasiones las consultas parecían directamente sacadas de una película de los hermanos Marx: 

-¿Sí, buenas noches, digame?
-Hola “cal-lo”, quería saber que te parecen las siguientes películas.
-A ver, dime.
-“El acorazado Potemkin”
-Obra maestra.
-¿Pero eso que “e” lo que “e”?, ¿qué es buena o mala?
-Hombre, normalmente las obras maestras… ¡SON MALAAAAAASSSSSS! ¡MUY MALAAAAAAAASSSSSSSSSS! Siguiente llamada. ¿Sí, buenas noches, digame?    

Carlos Pumares intentando recordar con que pie se levantó hoy.


¿Y qué hay de los programas de misterio, de terror, de suspense? Que extraño placer el de niño, sintiendo el cosquilleo del miedo bajo las sábanas. Aún me estremezco y procuro de ese gozo cuando escucho “Milenio Tres” en la Cadena Ser o el incombustible “Espacio en Blanco” de Radio Nacional. La fascinación de lo desconocido. 

Y el alcance de la radio como auténtico medio de información a donde la imagen no llegaba mucho antes de que este globo terráqueo se hubiera convertido en un pequeño escenario viviseccionado por multitud de satélites, cámaras y micrófonos, tampoco puede ser pasado por alto para cualquiera de mi generación. En cuántos acontecimientos nos acompañó la radio, en cuantas gestas deportivas inolvidables. Como inolvidable la imagen de mi padre el 23 de Febrero de 1981 pegado al transistor para no perder detalle de las horas más tensas vividas por nuestro país en las tres últimas décadas (y que no se repitan), y llegado a este punto y para finalizar esta colección de recuerdos, déjenme despedirme con uno propio, muy personal y absolutamente impúdico. Era yo muy niño, no recuerdo exactamente la edad, pero sin duda por debajo de los diez años de vida. Todavía daba sus buenos coletazos aquello que llamaban “Guerra fría”. El mundo era un polvorín y las tensiones entre oriente y occidente constantes. Estados Unidos vivía su “crisis de los rehenes” con Irán. La URSS había invadido Afganistán, y el viejo vaquero Ronald Reagan llegaba a la Casa Blanca para iniciar una escalada armamentística que incluía programas como aquel llamado “La guerra de las galaxias”. Las dos superpotencias se armaban hasta los dientes (luego se vería que los soviéticos no disponían de esa capacidad económica y logística una vez que llegó la transparencia, el “glasnot”) y el mundo despertaba cada mañana pensando en lo peor. No sé como a mis manos llegó una publicación de estas serias, de información para adultos. Creía recordar que era un ejemplar de Cambio 16, y rastreando por la red veo que mi memoria no me traiciona. Lo que nunca podré olvidar no obstante es la terrorífica portada que mostraba a un soldado provisto de una sofisticada cámara anti-gas y el escalofriante título sobre que hacer en caso de una guerra nuclear. En efecto, en las páginas interiores se podía encontrar una guía sobre como comportarse en caso de que alguien hubiese apretado el maldito botón rojo. Y no sé si fue sugerencia de esa propia publicación, o la idea nació de mi mismo, el caso es que como todos los niños del mundo supongo que no deseaba ni por asomo morirme, y menos cuando cada semana me esperaba un número de “El asombroso Spider-Man” en el quiosco. Por lo tanto decidí apropiarme de un pequeño transistor que me acompañaría al lado de mi almohada al acostarme para estar en cualquier momento conectado con el mundo. Así, si la noticia de la guerra nuclear se producía de noche, al menos tendría un medio por el que enterarme y no me pillaría desprevenido. Y así fue como empecé a dormir al arrullo de las ondas herzianas. Y así, hasta el día hoy, 30 años después.  

Alguien me dio el cambiazo con el Mortadelo y pasó lo que pasó...



Por lo tanto feliz Día Mundial de la Radio, un medio tan estimulante que hasta yo mismo no me pude resistir a conducir un programa radiofónico (o varios, ya que fui modificando formatos y nombres) en una emisora local de mi ciudad de Ponferrada durante años. Pero esa es otra historia de la que hablaremos algún día. Mientras tanto, y recordando una de las cuñas de otro de los incombustibles de las ondas, mi amigo Carlos Rodríguez con su “Terciopelo Azul” con más de 20 años en antena, movamos un poco el dial, ya que… siempre tiene que haber algo bueno en alguna emisora. 

¿Te acuerdas del rock&roll en la radio?


jueves, 7 de febrero de 2013

BALDITOS MASTARDOS

Debido al éxito que pareció levantar nuestra última entrada dedicada a la figura de Quentin Tarantino y el estreno de su "Django desencadenado", y tal y como prometimos en dicha entrega, aquí ofrecemos el texto escrito en su momento tras un visionado de la que considero su obra maestra, "Malditos bastardos". Esta eyaculación se produjo el 27 de Diciembre de 2009, creo recordar que en una mañana de domingo recién llegado a casa después de una monumental farra, aquellos días en los que como decía Rimbaud "mi vida era un festín donde corrían todos los vinos". El estilo, por tanto, podríamos definirlo como altamente etílico, pero recuerden que sólo los borrachos y los niños dicen la verdad. Lo único que he corregido son las notables faltas de ortografía y palabras mal escritas del texto original debido a la torpeza psicomotriz de mi cerebro embotado por el alcohol y diversas sustancias en aquel momento. Por otro lado en gran medida las opiniones son similares a mi artículo escrito y publicado hace dos días, lo cual no sé si quiere significar coherencia, o más bien inmovilismo por mi parte. Lo dejo a juício del lector.  


¿Alguien quiere un buen afeitado a navaja?


"MALDITOS BASTARDOS", EL "COPY PASTE" DE TARANTINO, CRISTOPH WALTZ, BRAD PITT (YE DIOS) Y DEMÁS CONSIDERACIONES...

Pues heme aquí totalmente desarbolado. Yo que pensaba que le había pillado el rollo a Tarantino, que podía decir tranquilamente que era un director sobrevalorado (como si la experiencia no me dijese que cuando se dice eso de un director es porque realmente está infravalorado, ¿verdad John Huston?), que era un maestro del copia y pega, un cinéfilo entusiasta con cierto sello propio, pero cuya cinefilia le traicionaba consciente o inconscientemente para que calcase plano por plano películas que había devorado en su video-club... y heme aquí que teniendo esa imagen de Tarantino, y viendo la temática de la que trataba esta cinta pensaba que sería una saludable y vitalista cinta sobre malditos, perdedores, outsiders, simpáticos rufianes... otros "12 del patíbulo", o "Violentos de Kelly", o incluso, ¿por qué no?, si se trata de hablar de personajes malditos y de directores que mejor han puesto el foco en los anti-héroes en los leales soldados del James Coburn de "La cruz de hierro"... bueno, en parte, mucho de eso hay... pero la primera cuestión que te desmorona y que hace tambalear tu argumento es que ni por asomo esta es una película bélica, jamás de los jamases podrá ser considerada dentro de las películas sobre la II Guerra Mundial (demasiada ucronía... un saludo a Tomás Moro si me lee, no, no me lee, si me leyese sería la mayor ucronía posible de hecho)... la segunda cuestión que te noquea, es que por mucho que he leído en foros, críticas, etc, etc... por mucho que he hablado con gente, no reconocen en esta película ningún, digamos, "plagio" u "homenaje encubierto" o por seguir tirando de eufemismos, ningún "guiño cinéfilo"...

Lo que queda es una magnífica cinta, bien rodada, bien narrada, y por encima de todo, la demostración de algo para quien nadie debería tener duda... estamos hablando de un extraordinario director de actores... posiblemente para los intérpretes sea una bendición trabajar con un tipo como Tarantino, tan entusiasmado en, digamos, el "texto", es decir, los diálogos, una de las mayores materias primas sobre las que se ha basado el cine a lo largo de su historia, a menos de que seas un cabeza hueca lobotomizado capaz de perder el tiempo viendo los bodrios de Peter Greeneway y demás cuentistas de esa ralea... los diálogos son lo que han hecho que la gente siga recordando "El sueño eterno", "Casablanca", etc, etc... o si ya eres un friki perdido (y Tarantino me daría la razón), "Operación Dragón": "has ultrajado a mi familia y has profanado un templo Shao-Lin"

Tarantino demostró ya su destreza desde "Reservoir Dogs" (este sí, ejercicio de cinefilia, que primeramente se encargaron, con acierto, de decir, que bebía del "Atraco perfecto" de Kubrick, con esos personajes malditos (siempre los malditos), perdedores innatos a los que el destino siempre les guardará "cartas en la manga", que dirían 091... para después con el tiempo saber que este "maldito" caradura había plagiado a un tal Ringo Lam y una cinta llamada "City of fire" que posiblemente vería cualquier madrugada después de trabajar), pero había ya desde el principio en Tarantino esa destreza por saber manejar los espacios cerrados, las tensiones, las situaciones extremas... eso, por mucho que seas un "copión" (que lo es), requiere mucho talento, y Tarantino lo tiene. Ese manejo de los espacios cerrados, a la manera de un director teatral, eso es lo que le convierte en un gran director de actores (y actrices, porque es justo además reconocer que ha sido capaz de escribir los mejores personajes femeninos en los últimos tiempos del cine norteamericano)... su cinefilia le ha llegado a recuperar a iconos de la blackxplotation como Pam Grier, estrellas televisivas como Robert Foster o David Carradine (¿qué es la televisión, la mal llamada "caja tonta" si no un pequeño cine que instalamos en el salón de nuestros hogares?), o relanzar carreras que sólo necesitaban un empujoncito como la de John Travolta... también ha apostado decisivamente por actores desconocidos para el gran público, Tim Roth, Steve Buscemi, o Samuel J. Jackson le deben mucho, por no decir todo, a que Tarantino le diese esos fantásticos papeles con esos extraordinarios diálogos y textos, en definitiva, Tarantino es una bendición para cualquier actor...   


"Reservoir Dogs", claro ejemplo de como una película puede funcionar gracias al "boca a oreja".



Incido tanto sobre los actores porque hablando de "Malditos bastardos" me parece que es la gran baza y que está manejada con una tremenda maestría... me apena, es más, me irrita, que no se reconozcan ciertas actuaciones... permítanme que me detenga en el soberbio trabajo de Daniel Brühl, tan sencillo, tan austero, que es de esas interpretaciones que al gran público no le acaban de llegar (de hecho, y si nos ceñimos a esta cinta, todo el mundo recuerda sobre todo el trabajo, estupendamente realizado por otro lado, de Cristoph Waltz, con lo cual acabamos concluyendo en que el público, y los críticos y jurados de galardones también y por desgracia, prefieren el trabajo, digamos, "visible", el histrión, el exceso, la gestualidad... desgraciadamente las actuaciones "contenidas" siguen sin tener el reconocimiento que debieran, ¡como si fuera fácil!, por mucho que el mismísimo Cary Grant dijese hace varias décadas que lo difícil de verdad en el cine era abrir una puerta y decir "¿alguien viene a echarse una partida de tenis?", esto sigue siendo una asignatura pendiente de la crítica cinematográfica, que sigue prefiriendo las actuaciones exageradas, los gestos histriónicos y las muecas ridículas a la "normalidad", a interpretar al vecino del quinto, para que nos entendamos (sí, ese que tan bien interpretaba Jack Lemmon en Estados Unidos, o José Luis López Vazquez en España cuando se lo dejaban demostrar)... a lo que iba con el joven Daniel Brühl, ese patetismo romántico, ese rol de perrito faldero enamorado, que a pesar de ser todo un héroe de guerra es en realidad un patán cuando se enfrenta a una batalla mucho más cruenta como es lidiar con la mujer de la que se ha enamorado (no nos engañemos... ustedes si son hombres me entenderán, a ninguno de nosotros le importaría lo más mínimo que le reventasen su pecho a balazos, si no fuera por el Madrid-Barça de esta tarde en Vistalegre que no me quiero perder, claro... pero, ser derrotado en el campo de guerra del amor por una mujer a la que amas, eso duele más que tener cien mil balazos en el culo)... la escena de Brühl subiendo a la sala de proyectores a hacerse el gracioso con Shossana es, sencillamente tan patética, tan de pringado, tan de pacón, que a mí, al menos a mí, eso si que me parece cine en estado puro, no un tipo que dice que es caníbal y saca la lengua a la cámara... no... a mí lo que me da miedo de verdad es que un tipo que ha matado a 300 soldados enemigos sea tan patético, de puro inocente y cándido que es, a la hora de enfrentarse a una mujer... un tipo que ha sido capaz de sobrevivir a una emboscada enemiga y que ha sacado cojones y agallas de donde no las había, en realidad tiene temblor de piernas cuando habla con una mujer hermosa... eso si que me da miedo... y por eso vuelvo a decir que Tarantino es quien mejor ha sabido colocar a la mujer en el cine en los últimos tiempos... la réplica a Brühl, Shossana, la adictivamente lánguida y hermosa Mélanie Laurent está sublime, una mujer capaz de aguantar esos primeros planos, esa actuación contenida en todo momento (un momento magistral, comiendo con el nazi Landa... para luego el director dejarnos ver como desmorona toda esa tensión en el momento que se queda sola), pero esa frialdad, esa indiferencia... esa gelidez... eso, al menos a mí, es lo que me gusta en el cine, eso es Greta Garbo... no un papagayo presa de un manojo de nervios... sencillamente magistral, otra grandísima actuación, y otra grandísima demostración de lo gran director de actores que es Tarantino y lo bien que sabe utilizar los primeros planos e, irremediablemente, dejarnos atrapados en la mente del personaje en cuestión... no obstante creo que su interpretación decae precisamente cuando nos la presentan hacia el final de la cinta como un ángel exterminador judío, riendo grotescamente ante los focos... pero ya les digo, es una cuestión de gustos, no soporto ningún tipo de histrionismo ante la cámara... pero en general, su trabajo, como el de prácticamente todo el reparto de esta cinta que es un ejemplo de dirección de actores y de buen trabajo por parte de ellos, es sobresaliente y estoy seguro que así será recordado en el futuro, cuando se vea esta película libre de "tarantinismo" y se reconozca que, "cortas y pegas" o modas aparte, estamos ante un hombre que maneja su ofició con maestría.


Efectivamente, el amor es un campo minado.

Y para finalizar, y sobre el trabajo actoral, que insisto, es lo que más me ha impresionado de esta película, dejo el grandísimo contraste entre el, presuntamente, o al menos para público y crítica y galardones varios (me niego a valorar una película en relación a Cannes, globos de oro, oscars y demás filfa, pero me sirve para apuntar nuevamente lo equivocada que está la crítica cuando juzga a los actores), Cristoph Waltz, un actor brutal, de raza, desconocido para el público, al que le llega este éxito tardío gracias al buen ojo de este magnífico director de actores que es Tarantino, y lo que para muchos no será más que una estrellita hollywoodense, un guaperas más al uso, que es Brad Pitt, pero que (la verdad es que a mí siempre me pareció un buen actor, pero ya sabemos lo que pasa con los actores, ejem, guapos, es como Kobe Bryant, es tan bueno en ataque que nadie se fija lo bueno que es también en defensa) creo que hace un trabajo colosal, una magnífica interpretación de lo que llamaría (no despectivamente) un "ganso yanki", o usando términos más universales, y algo que yo uso mucho, y que no tengo ni idea de donde viene (ni a donde va, ya puestos), imagino que vendrá de la Grecia clásica o de cualquier cultura de este tipo, lo que yo llamo el "noble bruto", que es en definitiva el personaje que siempre me he encantado en el cine, aquí llevado hasta el paroxismo y la exageración (al fin y al cabo estamos hablando de una película de un amante del exceso, por desgracia... la mesura, siempre la mesura, ¡ay dónde estará!, se acabaría con George Roy Hill y Paul Newman posiblemente), al que es difícil encontrarle el corazón, y ni falta que hace que para eso es una peli de Tarantino... al "noble bruto", que es bruto como un arado, en el fondo siempre se le acaban encontrando los buenos sentimientos, yo a Brad Pitt en esta película no se los encuentro, si me cae simpático es sin duda porque me mola, y aplaudo, su anti-nazismo exacerbado, entre un nazi bruto y un anti-nazi bruto, siempre me quedaré con el segundo... y por supuesto, es el auténtico anti-héroe, el auténtico "maldito", el verdadero outsider, incluso partiendo desde el hecho de que siendo un militar yanqui no es un "vaquero", si no que es un auténtico admirador de la fiereza y las tácticas de guerra de los apaches (vamos, los que eran los "malos" en las pelis de Hollywood de toda la vida)... tan maldito, tan outsider, tan perdedor, que sabemos que no tendrá absolutamente ningún sitio en la sociedad una vez que se reincorpore y acabe la guerra... su único sitio es la batalla, tener un enemigo, y matar, para no darse cuenta de que tiene que vivir... eso le torna en un auténtico personaje peckimpahiano, que posiblemente haya sido el mejor director que haya sabido tratar la figura del "maldito"... el James Coburn de "La cruz de hierro", o yendo más allá, y en esto si que era grande Peckimpah, tanto el William Holden de "Grupo salvaje" como el Kris Kristofferson de "Pat Garrett and Billy the Kid", y tanto el Robert Ryan de "Grupo salvaje" como el James Coburn de "Pat Garrett and Billy the Kid", es decir, las dos caras de la misma moneda, los dos reversos tenebrosos del malditismo... en "Grupo salvaje" William Holden es el "maldito" porque así lo ha decidido. Vivir al margen de la ley, y al margen de una sociedad y unas normas en las que no cree y en un mundo que no le gusta como evoluciona... Robert Ryan es el "maldito" porque persigue incesantemente a William Holden, a su antiguo amigo, con quien compartió ese tipo de vida... ¿lo persigue porque es su obligación o porque realmente echa de menos a ese "grupo salvaje" y le gustaría estar con ellos?... en "Pat Garrett..." Kris Kristofferson es también el maldito porque así lo ha escogido, y James Coburn le persigue por las mismas motivaciones, ¿por qué es un agente de la ley, o porque realmente necesita a Billy el Niño?, tanto Ryan en "Grupo salvaje" como Coburn en "Pat Garrett..." han estado "al otro lado" de la ley, de la sociedad, de las normas, ¿han hecho bien en pasarse al "lado bueno"?, su vida en estas películas es un constante rencor hacía ellos mismos, se han convertido en "malditos" para ellos mismos por plegarse al lado "correcto"... nadie supo plasmar mejor el malditismo extremo que Peckinpah en estas películas... aunque películas de perdedores y malditos hay muchas, muchísimas, y casi todas brutales ("El hombre del brazo de oro", "El buscavidas", "El rey del juego", "Fat City"...)  




"El fracaso es la más resplandeciente victoria" (Leopoldo María Panero)


Nos hemos desviado un poco del tema, pero... ¡es que estábamos hablando de malditos!

¡MALDITA SEA!



martes, 5 de febrero de 2013

TARANTINO ENCADENADO


¡Por mis pistolas!

 La historia y el papel de Quentin Tarantino en el cine contemporáneo creo que es de sobra conocido por todos. Una especie de "enfant terrible" que antes de los 30 años deslumbraba a crítica y público con su ópera prima "Reservoir Dogs". Un auténtico "boom", lo cual viene a decir que se daban todos los condicionantes para que estuviéramos ante un nuevo "bluff" o "hype" de éxito fácil y posterior carrera mediocre. No obstante había razones para creer en el cineasta de Tennessee. No hablamos de ningún pedante presuntuoso convencido de ser el nuevo Godard (a pesar de que su primera productora, "A band apart", rinde tributo con su nombre a uno de los trabajos de la primera época del director francés), ni de ningún niño de papa al que le pagan su capricho de estudiar en las siempre costosas escuelas de cine. Tarantino era un estudiante de clase media aficionado al teatro cuya mejor escuela de cine fue, como siempre ha reconocido, el video club donde trabajaba de joven. Allí desarrolló una impresionante cinefagia compulsiva que le hizo ser capaz de apreciar y admirar trabajos de todo tipo, presupuesto, calidad y género. Se cuenta que "Reservoir Dogs" es un plagio absoluto de un film de bajo presupuesto homgkonés, "City on fire", que personalmente no he visto. Lo que si tengo claro es que el debut de Tarantino como director es magnífico. Siendo aún un adolescente aquel trabajo me impactó desde el primer fotograma hasta la lustrosa banda sonora que ipso facto corrí a encargar a la tienda de discos más cercana (nadie tenía ni idea todavía de lo que estaba hablando cuando pregunté por ella al dependiente) La película, apadrinada por una estrella como Harvey Keitel, puso a Tarantino en la senda correcta hacia el "star system". Así no tardaron en llegar los grandes presupuestos, y con ello, las grandes estrellas (Bruce Willis, Uma Thurman, Robert De Niro, Kurt Russell, Brad Pitt, Leonardo Di Caprio...), alguna de estas estrellas no cayó sólo en los brazos de los impactantes guiones propuestos por Tarantino, si no directamente en los brazos del director (Uma Thurman), también aprovechó su cinefilia para recuperar actores y actrices de culto (John Travolta, Robert Foster, Pam Grier, David Carradine, Don Johnson), y sobre todo, descubrir para el gran público a intérpretes que de no haber pasado por las manos de este director a buen seguro no gozarían de su estatus actual (Tim Roth, Steve Buscemi, Samuel L. Jackson, Cristoph Waltz, Eli Roth, Daniel Bruhl)... incido tanto en el tema de los actores porque creo que es donde radica realmente el punto fuerte de Tarantino, por encima de sus en ocasiones repetitivos golpes de efecto o de sus diálogos a veces brillantes pero otras forzados y falto de toda sustancia. Como director de actores me parece no sólo el mejor hoy día si no posiblemente uno de los mejores de la historia. Y eso no es cosa baladí, estamos hablando de sacar el mejor rendimiento posible a la auténtica materia prima que da brillo al fulgor de una película: las estrellas cinematográficas. Esos repartos corales plagados de héroes, anti-héroes y heroínas (otro punto a favor, el haber sabido dar a las intérpretes femeninas algunos de los más sustanciosos papeles de los últimos tiempos… cosa que no sucede no obstante con su última obra, pero ya hablaremos de ello dentro de unos párrafos), personajes que en pequeñas apariciones de cinco minutos son capaces de dejar huella indeleble en el espectador. No me cabe duda, Tarantino es un magnífico director de actores.  


Y Travolta volvió a bailar.

La cinefilia de Tarantino es sana, inocente, de puro amor y de amor puro por el cine y por el siempre denostado cine de género. Tiroteos, persecuciones, peleas, puñetazos, explosiones, mutilaciones, violaciones, saqueos, guerras, batallas, sangre… y todo tipo de aberraciones que en la vida real uno prefiere no tener que enfrentarse a ellas, pero que en una pantalla de cine te pueden hacer pasar un rato de auténtico cachondeo. Hablamos de un auténtico expoliador (o mejor dicho, “explotador”, por acercarnos al término cinematográfico “exploitation” tan afín al director) con talento (no olvidemos que hablamos de un tipo cuyo cociente intelectual supera nada menos que el 160 y que pertenece a la exclusiva sociedad MENSA) Un hombre sin estudios superiores, sin estudios cinematográficos, pero que ha mamado puro cine. Tarantino se aleja así de los directores academicistas, técnicamente muy dotados para rodar anuncios de desodorantes o video-clips, pero con poca raza de cineastas. Recordemos que antes del auge de las escuelas de cine los grandes directores de la historia fueron unos auténticos autodidactas que aprendieron el oficio desde dentro, como esas historias que contaban nuestros mayores en los que un chaval entraba de botones en un banco y a base de trabajo podía acabar siendo director de una sucursal. Kubrick era un brillante fotógrafo, Fritz Lang pintaba cuadros… o más curioso aún es el caso de Hitchcock, cuya entrada en el cine fue haciendo rótulos para películas de cine mudo. El propio Kubrick llegó a vanagloriarse de no haber ido nunca a la universidad mientras trataba de vender sus fotografías, asegurando que de haberlo hecho posiblemente hubiera acabado en cualquier oficio aburrido y no dedicado a la aventura cinematográfica. De todos modos ocurre con Tarantino, como en tantas ocasiones en el mundo del arte y la cultura (o si prefieren, simplemente, el ocio) que uno puede disfrutar de su trabajo, pero le cuesta tragar con legiones de fans tan dispares y tan dadas al retorcimiento argumental a la hora de hablar de un tipo de cine al fin y al cabo tan sencillo como el del cineasta que estamos tratando. Ese cinéfilo caído para siempre en las garras del esnobismo que disfruta con producciones pakistaníes sobre el crecimiento de los girasoles, pero para no perder cierta condición “cool” afirma pasárselo pipa con películas de kung-fu, con cintas de terror de bajo presupuesto, o la más inmunda serie Z (aunque ni vea una película de ese tipo, ni tenga pajolera ideal del asunto) Y luego está el cinéfilo que intenta ver hasta guiños a Tarkovsky en las películas de Tarantino, como si todo fuera un gigantesco collage cinematográfico hecho a base de retales (un 20% de Godard, otro 20 de Peckinpah, un 15 de Kurosawa, misma proporción para Monte Hellman, unas gotitas de Eric Rohmer dando un 10%, y el 20 restante a partes iguales entre por ejemplo Bergman y mismamente John Woo) 

Kubrick, fotógrafo del pánico.


Digresiones aparte, vayamos al meollo del asunto. Tarantino ha estrenado nueva película. Y tengo que volver sobre mis pasos, en este caso sobre mis líneas, y recordar a ese director que me atrapó en el asiento con esa violenta historia sobre un atraco frustrado por una serie de perdedores de gatillo fácil llamada “Reservoir Dogs”. La grandeza de aquella cinta residía en su crudeza y su simpleza, no había fuegos de artificio ni pajas mentales ni onanismo camarográfico, simplemente un tipo contando una sangrienta historia sobre un atraco y sus catastróficas consecuencias. “Pulp Fiction”, como continuación de la obra de este nuevo apóstol de la violencia en el celuloide (y por supuesto muy por encima del infame y mediocre Oliver Stone), nacía ya como obra de culto antes incluso de su estreno. No recuerdo cuantas veces seguidas pude llegar a verla en el cine. Y por si fuera poco, el surf instrumental comenzó a sonar con fuerza en todo el globo terráqueo como nunca antes. Llegó “Jackie Brown” y comenzó el hastío. Un correcto trhiller con buen pulso, magnífica banda sonora, y poco más. El efecto Tarantino me empezaba a exasperar. Simplezas del tamaño de partir la pantalla para mostrar varias secuencias a la vez se hacían pasar por genialidades, o lo que es peor, innovaciones del “maestro”. Es posible que yo no tenga ni idea de cine, pero les aseguro que he visto muchísimas películas. El pobre recurso de mostrar varias secuencias partiendo la pantalla había sido usado en numerosas ocasiones durante las décadas de los 60 y 70 siendo un “modismo” recurrente en aquella época (“El estrangulador de Boston”, 1968, de Richard Fleischer, quizás sea uno de los trabajos más conocidos), aunque en realidad su uso se remonta hasta prácticamente el nacimiento del cine (el monumental “Napoleón” de Abel Gance de 1927 ya usaba esta técnica) Si me refiero a este efecto como “pobre” es porque, salvo en contadas ocasiones (por ejemplo he de reconocer que en “Carrie”, 1976, Brian de Palma, si funciona en la hemoglobínica secuencia en la que la protagonista desata toda su vengativa furia), no muestra si no una incapacidad por parte del cineasta para la narración de la trama ciñéndose a los cánones clásicos de la cinematografía. Dicho de otro modo, “contar” visualmente un atraco por medio de una pantalla partida en cuatro no sugiere ningún mérito como narrador al director de la cinta. Ni John Huston en “La jungla del asfalto” ni Stanley Kubrick en “Atraco perfecto” (dos películas de las que es deudora “Reservoir Dogs”) necesitan ni por asomo una argucia de ese tipo, y consiguen plasmar las posiblemente dos mejores obras sobre atracos frustrados jamás rodadas, sin abandonar en ningún momento un único plano, un único ojo, un único punto de vista, cambiante, pero siempre un único punto de vista. 

Fleischer, partiendo la pana y la pantalla


De modo que a partir de “Jackie Brown” mi interés en Tarantino decayó considerablemente, como un producto de entretenimiento más al que poca mayor chicha de la ofrecida en sus dos primeras obras se le podría sacar. Por si fuera poco sus colaboraciones, apadrinamientos, y participaciones en bodrios de diversa índole (“Asesinos natos” por encima de todo… o chorradas del calibre de “Four rooms”) no ayudaban en nada a recuperar la confianza en un globo que tan pronto se hinchó parecía desinflarse. “Kill Bill”, con esa Uma Thurman lanzando un guiño al eterno Bruce Lee de “Juego con la muerte” confirmaba la condición de “corta y pega” del director americano. “Death Proof” no pasaba de ser una simpática y cachonda puesta al día del clásico de Russ Meyer “Faster, Pussycat! Kill! Kill!” (1965) De modo que para mí el amigo Quentin estaba prácticamente sentenciado. 

Y en estas llegó “Malditos bastardos”, y me tragué todas mis palabras. Volvió el hechizo. El engancharse a la butaca del cine. El quedarse boquiabierto durante dos horas y media de gozoso espectáculo con actores sembrados, brillantes, relucientes. Un excepcional manejo de la ucronía que lleva a cargarse a Hitler en medio de un cine envuelto en llamas, un Brad Pitt genial como orgulloso héroe yanqui dispuesto a romper el orto a cuanto nazi se ponga en su camino (sí, amigos, me encanta ver como joden a los nazis), el inolvidable Oso Judío y su afición por el baseball…  ¡qué gozada! Después de haber crecido viendo este tipo de sucias películas sobre la segunda gran guerra, tipo “Doce del patíbulo” o “Los violentos de Kelly”, con personajes capaces de cagar granadas de mano mientras leían el “Playboy”, tenía muchas ganas de enfrentarme a estos bastardos cuyo concepto del honor militar se basaba en dar por culo a los nazis cuanto más mejor, pero he de decir que la película mejoró tanto mis expectativas que recuperé la fe perdida en el viejo zorro Quentin. Había vuelto a prender la chispa.    

Beat on the brat



No me extenderé más sobre “Malditos bastardos” (para mí, la mejor obra de Tarantino), ya que en su día escribí un explícito texto (totalmente colocado, borracho y de doblete) que cualquier día subiré a este blog. Si el paciente lector ha sido capaz de llegar hasta aquí, he de decir que es en este punto donde arranca la idea que tenía para este artículo (pero las digresiones, ya saben, que al final acaban ocupando líneas y pidiendo sitio): la última y esperada película de Quentin Tarantino, “Django desencadenado”.  De entrada, y como suele ser habitual en el de Knoxville, las cartas parecen estar encima de la mesa y uno ya sabe por donde van a ir los tiros, nunca mejor dicho. El director recupera un personaje clásico del spaghetti western, cuyo título más célebre es la cinta homónima de Sergio Corbucci estrenada en 1966 protagonizada por Franco Nero. Hay decenas de películas que retoman el personaje de Django. Una de las últimas y de las más curiosas precisamente cuenta con el propio Tarantino entre sus protagonistas, se trata de la producción japonesa “Sukiyaki Western Django” (Takashi Miike, 2007), en realidad un remake del film de Corbucci, con la misma trama de los dos bandos enfrentados y en medio un Django que va por libre y trata de aprovecharse de todos. Argumento que remite al célebre “Yojimbo” de Akira Kurosawa, que a su vez inspiró la película que sirvió de punta de lanza al género del “spaghetti western”, “Por un puñado de dolares” (Sergio Leone, 1964), y que conoció un convincente remake no hace muchos años de la mano de otro especialista en acción de alto octanaje como Walter Hill (“Last man standing”, 1996), con Bruce Willis a tiro limpio. De modo que en cierta manera podemos decir que en realidad el “spaghetti western” no nace si no en la tierra del sol naciente.  

Django en Japón, dispuesto a cargarse a los guionistas de "Humor amarillo".



El Django de Tarantino es un esclavo negro interpretado por un limitado Jamie Foxx (aún así al lado de The RZA, al que maldito el día en que se le ocurrió que podría dedicarse al cine, parece Sir Laurence Olivier) liberado por un cazarrecompensas interpretado por Cristoph Waltz y al que propone hacer su socio. A partir de ahí casi tres horas de una trama demasiado alargada y tediosa. Si se pretendía rendir homenaje al “spaghetti” se consigue, volviendo a ese tipo de cine lento y plomizo que tanto gustaba a Leone, pero a mí personalmente se me hizo soporífero. Finalmente cuando uno espera ese auténtico momento Tarantino, donde se respira la tensión más que el olor a alcohol en el metro la madrugada de un sábado, y a pesar de que el duelo Di Caprio-Waltz es el momento de mayor calidad del largometraje, acaba siendo de las situaciones de “callejón sin salida” peor resueltas por Tarantino. Después de más de dos horas que uno no sabe bien a donde le están llevando, los últimos 30 minutos son un atropello por intentar buscar un final más o menos feliz, o al menos un final donde los héroes triunfen y salgan airosos. Por si fuera poco hay que aguantar a uno de los fetiches de Tarantino, Samuel L. Jackson, en una interpretación patética, cargante y revulsiva por parte de un actor tremendamente sobrevalorado. La incontinencia fílmica del director en este caso le juega una mala pasada, siendo incapaz de meter tijera a un metraje con muchísimo relleno (la aparición de Franco Nero como guiño al Django original sin ir más lejos… minutos de película absolutamente inútiles) Sabemos que a Tarantino le gusta tirarse años hasta realizar un nuevo trabajo, pero eso no significa que tenga que fabricar un ladrillo de casi tres horas cada vez que vuelve a ponerse tras las cámaras. En definitiva el resultado, viniendo de una maravilla como fue “Malditos bastardos”, resulta un tanto decepcionante. Cuando parecía que el director alcanzaba su madurez como cineasta con aquella deslumbrante cinta del 2009 cargada de un cine vigoroso y palpitante, en esta ocasión nos enseña su peor cara de nuevo, la de un director autocomplaciente que recurre a viejos clichés, propios y prestados, y al compadreo con su cuadrilla. No quiero parecer demasiado crítico, ya que eso sería ser demasiado injusto con una película cuyos momentos buenos relucen con luz propia mostrando el talentoso director que hay detrás, pero hay que insistir en que este Tarantino desencadenado que no ha sabido condensar la historia y simplificar la trama acaba siendo un director encadenado a sus propios errores. No obstante sigue siendo quien mejor sabe filmar la épica de la venganza, y si en “Malditos bastardos” ajustaba la historia a su gusto para darle una generosa patada en el trasero al oprobio nazi, en esta ocasión no puedo por menos que aplaudir su desprecio hacia la esclavitud y las costumbres de los pomposos y estúpidos “caballeros” del Sur de los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. El problema, insistamos en ello, es que debido al exorbitante metraje al final uno no sabe si está viendo un sucio y desaliñado “spaghetti western”, una película de época, o un docudrama sobre la esclavitud.

El látigo de la venganza

martes, 29 de enero de 2013

ENFERMERA DE NOCHE, ÚLTIMOS ESTERTORES

Llevo varios días sin actualizar este blog, dedicado al "otro", algo tan prosaico, pensarán algunos, como el mundo de las canastas, y razón no les falta, de modo que me he puesto a buscar algún viejo destello, algún relámpago de antaño, algún trueno furioso con el que seguir alimentando esta página y a sus seguidores si los hubiere... y he encontrado unos viejos poemas cuya fecha de nacimiento no puedo recordar, pero imagino que estarían dentro de la época de mi poemario "Enfermera de noche" que he ido desgranando en pedacitos, cual Jack The Ripper de los versos, por estas páginas... los he encontrado dentro de una recopilación de poemas de jóvenes autores bercianos que a decir verdad desconozco si llegó a publicarse... a esto he llegado en la vida, a ser un perfecto desconocido de mi propia literatura... sea como fuere, considérenlos los últimos estertores de esa enfermera de noche impúdica, maldita y oscura que alguna vez azotó mis neuronas...      


"Chat au clair de lune" (Theophile Alexandre Steinlen)






Siempre llueve sobre las almenas de tus ojos

Siempre llueve sobre las almenas de tus ojos
y sobre los orificios de tus dudas,
de tus veinte años y tu alma rota
y tu herida desconsolada de un vientre sincero.

Te arrimas a la vida con voz de velero,
con una mirada de aliento nostálgico
y un beso de perdón sobre las rodillas
de las pequeñas aventuras que vivimos juntos.

No intentes descifrar mi mirada,
ni los jeroglíficos de mis arrugas.
Sólo piensa en la tormenta que se vacía en tus senos
y en tus veinte años y tu alma rota.



VUELA PLUMA

Grande es la noche que nos cobija,
pequeño el aliento que nos reprime,
grande es la noche,  el vino, y el alma,
y los pasos ensangrentados... 

Las estrellas dictatoriales marcan el destino,
sólo podemos seguir el rastro de la sangre,
la muerte segura,
la Luna,
el amor maldito
y los cohetes... 

Besos de extrarradio, películas del infinito,
años caducos, edades perdidas,
camisas magulladas y cuellos de limosna...

Perdón,
al maldito Edén por nacer tan puro y morir tan pobre,
por abrazar el Mal y la Belleza
y robar los misterios de la Vida.   

Perdón,
al maldito Dios por andar descalzo y roer sus ojos,
por lamer la Tristeza y la Miseria
y robar los misterios de la Vida.  

Perdón,
al maldito Amor por toser tan alto y tan fuerte gritar,
por besar la Muerte y  el Espanto
y robar los misterios de la Vida.    



bencedrina y seducción

Huelo tus huellas melancólicas y colecciono tus lágrimas,
te amo en un segundo,
en una conspiración silenciosa de jadeos,
en un atardecer de minutos infinitos.

Podría seguir tus pasos hasta el fin de los días
y el principio de la locura,
podría besar tus labios manchados de cicatrices
y podridos de bencedrina.

Podría iniciar una revolución,
o secuestrar al presidente de un país occidental,
o podría también escribir a mano todos los pecados que cometimos juntos.                                                              


Podría cortarte en pedacitos y venderte por cupones,
o quizá subastar tu número de teléfono y la dirección de tu camello.
                                                                                  

Podría también lamerte pero me saldrían llagas en la lengua
y la congestión se convertiría en gula.

Prefiero saberte, y de tus sábados,
y ser la comida de tu gato
y el juguete de tus niños,
y escribir tu nombre en los retretes
y tu firma en los retratos,
y vomitarte piropos
y tragedias en formas de verso.

Sabes que no tengo rima,
sólo nicotina en los pulmones.