lunes, 15 de julio de 2013

LA GRAN ESTAFA DE LA INCORRECCIÓN POLÍTICA



En boca cerrada...


Estamos rodeados. La plaga de estupidez y estulticia del siglo XXI no parece conocer límites. La sequedad intelectual expandiéndose en el cerebro del hombre cibernético, tecnológico e internauta como una mancha negra en el mar tras el hundimiento de un petrolero. En efecto, baste echar un vistazo, asomarse a las noticias para enterarse, como se suele decir, de “lo que pasa en el mundo”, para darse cuenta de que hay bocas que permanecerían mucho más lustrosas mostrándose como la de la hermana del protagonista del escalofriante episodio “It’s a good life” de “La dimensión desconocida”, esto es, selladas. Y lo peor son el arrojo y la valentía con las que el bocachancla de turno suelta sus barbaridades convencido de que sí, de que mola, de que es el más machote, el más guay, el más cool… el más políticamente incorrecto. El gran disfraz con el que se trata de camuflar lo que no viene a ser más que una profunda y preocupante incapacidad verbal, una hedionda falta de educación, y el hecho de tener un estercolero por boca. 

En España estamos sobrados de elementos de este tipo. El inefable Toni Cantó parece empeñado en quedarse con la exclusividad de la burricie. En su afán por parecer el más molón de la pandilla no sólo dispara contra animalistas, feministas, y todo aquello que pueda sonar a “progre”, si no que se intenta apuntar algún tanto de enterado de la “contracultura” y acaba haciendo el ridículo más espantoso tuiteando como actual la noticia del fallecimiento del gurú lisérgico Albert Hoffman, finado hace ya un lustro. Es lo que pasa cuando eres una momia y quieres ir de enrollado. A su altura sin duda se puede colocar el articulista y vomitador de opiniones Salvador Sostres, e incluso en el mundo de las letras encontramos algún ejemplo de este tipo, como las bravuconadas del chocho Sanchez Dragó (aunque a este le perdonamos, ya que aun siendo fantasmón, si es cierto que en muchos momentos fue una figura auténticamente reivindicativa de la contracultura en nuestro país)   



Toni Cantó, "on fire".


La mentira de la incorrección política, esa que comenzó de una manera más o menos inofensiva (llamar negros a los negros, por ejemplo), ha acabado por establecer una especie de barra libre para el despropósito. Ya puede usted soltar la mayor barbaridad imaginable, que con presentarse ante la sociedad bienpensante como una víctima de la fascista corrección política que trata de guiarnos por el camino del pensamiento único, habrá conseguido disculpar y disimular su zafia gañanería y encontrará un buen número de adeptos que aplaudirán su chusquero discurso al dicho de “he ahí un hombre que dice lo que piensa”. La creciente pujanza de lo políticamente incorrecto sirve también para desenmascarar los forofismos políticos del atroz bipartidismo que ha aupado hasta el éxito a la mayor caterva de ladrones y sinvergüenzas que jamás haya conocido este país. Según eso, que Alfonso Guerra llame “mariposón” a Rajoy no deja de ser una genial ocurrencia del lenguaraz ex –vicepresidente del gobierno, siempre dispuesto a animar el cotarro digan lo que digan los pusilánimes de turno. Bajo el mismo prisma el alcalde de Valladolid Francisco Javier León de La Riva hablando de los labios pornográficos de Leire Pajín no deja de ser un animoso cachondo cuya genialidad sólo puede ofender a los que no tienen sentido del humor, por mucho que esgriman que una persona de su rango debiera cuidarse de decir según que cosas. Esta dicotomía se puede aplicar a muchos otros ámbitos de nuestra sociedad. La chabacanería y la mala educación están presentes a diario en nuestra vida social y política. Los medios de comunicación y los programas de entretenimiento se han convertido en vastos vergeles para que indocumentados de diverso pelaje suelten por sus orificios bucales toda suerte de improperios y burradas cuanto más mayores más aplaudidas por sus acólitos y más garantes de que seguirán contando con ese trabajo “deluxe” que engorda sus cuentas corrientes simplemente por sentarse delante de una cámara de televisión a elevar la voz. El deporte, campo éste en principio destinado a fortalecer nobles valores, tampoco escapa de la gran estafa de la incorrección política, con personajes de una aplastante simpleza intelectual elevadas a la categoría de auténticos maestros del lenguaje por el único motivo de insultar a diestro y siniestro jaleados por sus “hooligans” ávidos de sus dosis de embrutecimiento diario. 

El último ejemplo de machote “echao palante” (vamos, el bocachancla de toda la vida) que ha llegado hasta nosotros nos viene desde Italia, con el vicepresidente del Senado Roberto Calderoli, quien formara parte del gobierno de Silvio Berlusconi (personaje que ejemplifica la zafiedad en si mismo y como un patán puede ser elevado a ídolo de masas por mor del triunfo de la incorrección política) y quien es miembro destacado del xenófobo y ultraderechista partido político Liga Norte, que ha comparado a la ministra de Integración del actual gobierno italiano, la doctora congoleña Cécile Kyenge,con un orangután. Llueve sobre mojado en el caso de esta mujer, ya que hace solamente un mes una consejera municipal de la misma coalición ultra utilizaba su cuenta de facebook para indignarse por el hecho de que la ministra no fuera violada (las redes sociales, otro estupendo campo para que los imbéciles de distinto pelaje campen a sus anchas, a ver quien la suelta más gorda), unido ello a que semanas antes un eurodiputado sin el menor asomo de vergüenza aseguraba que este blanco tan negro de las iras del racismo transalpino estaría mejor como criada que como ministra.   


En fin, varios ejemplos más de graciosos sin ninguna gracia, por mucho que los fanáticos de turno aplaudan estas “ocurrencias” que tanto molestan a quienes, simplemente por una cuestión de formas, pedimos que la mujer del Cesar no sólo ha de ser honesta sino parecerlo. Quizás es que en nuestra concepción de las cosas creemos que la educación y el respeto no deben estar reñidos con nada, incluso con el humor. Por eso desde este blog de las eyaculaciones verbales queremos desenmascarar la podredumbre intelectual que en realidad se esconde detrás de eso que llaman “incorrección política”, una débil excusa con la que disimular los malos modales y la falta de civismo. Echamos de menos aquellas tertulias televisivas en las que nadie elevaba el tono de voz ni las palabras de unos solapaban las de los otros. Recordamos con nostalgia cuando los artículos de opinión buscaban avivar el pensamiento y no la fácil polémica. Evocamos las buenas costumbres, esas que nuestros ancestros nos enseñaron, y seguimos pensando en una sociedad en la que servir y no servirse. Basta ya del engaño y la mentira de la incorrección política, que lejos de estar mal vista o perseguida, goza de mayor salud que nunca, o si no, piensen sinceramente… ¿qué tipo de sociedad permitiría que sujetos como Kilo Matamoros o Belén Esteban fueran figuras mediáticas, si no una políticamente incorrecta?    



La parada de los monstruos.


viernes, 12 de julio de 2013

RETRATO DE MENDIGO APOSTOLADO TRAS UN BANQUETE DE BARBITÚRICOS EN EL PORTAL DE BELÉN


"Retrato de locura" (Tete Alejandro)




Yo iba para santo y me quedé en escaparatista,
Por eso cada tarde a las Torcuato en punto
Invento una jerga nueva para las palomas a las que alimento
Y destrozo a martillazos las cabinas telefónicas buscando a Clark Kent

Dejé escapar la oportunidad de hacer negocio con el himen de las hienas
Y como un crisantemo preparado para el Apocalipsis
Busco rastros de carmín en las colillas de las cloacas
Allá donde vivo

Y que bueno y barato el perfume que se percibe tras la esquina
Y que firmes esos senos
Y que modales tan exquisitos los de esa señorita octogenaria
Y que culo tan prieto
Y que educado el dromedario que dispensa cigarrillos
Y que joroba tan henchida de amor    

Yo iba para santo y me quedé en escaparatista
De las caras de Bélmez que me sonríen cada mañana

Esta noche cenaré isobaras de pasión y plenilunios de tormenta


martes, 9 de julio de 2013

DEL ASESINATO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES

"I can't seem to face up to the facts
I'm tense and nervous and I
Can't relax
I can't sleep 'cause my bed's on fire
Don't touch me I'm a real live wire"
("Psycho Killer" Talking Heads)


James Purefoy/Joe Carroll, el rostro del miedo.


Entre 1827 y 1829 el genial opiómano inglés Thomas De Quincey escandalizaba a la sociedad de su época asomándose en la publicación Blakwood’s Magazine con dos artículos en los que cargado de fina ironía advertía del potencial artístico del asesinato. Dos siglos después y viendo la fascinación que produce en nuestra cultura la figura del psicópata y que el poder icónico de Ed Gein o Charles Manson se cuela en la misma imaginería colectiva que los de Elvis Presley o The Beatles, hay que reconocer que como en tantas otras cosas, De Quincey, al igual que otros literatos “malditos”, fue un adelantado a su tiempo. 

He seguido con enorme gozo los quince episodios que han compuesto la primera temporada de la serie norteamericana del canal CTV The Following. Un espacio que en la época de De Quincey hubiera sido tan controvertido y escandaloso como su ensayo sobre la estética homicida, y hoy no pasa de ser un mero producto de entretenimiento, pero que para quien esto escribe resulta tan fascinante que creo que merece un puñado de líneas. 

Hablamos de una serie perversa, morbosa, sádica, insana y enfermiza. Si este tipo de calificativos le producen al lector repelús, huya de este programa como un ministro del PP de los periodistas. Si al contrario, como le sucede a este humilde eyaculador de palabras, siente usted un gratificante cosquilleo al tratar estos asuntos, encontrará en la serie un auténtico filón de buenos momentos. Algo así como el perfecto tratado televisivo sobre los asesinos en serie. Esta obra de ficción parte de una base realmente aterradora, la de que cualquiera de nosotros puede ser un psicópata en potencia. Sobre todo si se activan ciertos “resortes” de nuestra personalidad manipulados por mentes como la del magnífico villano Joe Carroll, sobre el cual el actor James Purefoy moldea una composición del personaje absolutamente arrebatadora, tanto es así que se convierte en la gran baza de The Following. Un villano de antología. Purefoy es un refinado y exquisito intérprete británico proveniente de la prodigiosa cantera de la Royal Shakespeare Company (a la que perteneció, entre otros y otras nuestra querida Diana Rigg, la inolvidable Emma Peel de Los Vengadores y a quienes las generaciones más jóvenes pueden conocer por su papel de Lady Olenna Redwine en Juego De Tronos) Disfruten de su trabajo en versión original. Recréense con su vocalización perfecta y su dicción incontestable. Paladeen cada vez que este villano entra en escena porque cada segundo suyo en pantalla es memorable. Purefoy construye un psicópata creíble sin necesidad de caer en el histrión. Sólo con su mirada y la sensación de posesión de un egocentrismo insaciable el actor inglés logra crear uno de los mejores psycho killers de la ficción de todos los tiempos. Frente a él da la talla (¡y de qué manera!) un Kevin Bacon al que los años parecen sentarle muy bien y se ha convertido en todo un FILF (lo que sería el equivalente masculino a las MILFs) Quien fuera rostro habitual en muchas comedias juveniles estadounidenses en las décadas de los 70 y 80 interpreta al hierático agente del FBI Ryan Hardy, némesis de Carroll, en una interpretación contenida pero plagada de fuerza. A través de los vidriosos ojos azules de Hardy contemplamos un alma en constante lucha por no caer en el quebranto al que incita la mente maestra de Joe Carroll y su retorcido plan de muerte y venganza. Purefoy y Bacon mantienen un pulso actoral memorable, dos titanes en pleno estado de forma. 

El enfrentamiento entre el recto Hardy y el malvado Carroll constituye el eje central de la trama, simplificando ambos protagonistas las fuerzas del “bien” y el “mal” respectivamente. Una confrontación en la que las segundas parecen resultar triunfadoras, ya no sólo por el desconcertante final de la temporada (que no vamos a desvelar) si no por la capacidad de Carroll para conseguir aliados entre quienes debieran ser sus enemigos. “Nos hace sentir vivos”, “por fin nuestras vidas adquieren sentido”, son los mantras esgrimidos por los seguidores de este mesías del crimen, los cuales vienen a significar una dolorosa realidad: sus vidas, anteriormente, eran un ejercicio de vacuidad. En eso se basa la existencia de las sectas y su captación de miembros. La fragilidad emocional de aquellos que se ven perdidos y necesitados de alguien que les marque el rumbo. Y en ese sentido tanto puede valer una estrella del fútbol o del rock como un mártir religioso o un serial killer… claro que en el último caso las consecuencias pueden ser, evidentemente, funestas. El escalofrío que produce The Killing adquiere fuerza en la evidencia de que en un mundo globalizado y conectado entre todas sus neuronas las 24 horas del día la figura del psicópata, del monstruo, tiene más posibilidades que nunca de alzar la voz y ser escuchado (y lo que es peor, seguido) Ya no se trata de un Adolf Hitler que se dirija a una nación haciendo un llamamiento al genocidio. Joe Carroll, profesor de literatura y novelista fracasado con una patología psicópata que le obliga a matar compulsivamente es capaz de reclutar un pequeño ejército simplemente con la ayuda de ese instrumento que ha venido a cambiar nuestras vidas: internet. Anodinos oficinistas, aburridas amas de casa, rutinarios funcionarios, o jóvenes estudiantes en busca de emociones fuertes. Cualquiera puede sentirse atraído hacia el lado oscuro de nuestras mentes y desear abrir los habitáculos más retorcidos de nuestros pensamientos. Este es básicamente el planteamiento de The Following, que deja para la posteridad catódica algunos de los momentos más sádicos de la historia de la televisión reciente (el niño secuestrado y aleccionado para el asesinato a raíz de primero enseñarle el placer de matar pequeños animales mientras sonríe a una cámara para que su madre sea testigo, o el acólito de Carroll que tras fracasar en una misión se entrega cuchillo en mano a su líder para que obre con el sacrificio de su vida, por citar dos de los más brillantes)


Y esto es la ficción, pensarán algunos. Pero créanme que la realidad puede llegar a ser mucho más aterradora que cualquier episodio de The Following. En Estados Unidos cada hora se producen tres muertes por arma de fuego (y hablamos únicamente de armas de ese tipo), siendo el país que domina de manera absoluta el ranking de asesinos en serie (más del 70% de los casos) La fascinación que producen estos personajes es notoria. Charles Manson (quien recordemos, no llegó a asesinar a nadie con sus propias manos pero ejerció de instigador de los crímenes de Cielo Drive) cuenta con numerosos clubes de fans alrededor de todo el globo. El satánico hippie es posiblemente el caso más reconocido de atracción por la figura maligna dentro de la cultura occidental. Pero en la culta y educada Europa tampoco nos quedamos atrás. Ahí está el caso del noruego Anders Breivik, el psicópata xenófobo de extrema derecha autor del asesinato de 77 personas en 2011, quien mantiene un activo contacto epistolar con su legión de fans, o nuestro sangrante caso de Miguel Carcaño, asesino confeso de la joven Marta del Castillo, quien también tiene su club de admiradores, en especial admiradoras, jovencitas increíblemente atraídas por la fascinación malvada que despierta en ellas el precoz criminal. Y es que la realidad siempre supera a la ficción. De Quincey hubiera necesitado toneladas de opio para haberlo podido asimilar.  

viernes, 28 de junio de 2013

SOLILOQUIO CIRCUNSTANCIAL DE LOS GRILLOS EN PRIMAVERA


"Los tigres" (Salvador Dalí)



Bajo las palmeras,
Agitando la vida en burbujas de metacrilato
Subyace el veneno de los felinos que no se dejaron domesticar.

No comen de la mano de nadie
Pero beben sobre el abdomen de sus hijos bastardos
Y olisquean el trasero de la necedad. 

“Van como locos”, susurra una vieja
Encerrada en una urna de cristal conectada a un estúpido “reality show”.   

“Tienen un aire descarnado”, afirma un retratista circunspecto.

Mientras tanto preparan una infusión de moscas en sus tazas de té
Y untan de excremento los panecillos de su merienda. 

Uno de ellos desabrocha su albornoz
Y se antoja un coro de mariposas fálicas
Una orquesta que resuena gritos de champán
Y toneladas de semen de tormenta. 

“Esta juventud no respeta nada”, espeta el mayordomo de una secta nudista
Que frota una lámpara de aceite con olor a ricino. 

“Son el sueño de la razón, que produce monstruos”, sentencia un hombre llamado caballo. 

Para concluir la fiesta una por una van desfilando las once mil vergas de Apollinaire, saludando a la audiencia y portando banderas de países exóticos como Sesofralandia, la República Bergumesiana o El Satrapador. 


“Van como locos”… 

martes, 18 de junio de 2013

PAQUITO





Hoy hace ocho años que perdíamos a un buen amigo. Ocho años en los que su recuerdo no ha dejado de cobrar fuerza, pero en los que por otro lado el paso del tiempo ha ayudado a cicatrizar la herida por su perdida. Cada vez que los numerosos seres queridos que nos hemos quedado aquí pensamos en él lo hacemos con una enorme sonrisa en la boca, pero créanme, muchísimo más pequeña que cualquiera de las suyas. 

La muerte, esa maldita compañera de la vida con la que nos debemos acostumbrar a vivir. El Eros y el Thanatos. La dualidad que nos hace humanos. Todos nacemos con una enfermedad mortal: la vida. Estar vivo es estar sentenciado a muerte. Vivir es ir muriendo, que decían los barrocos. Para compensarlo, cada día que vivimos es un día en el que somos inmortales. Todos somos inmortales hasta el día de nuestra muerte. Como ven, nada hay mejor para la divagación que la propia esencia y existencia de la vida y la muerte, ya que la esencia de la vida conlleva la esencia de la muerte, y viceversa. Y con todo ello aún así sabemos que ningún golpe de, volvemos a ella, la vida, puede ser comparable al puñetazo irremediable de la muerte. 

La muerte se instala en nuestra vida cuando perdemos a alguien querido. El resto de nuestros días estarán ya marcados por esa ausencia. Ausencias más dolorosas cuando la persona que se va es alguien que parte demasiado pronto, como si la lógica, si es que existe, de nuestra especie dictase que no tocaba. A mis años ya he visto irse a un pequeño puñado de amigos, y duele. En 1998, en uno de esos veranos que se antojaba inolvidable, perdimos a dos de golpe. La maldita carretera en una noche del estío. Fue entonces cuando decidí que no podría hacer frente a algunas muertes, pero tendría que sobrevivir con ciertas ausencias. Por ello mi mente se puso a trabajar en buscar alguna solución evasiva. Mis amigos no habían muerto, pero es cierto que se habían ido. A un sitio demasiado lejano como para poder volver a verles, pero donde seguirían siendo felices y eternamente jóvenes. 

Paquito Bendito se fue en 2005 y evidentemente no lo he vuelto a ver. Pero no me cuesta imaginarlo envuelto en una toga y bailando rock’n’roll rodeado de despampanantes mujeres en algún remoto paraje donde ningún hombre ha llegado jamás. Y siempre que paso por Orbita en plena A6 camino del noroeste y recuerdo una de sus coñas favoritas (“¡mirad amigos, estamos en órbita!”) pienso: “¿qué andará haciendo el cabrón éste?” 

Por si acaso, por si realmente está montándose una buena juerga en un sitio realmente tan lejano y tan remoto al que no voy a poder acceder y me quedo con las ganas… sólo por eso, déjame que me eche un trago a tu salud, viejo amigo.  



miércoles, 12 de junio de 2013

GRECIA SE QUEDA SIN VOZ




Sin voz, sin ojos, sin oídos… como los tres monos místicos de la cultura japonesa. Oír, ver y callar. Sumisión a un sistema cada vez más voraz y con armas más afiladas. La voz del pueblo, silenciada. El ojo público, arrancado. 

Tres mil trabajadores despedidos y en la calle es el último sacrificio exigido por la troika a un pueblo al que, como al nuestro, le seguirán mintiendo con el infame mantra de que han vivido por encima de sus posibilidades. No hubo aviso previo. Ni siquiera votación parlamentaria. Tan sólo un decreto ley de urgencia para que el pueblo siga alimentando a los amos del cortijo. Ni en las peores épocas del feudalismo. Europa y su regresiva espiral de autodestrucción. El sueño húmedo de las elites más cruentas parece cada vez más próximo. La desaparición de cualquier tipo de soberanía nacional. De cualquier orgullo e identidad en los pueblos. La extinción de los estados y con ellos, sus servicios públicos. Todo el globo terráqueo convertido en un inmenso tablero de Monopoly para comprar, vender y especular a gusto. 

Fundada en 1938, la ERT (Elliniki Radiofonía Tilerasi), sólo vio interrumpida su actividad durante la ocupación nazi. Ni siquiera claudicó ante la conocida como “Dictadura de los Coroneles” durante las décadas de los 60 y 70 (el régimen creó su propia emisora, la YENED, posteriormente absorbida por el ente público y rebautizada como ERT-2) Ahora, una nueva dictadura, la del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europa, esa troika salvaje que nos está dejando sin sangre a los ciudadanos del continente para después sin el menor pudor redactar vergonzosos informes afirmando “perdón por las molestias amigos, nos equivocamos en las previsiones”, finaliza con 75 años de radiotelevisión griega al servicio de su pueblo. 

martes, 11 de junio de 2013

AMOR Y ODIO


Harry Powell, inspiración atlética.



Algunos de ustedes ya lo saben. He abrazado una nueva religión. Quizás estén imaginando algo parecido a una secta satánica con vírgenes vestales, sacerdotisas de senos sinuosos únicamente vestidas con capas escarlata, y enormes y negros rottweilers. Lamento desilusionarles. Se trata de algo mucho más prosaico, pero cargado de fervor religioso igualmente. Me estoy refiriendo a la religión del “running”. 

Dicen que es una moda, aunque yo creo que el hombre siempre ha corrido, de igual modo que también se ha corrido. Es cierto que no paro de ver gente corriendo, pero también es cierto que ahora me fijo más que antes y los veo como correligionarios (estupendo vocablo, y proclive al juego de palabras para este caso, “corre”, “legionario”) Es posible incluso que tanta gente practicando este saludable hábito obedezca a la necesidad y la supervivencia debido al suicida estilo de vida occidental que todos hemos abrazado. Un ritmo de vida bestial en el que nos obsesionamos tanto con exprimir el tiempo que al final somos incapaces disfrutar del mismo, lo que viene a ser lo mismo que ser incapaces de disfrutar de la vida. De hecho en mi caso particular fueron una serie de problemas relacionados con esas cosas de la ansiedad, el estrés, la hiperactividad, la angustia y como no, eso que llaman “mala vida” lo que me empujaron a decidirme a quemar adrenalina de este modo tan natural. Por tanto tuve que tragarme muchas de mis convicciones, como la de que “correr es de cobardes” o la de que “que corra el balón” para calzarme las mallas (y consecuentemente marcar paquete) y echar a correr. Fue recuperar aquellos años colegiales en los que fui corredor de fondo, medio fondo y cross. Esas madrugadas en las que sonaba el despertador a las seis de la mañana en pleno invierno berciano para subir por piernas al Pantano de Bárcena mientras mi entrenador se quedaba levantando pesas en el gimnasio con su pandilla. Pero las cosas son muy distintas ahora, y esa magia ochentera (primeras pajas, cassetes de doble pletina, etc) han dado paso a la gris madurez de los cuarenta años, con unos pulmones castigados por dos décadas de nicotina y unas piernas que si responden es gracias al entrenamiento a las que las han sometido las animosas noches bailando “northern soul”. 

Hubo que desengrasar la oxidada maquinaria, y poco a poco fueron cayendo los kilómetros. De modo que a día de hoy soy capaz de pasar de los diez mil metros con relativa facilidad y mantenerme durante una hora seguida corriendo. No está mal teniendo en cuenta mi más reciente pasado. Evidentemente sesenta minutos corriendo y sudando en soledad dan para mucho. Es un fantástico ejercicio de introspección y conocimiento de uno mismo, quien logra por momentos aislarse de todo lo que le rodea. Desgraciadamente no es fácil lograrlo por completo, y menos en una ciudad como Madrid, donde por mucho que te empeñes en buscar espacios verdes, parques, o calles poco concurridas, te acabas encontrando con infinidad de “enemigos” que por un lado dificultan lo que para el practicante ha de ser tanto un ejercicio físico como mental, pero por otro pueden incluso servir de estimulante y acicate. Así es como he llegado a la conclusión de que mis dos grandes motores a la hora de correr son, cual moderno Harry Powell de nudillos tatuados, el AMOR y el ODIO. En definitiva los grandes impulsos que han movido a la humanidad desde que el hombre es hombre y Bibi Andersen mujer. 

Y sí amigos, siento AMOR. Amor por el viento que golpea mi cara. Por los rayos de sol que acaricia mi cuerpo. Por el cielo que me sirve de techo. Amor por la naturaleza que me rodea. Por los árboles que saludan mi paso. Amor por la vida. Por el cielo azul. Por la salud. Por el regalo de la vida y por esos minutos de total libertad. Amor por todas las criaturas, grandes y pequeñas. Amor por cada gota de sudor que surca mi piel, expulsando los venenos a los que nos sometemos a diario. Amor por la magnífica, grandiosa, inabarcable e infinita comunión entre el hombre y la tierra. 

Pero ese AMOR pronto se torna en ODIO. Odio por los coches y su frenético devenir que destrozan la natural comunión antropológica. Odio por sus estúpidos conductores que necesitan el vehículo para ir de Arturo Soria a Chamartín mientras engordan su maldito culo. Y entonces recuerdo al inolvidable Profesor Avenarius que Milan Kundera creó en “La Inmortalidad”, y su cruzada contra los automóviles, a los que acusaba de destrozar la belleza arquitectónica de las ciudades. ¡Cuánta razón amigo Avenarius!, no en vano fuiste creado bajo la inspiración de Richard Avenarius, padre del empirocriticismo. Y es que el bueno de Kundera siempre fue un filósofo disfrazado de novelista, o un novelista con vocación filosófica, lo mismo es. El caso es que ese pensamiento me llena de alegría, y recuerdo el descubrimiento que supuso para mí leer “La Inmortalidad”, y de inmediato me vuelvo a sentir henchido de AMOR. Amor por la literatura, por las novelas, grandes y pequeñas, por el verbo y la palabra. Amor por el arte que enriquece el espíritu. Por la creación intelectual. Por la música pop. Por el cine. Por los comics. Por todo lo bueno que es capaz de salir de las manos y las mentes de los seres humanos. Y amo por consiguiente a mis semejantes y a la especie humana a la que pertenezco. Pero luego pienso que esas mismas manos son las que fabrican armas, bombas, y como no, coches. Coches horribles para horteras orgullosos. Coches veloces para bacaladeros de mandíbula apretada y rechinar de dientes. Y pienso que esas mismas mentes son las que crean spots televisivos de San Miguel o canciones de David Bustamante, y entonces vuelve el ODIO, con mayor fuerza que antes, que se acrecienta cuando me enfrento a algunos congéneres a la vez que corro. Y odio a ese cartero despreocupado que casi me arrolla con su carrito por caminar despreocupado comiendo pipas y dejando las calles llenas de suciedad. Y odio también al niñato gilipollas que en un barrio rico se las da de rebelde consumiendo su tiempo entre porros y litronas de cerveza. Y odio, y a estos por encima de los demás, a los figurines trajeados que lucen gomina cuando salen de los inmensos edificios de sus grandes empresas para fumar y contaminar ese aire puro que yo trato de disfrutar. Odio sus trajes, sus corbatas, sus trabajos, y todo lo que representan. Porque en ellos está lo peor de nuestra sociedad. En ellos está esta NO filosofía de vida, esta NO vida, este NO tiempo. En ellos está el materialismo, el consumo desaforado, y el sentido de la vida en base a la acumulación de riqueza. Apóstoles del “tanto tienes tanto vales”, han asesinado sin piedad el regalo de la vida como experiencia de conocimiento entre el ser humano y su natural entorno. Han destruido toda esperanza de riqueza del tiempo con un ritmo de vida infernal y toda belleza vital con un mundo cada vez más tecnológico, artificial y esclavizado. Malditos. Y sigo corriendo y odiando, tropezando y esquivando cuerpos de congéneres, muchos de ellos, seguro, muertos por dentro. Y surgen de repente las madres empujando amenazantes coches de bebes a mi paso y mi tentador primer impulso vuelve a ser el del ODIO, pero de inmediato reflexiono. Una madre y su hijo. Pocas imágenes tan poderosas para explicar al mismo tiempo la grandeza y la simpleza de la vida. Y aparecen los ancianos de renqueante paso que entorpecen mi camino, y también amenaza el primitivo deseo del ODIO, pero de nuevo reflexiono. Y pienso, y comprendo, y respeto, esa sublime ancianidad plena de sabiduría del ser humano. Y cuando veo esos ancianos en pareja la emoción se acrecienta y casi deja asomar el llanto. Los imagino toda la vida juntos, compartiendo alegrías y desdichas por igual apoyados el uno en el otro, intentando derribar la realidad existencialista y solitaria del ser humano y tratando de ser un mismo ente y no dos. Y me enternezco tanto cuando veo y pienso todo ello que lo único que siento es AMOR. Amor de nuevo por la vida, por las mujeres, por los hombres, por los amigos, por los compañeros. Amor por mi pareja. Amor por la posibilidad de vivir una vida juntos. 

Y así continúo balanceándome entre el AMOR y el ODIO como el Asombroso Spider-Man se balancea entre los edificios de la ciudad de Nueva York, y cuando me doy cuenta ya llevo corridos diez kilómetros.  

Y este, amigos, es el verdadero motor de mi pasión por el “running” y mi auténtico impulso a la hora de correr, y no, como algunos habíais pensado, llevar a Chiquetete en el ipod.