jueves, 3 de octubre de 2013

EL VIEJO Y EL BAR


La vida es así. Te levantas un día y eres huérfano. De padre, en este caso, y sólo Dios sabe con cuanta fuerza deseo no serlo jamás de madre. 
De modo que un buen día te enfrentas con la cruda realidad de contemplar a ese señor que sembró tu vida tieso como la mojama y frío como el mármol embutido dentro de un maldito ataúd y con un rictus a lo Bela Lugosi en sus peores días. Lo cierto es que llevaba años viendo así a mi padre, gracias, o más bien, debido a la desgracia de unos últimos años de "no vida" con los que fue obsequiado. Ésta ha sido su lotería. Después de toda una existencia jugando a ella, como tantos españolitos de a pie buscando un golpe de suerte que cambie sus vidas, esta fue realmente la lotería que le tocó. 
En realidad poco conocí de mi padre en sus más vigorosos y joviales momentos. Vine al mundo cuando él ya gastaba 48 años y era ese hombre recto y de rostro circunspecto obsesionado con el trabajo y su negocio, un pequeño bar de esos de "echar la partida", plagado en su mayoría de malencarados clientes, rudos camioneros de educación pleistocénica, pero también, los menos casos, algunas personas realmente agradecidas con el buen trato recibido siempre en el local. Buenos hombres, buenas personas que realmente apreciaban a mi padre y a la familia. Ya digo que son los menos, pero justo es reconocerlo. El resto, simplemente alimañas ponzoñosas formando parte de un paisanaje infame, un estercolero de lo peor de la condición humana. Racistas, machistas, fascistas y homófobos y capaces de liarse a puñetazos por una mísera peseta escamoteada jugando a "la subasta". Pero es la vida que recuerdo de mi padre. Atado a ese pequeña taberna alcohólica y humeante donde se consumieron gran parte de los años de la vida de mi núcleo familiar. Mis padres, mis hermanas y yo. Y el gran hombre, el cabeza de familia, ahí esclavizado en esa trituradora de la vida que era su bar para sacar adelante una casa y unos hijos. Como si la obra de su vida fuera una sátira de aquella novela de Hemingway a la que sólo haría falta cambiarle una letra, "El viejo y el bar".  
Y es que en verdad que recuerdo a mi padre siempre viejo. Y débil, y enfermo, e infartado. Y verlo ya no siendo ni adolescente entubado en una Unidad de Cuidados Intensivos te espabila y te recuerda que la vida no es una feliz teleserie norteamericana con risueños boy scouts que se van a pescar truchas con sus padres, sus ídolos, sus héroes, mientras éstos descorchan las primeras cervezas para sus chavales y les descubren los secretos de la vida y las mujeres y hablan de cual va a ser el primer coche que les compren compadreando sin parar y dándose codazos de complicidad diciéndoles "a tu edad yo las tenía locas". No, mi padre no fue ni mi ídolo, ni mi héroe, ni mi colega, ni mi compadre, ni me llevó nunca a pescar, ni al fútbol, ni siquiera al cine, ni nunca me eché un trago con él. Mi padre era un señor que se deslomaba a trabajar y que consumía su vida rodeado de unos cuantos hijos de puta que la mayoría de las veces ni le daban las gracias. Borrachos, ludópatas, ladrones, maltratadores, y perdedores en general, que en la barra del Bar Liceo encontraban su desahogo y a veces incluso caridad en forma de algún billete que mi padre alargaba con la promesa (que no la esperanza) de ser devuelto. Y mi padre se deslomaba por toda aquella mierda y yo sin saber porque. Supongo que precisamente por esa rectitud y dignidad con la que se gobernaba por la vida y que se adivinaba con sólo escrutar su rostro serio e impenetrable. No he conocido a un tipo más serio en mi vida que mi padre. Y miren que yo me tengo por un tipo serio, pero no tiene nada que ver. Lo de este hombre era otra cosa.  
Recuerdo la primera "muerte" de mi padre, "la muerte del padre como héroe". Yo era un niño aprendiendo a afrontar una adolescencia incipiente llena ya de obsesiones (música pop, baloncesto, comics...) que jamás abandonaría, o me abandonarían, o nos abandonaríamos mutuamente. Había finalizado los inocentes estudios de Básica entre ostias y hostias en un colegio de curas, y estaba loco por dos bandas musicales. Siniestro Total, intramuros, y  fuera de nuestras fronteras The Housemartins. Realmente eran mi banda favorita. Nada me volvía más loco que escuchar a aquel cuarteto de alocados suedeheads de Hull que con un solo LP para mí habían escrito una auténtica biblia de la música pop. Yo tenía 13 años y los nervios, mis putos nervios, ya a flor de piel para electrificarme con aquellas descargas adrenalínicas de poco más de dos minutos. En definitiva la música que me iba a acompañar, y así ha sido, toda mi vida. Un año después aquellos marxistas británicos de pelo corto y polos Fred Perry publicaban su segundo LP, el contundente, impresionante, vigoroso y vital "The people who grinned themselves to death". Lo que en "London 0- Hull 4" no pasaba de ser un mero apunte, una leve caricia, una amable finta que quizás no llegase a hacer daño, en este segundo trabajo se convertía en un puñetazo de puta y pura vida golpeando sin piedad desde el primer momento en que tu temblorosa mano dejaba caer la aguja sobre el primer corte del disco. Era un viernes por la tarde cuando presa de los nervios corrí a la tienda más cercana a hacerme con una copia de aquel LP. Hablamos de 1987 y de una semana en la que mi padre, simplemente, se encontraba "mal". Era un sábado por la mañana, esos sábados por la mañana que siempre habían sido mis momentos favoritos de la semana, cuando Paul Heaton atronaba a mis vecinos desde aquellos surcos de la melancolía eléctrica mientras yo disfrutaba del baño pensando en las aventuras que me podría deparar aquel sábado, otro de aquellos sábados en los que éramos reyes. Y sonó el teléfono. Y alguien de mi familia con voz resquebrajada hilvanaba frases en las que podía reconocer palabras como "tu padre" e "infarto de miocardio"... y todo cambió para siempre. Algo así como el fin de la inocencia consumado. El cabeza de familia, el hombre de la casa, luchando por su vida en una fría UCI. Y a partir de ahí una jubilación anticipada que nunca cumplió, porque no sabía hacer otra cosa que trabajar, y por mucho que yo lo intentase ("papá, te pongo una película de John Wayne en el video, de las que te gustan") nada podía apartar al viejo de su bar. 
Catorce años después las cosas no iban mal. El viejo se cuidaba como un campeón. Comida sana, paseos diarios, metódicas revisiones de su cascado corazón que respondía al mimo recibido. La telenovela quebrada, con sus luces y sombras, seguía su curso. Y era otro viernes por la tarde cuando en mi habitación escuchaba el imprescindible "All that may do my rhyme" del querido majareta Roky Erickson. Y volvió a sonar el teléfono. Era mi madre y era otra de esas noticias que nunca olvidas. Un brutal atropello en plena vía, hijo, a tu padre se lo han llevado por delante. Y parece que está consciente, pero hablan de derrame cerebral. Y mi melomanía que revive y recuerdo al pobre Stiv Bators, atropellado en Paris y que se había ido a casa tan campante para morir aquella noche de la hostia recibida en el cerebro. Y mi madre y yo en un taxi a desde Ponferrada a León, donde lo habían llevado porque era cuestión de vida o muerte... y más noches, ahora muchas más, de fría UCI, de hospital, de mi madre y yo turnándonos con idas y venidas a Ponferrada porque no podíamos cerrar el negocio, porque teníamos que comer, porque nunca hemos sido ricos ni pudientes. Y el viejo despertó del coma, sí... para vivir un infierno de once años que definitivamente prefiero no recordar en estos momentos. 
Créanme que tardé muchos, muchos años, en atreverme a volver a poner sobre un plato tanto el disco de los Housemartins como el de Roky Erickson. Vinilos malditos y prendidos para siempre a un mal recuerdo. Tardé años en superar aquello.
De modo que llegado al mundo cuando el viejo ya calzaba casi cinco décadas de existencia no pude conocer nada del picha brava y juerguista que fuera mi padre antaño. Sólo rumores de que había sido el animador de muchas fiestas populares por esos pequeños pueblos perdidos de las montañas lucenses, luciendo su apostura y galantería y esos ojos azules (que ya es mala suerte que yo no heredara) que le hacían sin duda uno de los solteros más atractivos de la zona. Hasta que llegó mi madre, claro. Y luego historias de lucha conjunta entre una pareja, él ya maduro, ella veinteañera, que se lanzan a la vida en la España de la posguerra cogiendo un barco a "las américas", en ese constante tópico migratorio de nuestro pueblo. Y a trabajar como burros, y los hijos que van llegando, y una vida que al fin y al cabo se realiza en plenitud. Un hombre que tiene su propia casa, su propio negocio, su propia familia. Su hogar donde descansar y dormir junto a su mujer mientras los chicos juegan y se divierten. Finalmente una feliz teleserie norteamericana, sólo que muy a la España del Noroeste en plena Transición y con un hijo pequeño cardiópata, hipotenso y miope en vez  del Kirk Cameron de turno. Un hijo que en el momento de la despedida se da cuenta que apenas conoció a su padre, y es consciente de que su padre apenas conoció a su hijo.   


Creando familia.


Sonoras discusiones el día que le reproché como pudo haber sido cazador y atreverse a quitarle la vida a seres vivos, o cuando le pedí dinero para comprarme una guitarra eléctrica (una Hohner de caja de segunda mano), recordándole aquello que me había dicho de que cuando necesitase algo nunca me iba a faltar. O el día que me pidió que mientras él viviera no bebiera, de la borrachera con la que me presenté a casa. O las continuas broncas por meter a otros juerguistas que no tenían donde caerse muertos en mi casa de mi madrugada. O la noche que sin querer me cargué la reja corredera con la que cerrábamos el bar, sacándola del carril, a las doce de la mañana, sin posibilidad de llamar a nadie que la reparara. Me amenazó diciéndome que me iba a quedar allí toda la noche guardando la puerta "hasta que mease Dios". Que risas, sí, que risas. Que mala hostia tenía el hombre.
Y así es la vida, hay que decir nuevamente. Una vida como tantas y anónima como la que más. Pero es parte de la mía. A veces afirmamos con mucha frivolidad que se va parte de nuestras vidas cuando hay alguna perdida. Y para alguna gente de nuestro barrio se habrá ido parte de la suya con aquel viejo que pasaba las horas apostado en la barra de un ruidoso bar donde cabían todas las blasfemias... en mi caso también... claro que aquel viejo era mi padre. El único que he tenido.       

Y le quería.     


Al pie del cañón

jueves, 12 de septiembre de 2013

RELAX, DON'T DO IT, WHEN YOU WANT TO GO...



"Me da iguaaaaaaal... ¡me encanta!"



El espantoso ridículo protagonizado por nuestra candidatura olímpica y etílica (buena fiesta la que se metieron en el avión la última parte de la grandísima y costosa expedición que entre todos hemos pagado) durante el pasado fin de semana en Buenos Aires deja al aire varias y relucientes vergüenzas de gran parte de nuestra clase política, de esa casta que dirige nuestros destinos, que nos lleva por aquí y por allá, nos recorta por un sitio y por el otro, o nos exprime de cualquier manera posible.   

La ínclita Ana Botella ha sido objeto de gran parte de las burlas de la despechada ciudadanía, la cual, por decirlo de un modo suave, está hasta los cojones de tanto mamoneo. Poco peaje me parece el de aguantar unos chistes para quien es alcaldesa de una de las principales ciudades europeas y hasta el año pasado recibía un sueldo de más de 94000 euros anuales sin haberse presentado nunca a unas elecciones. En efecto, la imagen paleta y chusquera de la primera dama madrileña ha sido más propia de la arrabalera protagonista de alguna de esas películas españolas que tanto detestan los votantes de su partido que de la de quien debiera ser una de las figuras más relevantes de nuestro país y de parte de Europa debido al importante cargo que ocupa. Y ahí han estado rápidos y al quite sus palmeros. No saber hablar inglés no importa, alegan. Como si el no dominar el idioma más importante del mundo fuese una cuestión baladí y sin importancia para el alcalde de una capital europea. Supongo que tampoco importa si no sabe colocar un país en el mapa, si no logra distinguir un Velázquez de un Murillo, si no conoce la historia de la ciudad de la que es mandataria, o si directamente no ha abierto un libro en su puñetera vida. ¿Qué importa eso para ser una buena alcaldesa?, ¿qué más da el ridículo al que nos pueda arrastrar a toda una ciudad y a todo un país?  

Vivimos inmersos en una devastadora crisis, esa que nos hace ir todo el día con la laca y una estaca a cuestas (“con laca estaca yendo”, nos dicen), una crisis cuyo análisis más superficial (pero en absoluto incorrecto) nos indica como la voracidad de los mercados y el capitalismo desaforado (y volvemos a repetir el viejo pensamiento de tantos pensadores y filósofos, el capitalismo en si no es un problema, el problema son los excesos de ese capitalismo) han tensado la cuerda y roto el pacto no escrito según el cual los trabajadores dábamos una cantidad de horas de nuestra vida y nuestro trabajo a cambio de una existencia más o menos digna, con una cierta calidad de vida, y una serie de servicios sociales a nuestra disposición, de los cuales poder disponer independientemente de las posibilidades materiales de cada uno, ya que no sólo es que no todos seamos ricos… si no que cruelmente la existencia de ricos (o peor aún, los hoy llamados “super ricos”) implica necesariamente la existencia de pobres (y por supuesto, de “super pobres”) 

Pero debajo de esa crisis a la que nos ha llevado la ambición desmedida de quienes no ven a la humanidad más que como un banco de pruebas, una mesa de laboratorio, o un ejército de cobayas, se halla otra crisis igualmente profunda y manifiesta. Una crisis de valores de todo tipo, morales, éticos, humanos… una falta de exigencia propia y ajena y un desalojo absoluto de pudor y vergüenza. Todo vale. Barra libre. Ya hemos comentado en alguna ocasión por aquí la“trampa” de la incorrección política que sirve para disfrazar los malos modales, la pésima educación, y el ataque a todas las normas de civismo y convivencia. Incorrección política también es permitir que nuestros líderes vivan desprovistos de los citados valores y de la exigible educación y preparación para sus cargos. Y eso, como decimos, es también una crisis. Les consentimos todo, y ellos, inútiles e incapaces de luchar por nuestros derechos (muy al contrario, se bajan los pantalones y su trabajo es una constante felación a poderes aún mayores, esperando futuras recompensas que obtendrán una vez que hayan exprimido hasta nuestras últimas gotas de sangre y sudor), ni siquiera son capaces de aprender inglés para manejarse por el mundo, ya que es mucho más interesante para sus cargos pasar el día en la peluquería. Y se lo seguiremos consintiendo. Y les seguiremos votando. 

Esta es la auténtica tragedia. La de en menos de tres décadas pasar de tener una gigantesca figura intelectual como alcalde, profesor de universidad en Estados Unidos, y autor de medio centenar de obras literarias de pensamiento y ensayo, a ver como se apoltrona una señora no elegida por nadie y cuyo mayor mérito es ser la esposa de José Maria Aznar. No cabe mayor degradación para la que antaño fue una ciudad orgullosa de su riqueza cultural y de su bulliciosa vida social como Madrid. Y lo peor es que nos da igual.  


Cuando los alcaldes escribían...




miércoles, 4 de septiembre de 2013

LECTURAS VERANIEGAS

Estas son algunas pequeñas reseñas y anotaciones que fui haciendo después de las lecturas de este verano... faltan otros dos de Villena ("Amor Pasión" y "Para los dioses turcos", como ven he tenido un verano muy "villeniano") y "Los niños del Brasil" de Ira Levin que finalicé hace unos pocos días, aún en Agosto.            





Foto de portada de la primera edición de "Fuera del mundo"






“NIÑOS FUTBOLISTAS” (JUAN PABLO MENESES)

Flojito, por ser generoso (por no decir directamente un bluf) Normalmente con Blackie Books se acierta... no ha sido éste el caso.     

“LOS MILLONES” (SANTIAGO LORENZO)

Haciendo caso a la recomendación de la amiga Raquel Peláez en Vanity Fair me hice en la pasada Feria del Libro con un ejemplar de esta novela cuya lectura finalmente he podido acometer durante los últimos cuatro días (exactamente de viernes a lunes)... todo lo que se ha dicho sobre este relato es cierto, es una novela ya de culto... humor, ternura y costumbrismo, y personajes que te llegan al alma... esos Francisco y Primitiva y su amor enorme e inocente... que bonito, joder, que bonito... y si la cara es el espejo del alma, a Santiago Lorenzo se le cala a la primera... sólo con el espíritu de un auténtico niño grande se puede concebir una obra como esta...      

“FUERA DE ESTE MUNDO” (LUIS ANTONIO DE VILLENA)

Un Villena que tenía pendiente. Una pequeña (tres días me ha durado) novela en la que trazando la vida de un joven poeta maldito el autor aprovecha para hacer lo que mejor sabe: ensayar, reflexionar y filosofar sobre el malditismo, simbolismo, ultraísmo, surrealismo y demás géneros del "más allá" literario (ya el título es un homenaje a Baudelaire)... con un personaje que parte de un simbolismo de libro (lector confeso de Lautreamont y sus Cantos de Maldoror), evoluciona hacía un helenismo extremo en lo físico, y acaba buscando el sentido de la vida en la miseria, casi como un místico... todo ello con las obsesiones habituales de Villena, erotismo (y abundante homoerotismo), vida disoluta, paraísos artificiales, viajes iniciáticos... y todo con la consecuente prosa volcánica y vitalista que merece el asunto... y esa es la gran paradoja del malditismo... una vitalidad empeñada en consumirse en los perdedores... como no podía ser de otro modo, me ha encantado.   

“SAM PECKINPAH: VIDA SALVAJE” (GARNER SIMMONS)

Dentro de mi ritmo de lectura habitual me ha roto bastante los esquemas, ya que he tardado unos diez días en terminarlo. Es curioso, hace un tiempo cualquier cosa que fuese ensayo, biografía, etc, sobre todo sobre cine, lo devoraba con mucha mayor facilidad que una obra de ficción y ahora es al contrario... dicho lo cual, lo cierto es que ha sido una muy agradable lectura para conocer mejor los entresijos que se movían detrás de los rodajes de Peckinpah... pero no se engañen por el título en castellano (el original es el más acertado "A portrait in montage"), apenas es un libro sobre la vida del director, si no sobre sus películas, o quizás es que su vida fueron sus películas, por eso digo que el título original de "una vida en el montaje" era mucho más acertado... pero desde luego no es el caso de un John Huston, cuya vida fue superior a su obra (que ya es decir), aún así el relato de sus rodajes con declaraciones de primera mano de los implicados sirve para conocer mejor el carácter de este director incendiario poseedor de un instinto único para el cine y con una visión personal e intransferible sobre el arte de hacer películas... algunas anécdotas son realmente jugosas, como la sucedida con Antonioni (dado el "cariño" que le tengo al plasta director italiano esa me ha encantado), o la de Bob Dylan cargándose el rodaje de una secuencia en un amanecer de "Pat Garret..." en el único momento posible para rodarla por la luz por culpa de su afición por el footing... la lectura del libro me ha hecho recuperar el apetito por una de las más monumentales (no en extensión, pero si en calidad) filmografías del cine estadounidense de todos los tiempos, por lo cual me dispongo ahora mismo a revisionar la balada del viejo amigo Cable Hogue...  

“EL BURDEL DE LORD BYRON” (LUIS ANTONIO DE VILLENA)


Intentando recuperar mi ritmo de lectura habitual (cinco días en este caso, nos vamos acercando), y volviendo a Villena, que vuelve sobre lo que mejor sabe hacer: el ensayo. Aunque lo disfrace de novela. Metaliteratura. Valiéndose de las experiencias de una ficticia prostituta inglesa quien llegó a ser íntima del libertino poeta, construye un relato vital sobre la vida de tan tumultuoso personaje. En un autor tan dado al artificio (lo cual lejos de ser negativo es absolutamente lógico y necesario bebiendo de donde bebe) como Villena, en esta ocasión creo que se excede y tanta verborrea fatua acaba despojando al relato de pasión y verdad, esa que si se trasluce en otras obras del autor como la también recientemente leída "Fuera del mundo", a pesar de tener mucha menos consideración... de hecho este burdel lujurioso fue Premio Azorín de Novela en 1995 (segunda edición del galardón, sucediendo a Torrente Ballester con su "La novela de Pepe Ansúrez")

jueves, 22 de agosto de 2013

CAPITANES INTRÉPIDOS


Hoy toca recordar y glosar la figura de Raúl González Blanco, el estajanovista por excelencia del fútbol español. En un país sobrádamente cainita como el nuestro, el personaje de Raúl ejemplifica perfectamente nuestra capacidad para generar y destruir mitos a conveniencia, siendo aún más doloroso en el madridismo actual, ése que desde hace unos años (y hablo incluso de antes de la llegada de Mourinho, no se me echen encima sus talibanes), no sé porque extraña razón, detesta cada vez más la figura del “hombre de club” (u “hombre de la casa”) y despelleja sin piedad a todo símbolo blanco, especialmente si ocupa la capitanía (tal fue el caso de Raúl en sus últimos años como madridista, al igual que lo están siendo en los de Iker Casillas, o no dejan de serlo en los de nuestro capitán de baloncesto, el gran Felipe Reyes) Cosas veredes, que decía aquel. 


Esto fue lo que escribimos en la despedida de Raúl del club blanco, el 26 de Julio de 2010. Un texto sencillo, como el personaje, uno de esos futbolistas que nunca ha seguido ninguna ridícula moda, ni estrafalarios peinados, ni llamativos tatuajes



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¡OH CAPITÁN MI CAPITÁN!

Extraño día el de hoy para todo el madridismo. La despedida de nuestra más grande leyenda, le pese a quien le pese, de la carrera más longeva en el club blanco, del hombre record del Real Madrid y del fútbol español.

Siempre he pensado que hay dos tipos de grandes jugadores de fútbol, están por un lado los poseedores de un talento innato, aquellos que parecen tocados por una varita mágica o bendecidos por los dioses, en definitiva los genios, esos jugadores por los que merece la pena pagar una entrada… suelen ser jugadores con luces y sombras, disolutos, intermitentes, y cuyos años de grandeza no suelen alcanzar más allá de unos cuatro o cinco años en los que ciertamente son los mejores del mundo, y luego están aquellos que sin tener ese talento, esa magia, son capaces de desarrollar una longeva carrera en el deporte profesional, superándose constantemente a sí mismos, buscando nuevos retos y sin dejar nunca de tener hambre por el triunfo. El protagonista de hoy, no cabe duda, pertenece al segundo grupo… a ese tipo de deportistas que a base de tesón y cabezonería se abre un hueco en la historia. De hecho pertenece a un perfil desgraciadamente cada vez más excepcional, lo que le convierte en un futbolista casi anacrónico, y del que apenas podemos encontrar casos en la elite europea (en los últimos tiempos los únicos nombres que se me pueden venir a la cabeza son los de los Baresi, Maldini, Scholes o Giggs… o incluso Carles Puyol), el del futbolista de elite que es capaz de desarrollar una carrera deportiva larga, de más de diez años, en el mismo club, de ser el referente y el santo y seña de un club grande prácticamente durante dos décadas… es una barbaridad… no estamos hablando de tener 3, 4 o 5 años de gloria, ni siquiera 7, 8 o 9… en el caso de Raúl hablamos de 15 años en la elite del deporte profesional. Me temo que tardaremos en volver a ver un caso similar. Ejemplo de profesionalidad, jugador admirado y aprovechado por una veintena de entrenadores en su vida profesional, entrenadores tan distintos entre sí como Valdano y Clemente, como Capello y Hiddink… para prácticamente todos ha sido un jugador imprescindible por su manera de entender el futbol, delantero insaciable cuando le han pedido goles o abnegado trabajador en una banda cuando Capello le situó en esa posición, siempre ha cumplido. El primero en llegar al entrenamiento y el último en irse. Un fanático de su profesión. Prototipo de futbolista simple y llano, intelectualmente pobre, parco en palabras, transparente, sencillo, y poco dado a la vida social, realmente cuesta encontrar en este personaje un solo aspecto que nos llevase a pensar que iba a ser uno de los deportistas más brillantes de todos los tiempos… sólo hay una explicación: trabajo a destajo. Su último gol con la camiseta blanca, lesionado, en Zaragoza, define perfectamente su compromiso con el escudo al que ha servido con lealtad durante casi 20 años, un soldado capaz de dejarse la última gota de sangre en el verde campo de batalla. Posiblemente en esa simpleza, en esa personalidad sin aristas ni complejidades encontremos las claves de su fútbol, que es tanto como decir las claves de su vida. Raúl es fútbol. Sólo fútbol.

miércoles, 21 de agosto de 2013

UN POEMA PERDIDO DE ALEJANDRO BALANTINO


Alejandro Balantino (1879-1961) es un nombre totalmente desconocido dentro de las letras españolas. Apenas dejó constancia de su querencia para al arte literario más allá de algunos escritos de juventud. Se sabe que era lector de Jules Laforgue y que frecuentaba los círculos intelectuales del Madrid de principios de la pasada centuria. Desalentado por la falta de entusiasmo que provocaron sus textos entre sus allegados, decidió encaminar sus esfuerzos hacía el mundo de la promoción de espectáculos, donde llegó a ser uno de los más destacados empresarios de variedades durante las primeras décadas del siglo XX. El poema de verso libre y libérrimo aquí rescatado pertenece a la recopilación “Bastardos bajo un sortilegio maldito”, editado por Quebrantos esta misma Primavera.    




“TIRANÍA Y CONSUELO” 

Yo seré de tus labios indómito trapecista
Malabarista en tus pezones azotados por el vértigo
Jugador de ajedrez de enroque infinito que entre la multitud calma su fatiga buceando en el peligro de tus ojos.

Soy el mago de risueño Abradacabra
Y el pellizco en la locura de tus nalgas.

Imaginé un viaje a la luna y me dijiste lunático,
Te mostré el mundo a través de un catalejo y me llamaste miope.
Y así figuré formas y teñí melodías,
Todas rechazadas
Ni siquiera erecto mi sable mereció tu mirada. 

Diosa de los desplantes
Y musa de las muñecas ensangrentadas
No hay suficiente pólvora en el mundo para saciar tu arrebato. 

(Alejandro Balantino, Madrid, 1907) 


miércoles, 7 de agosto de 2013

¡OH VACACIONES OH DISPARATE!




Amigos, sé que a ojos de muchos de vosotros, en no pocas ocasiones perdí completamente el juicio… creedme que era la única manera posible para después poder recuperarlo. 

Como Luis Cifer abracé el mal sin contemplaciones. Abrazo cálido y fraternal. Aliento del diablo. La risa y la respiración de las hienas acongojadas. 

Como Lafayette Lever buceé en las aguas donde Brautigan pescaba. Contracultura de pesticida y pluma estilográfica. Alegría desatada en paños menores. 

Si la libertad es una cárcel, y el ocio una maldición, vedme convertido en nuevo Torquato Tasso, a la espera de un Byron que componga mi lamento.  

Yo te maldigo, tiempo del estío. 

Te maldigo con tus copas nacaradas donde mezclamos el semen insolente con la estulticia caduca. Maldigo la sombra de tus árboles que cobija a las yeguas agotadas por la benzedrina. Maldigo el jadeo de las liendres columpiándose a su antojo sobre tus cabellos de ramera. Maldigo los orificios por donde escupe la vida el veneno que nos atormenta. Maldigo la cordura, la bondad y el optimismo. 

Maldigo la poesía sin cojones, bendigo los poéticos cojones.


Hasta pronto, hijos de la cuadratura del círculo.    



"The walking lesson" (Jacek Yerka)


viernes, 2 de agosto de 2013

LO QUE NO PUEDE SER NO PUEDE SER Y ADEMÁS ES INFOLIBRE


"Grace" (Christopher Ulrich)


A menudo solía sentarme a reflexionar en el único banco de mi barrio en el que me encontraba a gusto. Era un banco de esperma. Mi esperma es tan abundante que yo lo llamo “espermaza”. De ahí que la espermarza es lo último que se vierte. Eran esos momentos en los que repasaba la prensa hidráulica para enterarme de lo que sucedía en el mundo más allá de las fronteras de mi cerebro. Esos lugares poblados de políticos, agentes de bolsa, deportistas balompédicos con espinilleras doradas y mujeres con tanta colonia encima que uno no se atreve a darles fuego por miedo a que salgamos volando por los aires. 

Eran instantes en los que consideraba seriamente la posibilidad de que el mundo vive bajo una terrible conspiración reflejada en el verbo. Pero somos ajenos a todo ello y seguimos pensando que nuestros hijos nacerán con un flan debajo del cazo. Entonces me daba cuenta de las similitudes entre palabras como “matrimonio” y “manicomio”, o más inquietante todavía, “sotanas” y “Satanás”. Nadie parece haber reparado nunca en todo ello, pero dado que Satán, Belcebú, Lucifer, el Demonio, la Bestia, o Don Diablo, son consumados maestros del engaño y del disfraz (lo cual utilizan sin el menor pudor para conseguir accesos VIP a cualquier evento alrededor del mundo, bien haciéndose pasar por George Clooney, bien por Juan Imedio), parece lógico asumir que su definitivo plan maestro para hacerse con las riendas de la humanidad sea hacerse pasar por Dios, Yahvé, Jesucristo, el Mesías, el Salvador, etc… mientras tanto, el auténtico buen Dios posiblemente encarnado en Cristo, pasa la eternidad congelado en animación suspendida en un bloque de carbonita en el planeta Tatooine. 

Por lo tanto, y con estas premisas, creo que he dado con la clave de su plan principal: 

-Poner un cazo o sartén al fuego, añadir 5 cucharadas de azúcar granulado y 3 cucharadas de agua. Ponerlo a fuego medio. Remover. Cuando el caramelo alcance color miel tostado añadimos unas gotas de zumo de limón. Posteriormente echamos el caramelo en una flanera.

-Separamos la yema de la clara de los huevos, añadimos aparte tres huevos enteros grandes, echamos azúcar y leche. Batimos. Cubrimos la flanera con papel de aluminio, echamos el batido anterior, lo metemos todo al horno. 200 grados. 50 minutos. 

Listo. Ya tenemos el plan de huevo.    

Tan convencido estaba de que había logrado desenmascarar el malvado y diabólico plan para conquistar la humanidad por parte de las fuerzas del mal, que un día de aquellos me dirigí hacia la iglesia más cercana. Dentro el belicoso panorama mostraba a una serie de gremlins disfrazados de monaguillos, algunos jugaban a “churro va”, otros mojaban porras en los cálices del vino, mientras que otros se tiraban en paracaídas desde el pulpito (a feira) de las lecturas. Una locura. Una visión estremecedora que hubiera echado atrás a cualquiera de los humanos, pero no al poseedor de la mayor “espermaza” entre sus congéneres. De modo que una vez allí me postré ante la santísima imagen de Cristo crucificado y en mi más perfecto mandarín exclamé: 

-¡Quién sos vos! ¡Quien sos vos, decidme! ¡Quien sos vos! 

Obtuve la callada por respuesta. En realidad no la callada si no su pareja, el cayado. De modo que el bastón del Padre Sarasa golpeó sobre mí con tal fuerza furibunda que sólo pude huir corriendo de aquel templo mientras gritaba: “¡FIN DE LA CITA! ¡FIN DE LA CITA! ¡PENITENCIAGITE! ¡SALVATORE!” y escuchaba al Padre Sarasa detrás mío exclamando: “¡pendenciero! ¡camándula! ¡ye-ye!, esto te quitará las ganas de pensar cosas raras, ¡Visça el Barça!”    


Tras aquella amarga experiencia, decidí no volver a sentarme sobre aquel banco de esperma. A partir de entonces lo hago sobre el gigantesco caparazón de una tortuga adolescente de 527 años llamada Romualda Solapada (yo la llamo Romu, porque hay confianza, mientras le meto boñigas de pingüino en la boca a modo de alimento)