viernes, 12 de febrero de 2016

LA CACHIPORRA TERRORISTA


"El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos" (Salvador Dalí)







Mr. Punch, violencia contra las fuerzas del orden. Los niños le adoran.





Una bruja vive tranquila en su casa, viendo su tranquilidad interrumpida por la llegada del propietario del piso en el que vive, quien aprovechando su situación de poder sobre dicha bruja la viola. En venganza la bruja mata al propietario. Posteriormente la bruja descubre que ha quedado embrazada en la violación y da a luz un niño. Una monja aparece en escena para llevarse al niño, la bruja no quiere permitírselo y tras un forcejeo violento, la monja muere. Finalmente la policía se persona en el lugar para detener a la bruja y le colocan una pancarta que reza “Gora Alka-ETA” para incriminarla con actividades terroristas. Aparece un juez que en vista de las circunstancias la condena a muerte, pero la bruja es lista y en un ardid propio de las brujas logra convencer al juez para que sea él quien meta la cabeza en la soga, resultando ahorcado a manos de la propia bruja. Una bruja que tras enfrentarse a la Propiedad, la Religión,  el Estado, y la Ley, sale victoriosa.   


Este es el argumento de “La Bruja y Don Cristobal”, retablo de marionetas cuyo título reconoce la influencia del famoso “Don Cristobal” de García Lorca (no hace falta encarcelarlo, ya fue fusilado en su día) Don Cristobal era un personaje lorquiano bruto y malencarado que la emprendía a golpes con su mujer y los hijos de ésta (fruto de sus relaciones con otro hombres), llegando a asesinar a varios personajes de la obra. Don Cristobal al fin y al cabo, no deja de ser un arquetipo del teatro de títeres europeo de toda la vida, con ejemplos cruentos, sangrientos, irreverentes, transgresores  y satíricos por doquier.  Uno de los más célebres y varias veces representado en España ante niños es el inglés “Punch and Judy”, en el que el protagonista, Punch, un personaje de estrato humilde, lucha con desatada violencia contra todo tipo de poderes fácticos, legales y económicos, asesinando habitualmente representantes de la ley y el orden en cualquiera de sus distintas versiones, haciéndolos pasto de su máquina de hacer salchichas, donde incluso acaba su propio hijo. Los niños al verlo, ya ven que horror, lo jalean y lo pasan en grande. Mister Punch tiene una placa conmemorativa en Covent Garden, recordando su primera representación en dicho barrio londinense, y es considerado un símbolo de libertad absoluta.


Ahora relean el argumento de “La Bruja y Don Cristobal”, espectáculo creado por la compañía teatral granadina Títeres desde Abajo, y pellízquense ante el insólito hecho de que la representación de dicho espectáculo ha dado con los huesos de los dos miembros de la compañía encargados de representarla en la cárcel durante cinco días, bajo prisión preventiva y sin fianza, y su posterior retirada del pasaporte y obligación a personarse en el juzgado día tras día,  todo esto en la España de 2016, en un asombroso ridículo, uno más, que no está pasando desapercibido en el resto de Europa y globo terráqueo. Hay que reconocer, eso sí, que si lo que buscaba Títeres desde Abajo con esta obra era denunciar la facilidad con la que se puede incriminar a alguien con actividades terroristas en este país, sin duda lo han conseguido.


Un cachiporrazo rotundo a la libertad de expresión, a la catarsis que siempre nos ha procurado la ficción, escenario donde cabalga, o debiera cabalgar, libre la transgresión.


Es perfectamente comprensible la indignación de los padres que llevaron a sus niños a ver un espectáculo de títeres (y quienes posiblemente desconozcan la violenta tradición de este arte) y se encontraron frente a una subversiva pieza para adultos que reivindicaba el anarquismo más incendiario. No era precisamente su idea de una tarde de Carnaval con sus hijos la de embarrarse en un alborotador panfleto anti-sistema. No así de comprensible es la indignación de quienes en un asombroso (y peligroso) ejercicio de cortedad de miras acusaron a los títeres de enaltecimiento de terrorismo y jalearon la detención de los titiriteros. En ese caso sólo puedo compadecer a sus hijos, pobres criaturas, por tener unos padres tan retrógrados. Que tengan cuidado esos chavales con los discos o libros que vayan a elegir para su alimentación espiritual, no vaya a ser que acaben en la hoguera (los libros y discos, no ellos, aunque no pondría la mano en el fuego, nunca mejor dicho) como en aquel pasaje del Quijote en el que son condenados los libros de caballería, responsables de mudar el seso del hidalgo de cuerdo a loco. Y sin embargo es muy posible que esos mismos chicos sean alentados a leer una de las obras más crueles y sanguinarias de todos los tiempos. Una repleta de plagas, maldiciones, asesinatos, violaciones, traiciones, lapidaciones, crucifixiones, y todo un largo catálogo de monstruosidades que convierten cualquier película de Tarantino en “Sonrisas y Lágrimas”. Normal que Alex De Large, una vez recluido y puesto bajo vigilancia, hiciese de La Biblia su libro favorito. En el Quijote se advierte del peligro de no distinguir entre realidad y ficción, así como de censurar la ficción evasiva escudándose en lo pernicioso de su influencia. La delirante noticia sucedida con los titiriteros haría retrotraernos prácticamente a los tiempos en los que el Marqués de Sade era encarcelado por sus escritos libidinosos y transgresores,  es decir, a prácticamente 200 años atrás nada menos. 

  


Alex de Large, ensimismado leyendo La Biblia.
   

No deja de resultar infantil el tratamiento respecto a la (lo quieran o no ya afortunadamente bastante olvidada) cuestión terrorista etarra que sigue dándose en una parte de la sociedad española, atrapada y reprimida en un ridículo tabú.  Si han visto “La Vida de Brian” de esos grandes transgresores que han sido los Monty Python, recordarán la escena en la que un pobre diablo es condenado a lapidación por haber usado la palabra “Jehová” en vano.  En esa desternillante secuencia finalmente el implacable y estirado juez (interpretado por el gran John Cleese, a quien hace poco leíamos advertir sobre como el exceso de corrección política puede acabar con la comedia) es lapidado por el pueblo al usar la palabra “Jehová”. “ETA” parece haberse convertido en el particular “Jehová” de los españoles, no debe ser usado en vano, ni para hacer sátira política ni social, ni como atrezzo de una obra de ficción. La añoranza con el terrorismo etarra es tal que asistimos a un excesivo y preocupante celo por parte de la LEY, en un concepto mayúsculo, abstracto, y casi divino capaz de regir nuestros destinos y pensamientos en inventarse filoetarras. En ese sentido el auge de la fuerza política Podemos, las diversas mareas, versos libres e independientes como Manuela Carmena, o incluso el ya lejano 15M han sido puro alimento para quienes añoran a ETA, ya que como ETA no mata, al menos se pueden amparar en la obscena idea de que muchos españoles desearían que matase. En concreto todos los españoles que no piensan como ellos, y ahí puede entrar tanto un radical nacionalista abertzale como un libertario en contra de cualquier frontera, tanto un titiritero haciendo un montaje, como yo mismo sin ir más lejos. 



Dado el cariz que ha tomado todo este asunto, y consciente de que bien podría ser yo el próximo que tenga que dar explicaciones ante un juez sobre (espero que presunto) “enaltecimiento del terrorismo”, y sabedor de que por una parte de mis conciudadanos sólo voy a recibir insultos y amenazas, ya que no voy a recibir su solidaridad déjenme pedirles que, al menos, como cantaban Los Nikis, me manden una lima en una bocata.   





Yo sólo le dije a mi mujer: "¡qué rico bacalao, por Jehová!"



miércoles, 13 de enero de 2016

REIVINDICACIÓN Y VERGUENZA



Es posible que tal y como decía Lampedusa sea necesaria la mutabilidad de las cosas para que precisamente nada cambie, en ese pesimismo reflexivo al que nos confina un mundo viejo presa de sus propios vicios y errático en sus propias vanidades. No obstante, en nuestra urgencia de vivir conscientes de la “erección de la actualidad”, que decía Cándido, siempre encontramos alguna lucha o batalla por la que merece la pena descruzar los cansados brazos y limpiarles las telarañas a nuestras conciencias. Es entonces cuando recurrimos a los medios que encontramos a nuestro alcance, entre ellos el gesto reivindicativo. 


Una de mis luchas sociales favoritas, por lo que tuvo de impacto cultural en la historia del Siglo XX, es la de los negros en Estados Unidos. Una reivindicación justa y necesaria en contra del racismo y opresión a todo un pueblo que no significaba que se excluyera de aquella lucha a otros racismos existentes sobre otras razas o etnias (por ejemplo el manifiesto racismo estadounidense hacia los asiáticos, especialmente japoneses, durante parte del siglo XIX y gran parte de la mitad del XX), de igual modo que la lucha contra la violencia machista no implica, de ninguna manera, olvidar que puede haber violencia de género feminista. Es sólo que ésta última es ínfima en comparación con el gravísimo problema que supone la violencia ejercida por el hombre contra la mujer, y ahí están las cifras de asesinatos o agresiones en un sentido u otro. La lucha del pueblo negro durante aquellas convulsas décadas constituye un episodio fascinante en el que se entremezclan movimientos culturales, música soul, bandas callejeras, e incluso Juegos Olímpicos.  


La imagen de Tommie Smith y John Carlos en México 1968 puño en alto reivindicando el “black power” después de ganar oro y bronce respectivamente en la final de los 200 metros lisos sigue siendo una de las estampas más icónicas y poderosas de finales de los 60. Posiblemente El Gesto, con mayúsculas, del movimiento negro, en cuanto a notoriedad y capacidad para traspasar mediáticamente fronteras debido al escenario en el que tuvo lugar. Fueron abucheados en la misma pista, criticados por el propio Comité Olímpico de los Estados Unidos, y vilipendiados y amenazados de muerte tanto ellos como sus familias a su regreso a su país. No sólo ellos. Peter Norman, el atleta blanco australiano que les acompañó en el podio al hacer plata y quien se mostró solidario con la protesta de sus rivales, fue igualmente despreciado por las autoridades de su país, negándoles incluso su participación en los Juegos Olímpicos de Munich cuatro años después pese a ser el tercer mejor corredor de su país en su distancia en las pruebas clasificatorias. Al fallecer, en 2006, esta historia de honor deportivo y dignidad racial recobró protagonismo cuando los propios Smith y Carlos viajaron a su funeral y portaron el féretro de quien había sido su rival en aquella histórica carrera, en aquellos 200 metros de velocidad que pareciendo querer dar la razón a Quevedo en su soneto dedicado a Roma, demostraron que sólo lo fugitivo permanece y dura.      




Say it loud, I'm black and I'm proud!!



Aquel gesto definitivo y global de los dos atletas negros fue el televisivo espaldarazo a los que protagonizaran años antes Irene Morgan y Rosa Parks, mujeres anónimas que se convirtieron en símbolos para todo un pueblo al negarse a ceder sus asientos de autobús a los blancos. Como en toda lucha social que se precie, conviven por un lado los gestos anónimos de quienes padecen día a día las injusticias que pretenden derrocar con otros gestos más mediáticos e impactantes efectuados por quienes debido a su posición pueden erigirse como improvisados altavoces de una reivindicación que igualmente consideran justa y necesaria. Irene Morgan y Rosa Parks fueron las heroínas que saliendo de la nada prendieron la mecha de una revolución social que creció imparable hasta ver como en 1974 los ciudadanos de Atlanta escogían al primer alcalde negro de los Estados Unidos, Maynard Jackson, y que  ha logrado que 150 años después de ser abolida la esclavitud (a pesar de que el Estado de Mississippi no lo haya hecho oficialmente hasta el año 2013) la Casa Blanca sea ocupada por un inquilino de raza negra con total naturalidad, pero el gesto de Smith y Carlos hizo que aquella lucha se colase en los hogares de todo el mundo, dada la trascendencia de un evento como unos Juegos Olímpicos.  



Esta mañana hemos asistido en un escenario igualmente simbólico como es nuestro Congreso de Los Diputados a otro gesto reivindicativo protagonizado por una figura mediática que ejerce de altavoz de miles de mujeres (y hombres) anónimas que llevan tiempo denunciando la necesidad de una mejoría en las condiciones laborales para una mejor conciliación entre vida laboral y familiar. Carolina Bescansa, diputada de Podemos, se ha convertido en protagonista del día al acudir al comienzo de la nueva legislatura del Congreso con su bebe de seis meses bajo el brazo, en un intencionado acto reivindicativo que, como no podía ser de otro modo tratándose de una “podemita”, ha comenzado ya a ser criticado (y lo que te rondaré morena, Carlos Cuesta tiene para llenar tertulias de aquí a Semana Santa con el tema) En este país muchos hombres y mujeres (sobre todo mujeres) tienen que realizar auténticos ejercicios de equilibrismo horario para seguir atendiendo a sus puestos de trabajo sin perder su condición y naturaleza parental. La mayoría no tienen voz ni voto ni micrófono ni altavoz para reivindicar su lucha. Hoy Bescansa ha tratado de dárselo. 


Nunca una reivindicación por algo que se considera justo deber ser una vergüenza. La única vergüenza que hemos padecido esta mañana en el Congreso es la de ver a Pedro Gómez de La Serna, un diputado acusado de corrupción y expulsado por el propio partido político que representa y bajo cuyas siglas ha obtenido su escaño inaugurar su nueva legislatura en el cargo. Algo contra lo que todavía no tenemos herramientas y que, esto sí, debería hacernos enrojecer de vergüenza sobre nuestro sistema político. 



Dejen de mirar tanto al niño de Bescansa y miren más a las jóvenes y trabajadores madres que tenemos a nuestro alrededor. Ellas son a quienes ha representado este gesto.  





Y mientras tanto Pedro a lo suyo.


viernes, 8 de enero de 2016

EL APRENDIZ DE MANIPULADOR DEL TIEMPO

"Nem faço outra coisa senão entristecer-me nesta nossa pobre terra"  

(Euclides Da Cunha, 1909)  




"La perseverancia de la memoria" (Salvador Dalí, 1931)





El hombre, ese animal de pezuñas dionisiacas y paradoja andante, esclavo de su propia libertad, o libre dentro de su deseada esclavitud.    


Nos empeñamos en esclavizarnos, desde el principio de los tiempos. Religión, ciencia o tecnología, tanto da, no han sido si no orquestadores de tal esclavitud. El progreso que paradójicamente nos libera y nos hace más libres y, extraña asociación de ideas (como si no pudiera ser más feliz el pájaro cantor que alegra las mañanas del vecino desde su jaula que el buitre que sobrevuela los cielos husmeando la podredumbre), por ende más felices, no hace sino esclavizarnos más y más hasta el punto de que apenas podemos pasar un día sin esas redes sociales que nos dijeron “ven” y lo dejamos todo. Y es que hemos creído que “red” en ese caso se refería a organigrama confluente, cuando no son más que redes tales cuales eran las de los pescadores de antaño utilizadas para atrapar inocentes pececillos. Y allá vamos nosotros, pececillos humanos, enganchados y atrapados para siempre en esas redes donde gustosamente consumimos nuestro tiempo, y peor todavía, el que se supone nuestro tiempo de ocio, ese tiempo exclusivamente NUESTRO, que por obra y gracia de tales redes se convierte en un tiempo compartido con vaya a usted a saber que señor halitósico y mostachudo que pueda estar al otro lado de la pantalla mientras se frota su entrepierna ataviado con sus calzoncillos del Mundial 82. Y ya no hablemos del móvil, artilugio en el cual comprimimos toda nuestra vida, como si pudiera caber toda ella en unas pocas pulgadas. Nuestros contactos, nuestras fotos, nuestras citas… “¡la bolsa o el móvil!”, gritan ahora los apandadores del siglo XXI cuando nos asaltan bardeo en mano.    


Pero de todas las esclavitudes a las que decidimos someternos, sin duda la mayor, y viene de antaño, es la del tiempo.    


Someter el tiempo, pobres de nosotros, condensarlo en una esfera pensando que dejaría de batir sus alas bajo unas manecillas, encerrarlo en arena o confinarlo a los rayos del sol. ¡Qué vana ilusión! El tiempo es indomable. El tiempo hace batir un látigo de espanto sobre nuestras cabezas. El tiempo dirige la orquesta con mano de hierro y nosotros bailamos.  


Y así, con esa ingenuidad propia de nuestra especie, creímos que someter el tiempo, medirlo, interpretarlo, darle códigos y literatura, nos haría más libres, y por ende (como si no pudiera ser más feliz Luis Bárcenas en su jaula de oro que el indigente que orina en las esquinas sus borracheras de Don Simón de tetrabrick) más felices. Y ese engañoso dominio del tiempo nos ha constipado el alma, incapaces de saber vivir sin la certeza de que ese mismo tiempo al que tratamos de domesticar como aliado de improbable felicidad es el enemigo. Hemos despreciado la naturalidad de vivir en perpetuo estado contemplativo, hemos rechazado la sombra de los árboles, el latido de las olas del mar, y la vida salvaje que nace con el sol y muere con la luna. Nos hemos vendido al tiempo con la excusa de poder saber a qué hora son los partidos de la Champions League (que por otro lado, excepto si se juega en Rusia, son siempre a las 20,45, y aun así en las barras de los bares plagadas de carajillos uno sigue recibiendo un aliento de orujo hecho carne que le inquiere “¡PEPEEEE!, ¿A QUÉ HORA ES EL FURBOL?”) y con ello nos condenamos al número, al segundo, al minuto, a la hora, a la edad. Y nos vemos repentinamente plagados de otoños, con una edad con la que ya no podemos hacer esto o lo otro, y nuestras tibias y peronés se convierten en mausoleos de la cicatriz del paso del tiempo. Con lo bien que viviríamos sin tamañas mediciones de tragedia.


Y yo no escapo a esta condena autoimpuesta desde nuestra necedad de especie primate. Y así discurro que este blog de pensamientos, tan abandonado (porque ya toda mi vida se convierte en un pensamiento, una ráfaga beoda y mental, un discurso conmigo mismo sobre el devenir de la miseria), recibe ahora su primera entrada del año. ¡Otro año! Como si fuera cosa de consideración. Pues en efecto, mal que me pese, así es.   


Pero reflexiono una vez más (lo cual no significa hacer flexiones dos veces, ya que si fuera así tendría un cuerpo que sería la envidia de cualquier presidente de la FAES) y observo que vivo yo constantemente cambiando de año, en un perenne cambio climático buscando el consuelo y el optimismo aprendiendo, en definitiva, a manipular el tiempo a mi antojo para no ser derrotado por su espada damoclesiana de canas de nitroglicerina. 


Vivo el cambio de año del calendario gregoriano, lo cual hace que ya por los albores de Diciembre note ese quejido anímico de un ciclo que se acaba y otro que comienza. Son días duros para quien carga jorobas de melancolía, como es mi caso, pero como buen ciclotímico a partir del 1 de Enero resurjo henchido de moral y dispuesto a comerme el mundo, o al menos comerme un chocolate con churros a primera hora de la mañana.


Vivo el cambio de año de mi edad, marcado cada 28 de Abril, pero en una elipsis descerebrada desde varios meses antes ya me considero poseedor del nuevo registro, es decir, aunque cumplo 43 años ese citado 28 de Abril, en realidad siento que cargo con ellos desde el pasado 28 de Abril, de igual modo que nací con 0 años pero desde aquel 28 de Abril de 1973 comencé a vivir mi primer año de vida, por lo que llevo viviendo mi cuadragésimo tercer año de vida desde el 28 de Abril de 2015. Igualmente me sucede que a medida que me acerco a esa frontera que establece un nuevo número con el que voy entrando en más grupos de riesgo de cualquiera de esas enfermedades que acechan por ahí en una amenaza y convivencia para cualquier hipocondriaco, se incrementa la nostalgia y las alforjas se vuelven más bucólicas buscando el abrazo de la Primavera, y una vez superado ese 28 de Abril soy un hombre nuevo llamado a las más grandes empresas (o cuando menos llamado por mi empresa de telefonía móvil para que abone las facturas adeudadas) 


Y por último, y de una manera mucho más atroz, vivo el añorado cambio de temporada y curso escolar, ese Septiembre que marca el final del verano y que sepulta de golpe las tardes de sol cuando el amor a la vida refulge bañado en la espuma de la cerveza reflejado en el brillo de los ojos de las mujeres amadas. Y créanme que ese cambio de ciclo es el más cruel y atroz de todos ellos, pues siento la asfixia de la luz del día que se va y la bofetada gélida de otro Invierno que acecha en la sombra, maldito él con todos y cada uno de sus días. Pero sé cómo vencerlo, por eso he aprendido a manipular el tiempo. 


Y así cada fría mañana de invierno me levanto con el único pensamiento en la cabeza de que poco a poco los días son más largos, la noche menos ruin, y el Verano está más cerca.  


Es cierto que el hecho de que el Verano esté más cerca significa de una manera irremediable que el próximo Invierno también se aproxima cada día más, por esa maldición de cumplir ciclos en la que vivimos, pero cuando se acerque de verdad seguiré animándome deseando que llegue un nuevo solsticio de Invierno con su noche más larga y a partir de ahí, poco a poco, como una flor que crece regada con el esperma de la eterna adolescencia, los días, mis días, mis rayos de sol, irán creciendo de nuevo, y con ello mi ánimo furibundo para seguir en pie en este mundo podrido y sin ética, en el que a las personas sensibles sólo nos queda la estética, que diría Makinavaja desde aquellas páginas de tebeo inmortales donde el tiempo no puede llegar con sus brazos estranguladores.        


Y además, me consuelo pensando que queda un día menos para ver a Airbag…  








viernes, 6 de noviembre de 2015

¡ARROJEN ESE MALDITO RIGOR A LA PAPELERA!




Hace unos meses escuché unas declaraciones de la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que me parecieron bastante desafortunadas. Era con motivo de sus primeros cien días en el cargo. Haciendo el pertinente balance se quejaba de la falta de apoyo de la prensa hacia su equipo municipal, resaltando que el resto de opciones políticas, las convencionales, las tradicionales, sí recibían ese apoyo al contar con medios de comunicación claramente afines, cosa ésta que sin duda es cierta, pero desafortunado es pedir adhesión mediática cuando tales medios de comunicación debieran existir para informar al ciudadano con rigor y la más posible objetividad independientemente de filias o fobias políticas. Como en el fútbol respecto a los árbitros, a quienes no hay que pedirles que te piten a favor ni en contra, si no que arbitren lo que vean, y que no te den, pero tampoco te quiten, el político a la prensa no debe pedirle ni apoyo ni enemistad, si no fidelidad a su oficio.


Admitiendo lo desafortunadas de sus declaraciones en una mujer quizás no demasiado precisa en su capacidad para expresarse ante la opinión pública, lo cierto es que sus palabras dejaban al descubierto una terrible realidad: la del periodismo de trincheras, en el que la información al ciudadano pasa a un segundo plano en favor del objetivo real de apoyar ideologías u opciones políticas, o mucho mejor, y más fácil (ya que siempre es más fácil destruir que crear), torpedear a base de manipulación y veneno el trabajo del “enemigo”. Una labor cruenta que la propia Carmena está sufriendo en sus carnes, con toda clase de despropósitos y mentiras (o medias verdades) viendo como diversas webs y redes sociales se salpican de presuntas noticias totalmente alejadas de la realidad. Es posible que este trato hostil que sufre el actual Ayuntamiento de Madrid lo hayan padecido sus antecesores, aunque yo particularmente no lo recuerdo desde Gallardón hacia atrás (sí con Ana Botella, aunque no tanto la manipulación periodística como la burla y el escarnio), y por otro lado la herramienta de internet en su vertiente más perversa permite propagar el bulo con mayor facilidad. Queda por tanto apelar al sentido común del ciudadano, y esperar que sepa poner en duda una información aparecida en una web llamada (por citar un ejemplo) Rietedepodemos.com y la sepa diferenciar de lo publicado en alguno de nuestros diarios nacionales, alguno de ellos con el suficiente prestigio otorgado después de décadas, o incluso con más un siglo de existencia a sus espaldas, por mucho que se empeñen en tirar por tierra tal bagaje contando hoy día con plumas que harían volver ipso facto a la tumba a ese gran impulsor de la prensa española que fue Torcuato Luca de Tena en caso de que reviviera de entre los muertos (pienso, como imaginará el lector, en el actual ABC cubierto de ponzoña al retribuir monetariamente la basura verbal vomitada por ese pseudo ser humano llamado Salvador Sostres) Aun admitiendo la parcialidad de los grandes medios de comunicación, plagados de escribas incapaces de morder la mano que les da de comer, créanme, siempre serán más fiables que cualquier web de aficionados o cualquier blog, incluido por supuesto éste mismo que están leyendo, por lo que invito y aconsejo que tras la lectura de esta entrada contrasten todo lo que aquí pretendemos exponer a continuación. 






Luca de Tena, periodismo de bigotes.



Siguiendo con el tema puramente periodístico, el ciudadano con dedos de frente debería saber distinguir en la redacción de ciertas noticias cuanto pudiera haber de veraz, cuanto de falso, cuanto de manipulado y cuanto de tendencioso. Pongamos un ejemplo. Si yo leyese “Manuela Carmena tiene la intención de defecar sobre una foto de Esperanza Aguirre en medio de la Plaza Mayor”, así, sin más, sería una noticia que trataría de contrastar. En primer lugar porque se habla de una intención, no de un hecho. En segundo porque no se recogen declaraciones de la propia interesada ni se reconoce contexto en cual tal intención fue expresada. Sí por el contrario leo “Manuela Carmena asegura en rueda de prensa que defecará sobre una foto de Esperanza Aguirre en medio de la Plaza Mayor, “es un acto liberador de psicomagia recomendado por Alejandro Jodorowsky”, aseguró esta mañana la regidora tras convocar a la prensa en su despacho”, en este caso me atrevería a pensar que la noticia es cierta. Pero todo esto poco importa ya que accedemos a la información embutidos en el prejuicio, y por mucho que la realidad sea otra siempre preferiremos creer el titular tendencioso si se adapta a nuestros intereses ideológicos, tanto más cuando en la informatizada sociedad de hoy día se han cambiado sobremanera los hábitos de lectura influyendo por tanto en lo que entendemos como “comprensión lectora”, accediendo el ciudadano a lo que considera “información” simplemente por la lectura de titulares que ha visto en algún muro de Facebook o Twitter. Asumiendo el predominio de la información a través de la red, hay que insistir además en la necesidad de escudriñar bien las noticias debido a la constante actualización, tanto es así que es absolutamente frecuente ver un enlace con un titular y tras pinchar sobre el mismo para acceder al contenido comprobamos como la noticia no tiene absolutamente nada que ver con aquel titular. Esto puede ser tanto por la intencionada manipulación de quien factura el titular tendencioso confiado en que el lector no accederá a la noticia y se quedará con lo leído en dicho titular, como por algo mucho más perdonable y comprensible como es la simple actualización de la noticia, la cual ya difiere considerablemente de la primera información publicada horas antes. Estos cambios en los hábitos de lectura ya están siendo profusamente investigados (aunque como en el tema de la salud siempre saldrá algún “cuñao” diciendo lo saludable que es comer un kilo de panceta a la semana), pero cualquier ciudadano puede comprobar y experimentar a gusto, viendo como noticias falsas (creadas con toda la intención con ese afán de experimentación) se convierten en virales, o asistiendo a uno de los efectos más llamativos de estos nuevos hábitos. Y es que seguro que en más de una ocasión han visto a alguno de sus “amigos” de Facebook colgar una noticia que al parecer es el súmmum de la escabrosidad, la madre de todas las aberraciones, y que provoca decenas de reacciones y de comentarios indignados y riadas de “¡no hay derecho!” perfectamente comprensibles ante un suceso tan indigno que viene a corroborar el hecho de que vamos de mal en peor y cuesta abajo y sin frenos… el problema es cuando ves que esa noticia en realidad es de hace diez años. Y así han convertido a los ciudadanos en una masa empobrecida intelectualmente, estrangulada en su recién adquirida “memoria de pez”, porque al cambiar la manera de leer cambia por tanto la manera de procesar información, y con ello cambia, y aquí está realmente el peligro, la manera de pensar. 



Retomando el asunto Carmena, simplemente quiero señalar algunas noticias que han ido circulando por redes, foros y mentideros varios que en estas ocasiones hicieron honor a su nombre y se convirtieron en escenarios de propagación de la mentira. Obviamos todo lo sucedido durante la campaña electoral, y que ya abordamos en otra entrada, cuando la crispación ante la posibilidad de una Carmena alcaldesa llevó a Esperanza Aguirre a recurrir al viejo (y sucio) recurso de meter a ETA en campaña, vinculando a la actual alcaldesa con la banda terrorista. Posteriormente la propia Aguirre admitiría que se equivocó con su estrategia de acoso y derribo hacia Carmena, ya que no hizo sino fortalecer aún más su figura ante los electores, y en mi caso particular admito que tal fue así, ya que apenas tenía información sobre la figura de la ex –jueza, pero la presentación hecha por Aguirre ante los madrileños de su rival como un Gran Satán filoetarra hizo que me interesara por revisar su curriculum. 



La fiesta empezó con un auténtico disparate. Aprovechando que uno de los puntos del programa electoral de Ahora Madrid era el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica en cuanto al cambio de nombres y plazas dedicadas a personajes o instituciones relacionadas con la dictadura franquista, el batallón de fusilamiento anti- Carmena rebuscó en el extenso listado redactado en 2004 por Izquierda Unida (hay que recordar que la ley es de 2007, es decir, no se hace un listado a posteriori y como consecuencia de dicha ley, sino que existe tres años antes redactado por un partido político y de ninguna manera sin ser oficial, de hecho no existe un listado oficial de calles franquistas) para ver con que podían meter el miedo en el cuerpo a los madrileños. Y ahí aparece el fútbol (Santiago Bernabéu), la pintura (Salvador Dalí) o la literatura (y aquí el disparate ya es mayúsculo, poniendo sobre la mesa los nombres de Manuel Machado, Gerardo Diego, Jardiel Poncela, o el gran Xenius, Eugenio d’Ors) Es cierto que tales nombres aparecen en ese concienzudo listado elaborado por Izquierda Unida, pero hay que recordar que en ninguna manera es un listado oficial, sino una recopilación de nombres que tienen calles en Madrid y que de una u otra manera tuvieron vinculación con el franquismo. Pero apelando al sentido común cualquiera puede comprender que Dalí, Bernabéu o Jardiel Poncela no tienen ese reconocimiento en el callejero de Madrid por sus méritos franquistas si no por sus méritos profesionales o artísticos. Dicho de otro modo, no es lo mismo una calle dedicada a la División Azul que a Salvador Dalí, y esto lo entiende lo mismo Manuela Carmena que un mono titi empapado en LSD. Pero había que poner en marcha el ventilador excrementicio, y pronto comenzamos a leer cosas como “La calle Santiago Bernabéu en el punto de mira del callejero antifranquista de Manuela Carmena” o “Manuela Carmena podría quitarle la calle a Salvador Dalí” o “Carmena ataca a la cultura con la supresión de calles en Madrid”. Así de loco venía el verano. A día de hoy, y con el invierno en puertas, lo cierto es que no se ha cambiado ni una sola calle, ya que como ha explicado el Ayuntamiento no es para nada una medida prioritaria. Cuando se haga y en los casos que se haga se estudiará el caso en concreto y estoy dispuesto a apostarme aquí delante de ustedes y jugarme lo que quieran a que en ningún momento del mandato de Ahora Madrid les serán retiradas las calles a Dalí, Bernabéu o los escritores citados. ¿Quién se atreve a apostar conmigo? Pero esa fue, así que yo recuerde, la primera gran palada de mierda y mentiras.     





¡A ver quien los tiene tan cuadrados para quitarme mi calle!



Una noticia que me llamó la atención y que demostró el desconocimiento sobre cómo funcionan muchos ayuntamientos en nuestro país en su lógico afán recaudatorio, independientemente del signo político que ocupe la alcaldía. En el mismo verano leíamos la intención (y dale con las “intenciones”) del municipio de Madrid de cobrar una tasa a los cajeros automáticos de las entidades bancarias. Esta noticia era cierta. Pero lejos de ser una medida que sólo podría caber en la cabeza de una peligrosa comunista contraria al libre mercado como Manuela Carmena, profundizando en el asunto vemos que es una posibilidad que se permite a los consistorios desde que el Tribunal Supremo en 2009 aprobase una ley para tal cometido, lógicamente a nivel estatal, y dejando en manos de cada ayuntamiento la elección de aplicar dicha tasa o no. Desde el 2009, por tanto, diversas alcaldías han utilizado ese recurso para engrosas sus arcas a costa de las entidades bancarias que como todo el mundo sabrá y por mucha crisis que nos asista no dejan de registrar enormes beneficios. Badajoz (con más de 20 años continuados del PP en la alcaldía), Málaga (igualmente, dos décadas de PP en el consistorio), Sevilla (alternando PP y PSOE), Zaragoza (con el socialista Belloch), Córdoba (PP), Palma de Mallorca (PP) son ejemplos de ciudades que se acogieron a esta posibilidad con alcaldes socialistas y populares al frente. A ellas se les sumó Barcelona en 2013 con Xavier Trias, de CIU, aplicando la tasa más alta hasta la fecha. Item más, profundizando sobre el tema de las tasas municipales a cajeros encontramos el caso de Albacete donde se llevan cobrando desde 2003, aprovechando el hueco legal que presentaba el hecho de que cuando estaban colocados en fachadas y no en el interior de inmuebles (de hecho hoy día la mayoría están colocados sobre fachadas), el ayuntamiento en cuestión si puede cobrar un cargo a la entidad bancaria. Son ejemplos de grandes ciudades, pero si investigamos más a fondo podríamos encontrar muchos más. Sin salirnos de la comunidad de Madrid sucede así en el ayuntamiento de Pozuelo, con mandato del Partido Popular. La gran diferencia respecto a Madrid es que en el caso de Manuela Carmena se ha aprovechado para buscar en la noticia un presunto ataque a la banca por parte de la extrema izquierda anti-capitalista y comunista, que al parecer tiene secuestrados a los madrileños los cuales están a punto de verse confinados en gulags. Esta tasa en ningún momento supone un coste adicional para el ciudadano, pero como no podía ser de otro modo y siguiendo con la doctrina del miedo muchos “informadores” se apresuraron a asegurar que el madrileño de a pie iba a tener que abonar de su bolsillo una parte proporcional de la citada comisión. A ciencia cierta no sé si la medida se ha puesto en marcha por parte del consistorio de Madrid, pero como ciudadano de este municipio espero que así se haga y que repercuta en el beneficio de toda la ciudadanía. 



No podemos pasar por alto el fenomenal follón de la web Madrid VO. Una sencilla página como cientos podemos encontrar en España asociadas a ayuntamientos, comunidades autónomas, o instituciones de todo tipo. La diferencia, una vez más, está en el nombre de Manuela Carmena. Y es que cuando Esperanza Aguirre ha utilizado la web de la Comunidad de Madrid en sus días de presidenta autonómica para desmentir informaciones que consideraba erróneas, o  lo ha hecho en la web de su partido o en su blog o en su cuenta de Twitter, parecía un ejercicio sano de derecho a defenderse y aclarar malos entendidos, pero en el caso de Carmena se trata de un claro ejemplo de represión periodística, un intento de coartar la libertad de expresión y de trasladar a Madrid la censura propia de las dictaduras de la Europa del Este durante el siglo XX. Cada vez más cerca de los gulags. Daba la sensación de que los ciudadanos madrileños íbamos a estar obligados a dar rango de página de inicio en nuestros navegadores a esta página y a visitarla todos los días y aprender al dedillo sus contenidos. Pasados unos meses la realidad es una web inofensiva, sin apenas actividad, pocas visitas y ninguna polémica. Pero por el camino cayó de nuevo mucha mierda sobre la nueva alcaldesa.   




Y con las navidades en lontananza se vuelve a poner en marcha la maquinaria. La idea de trasladar uno de los tradicionales belenes municipales, concrétamente el que se venía representando en el Palacio de Cibeles en los últimos años, a la Plaza de Colón, ha sido traducido de inmediato y sin la mayor desvergüenza en un contundente “Manuela Carmena elimina los belenes de Madrid”, utilizando verbos más rotundos como “prohibir”, “perseguir”, etc, dependiendo del grado de acritud del “informador” en cuestión, regalándonos espectáculos biliares como el de la cadena Intereconomía y su lamentable espacio “El gato al agua” en el que un señor llamado Eduardo García Serrano insultó a nuestra alcaldesa llegando a insinuar que “fumaba mucho chocolate”. Por el bien de mi salud mental no veo nunca este tipo de programas, ni siquiera por algún extraño regocijo masoquista, por lo que no tenía referencias sobre el sujeto en cuestión, pero una persona con un comportamiento semejante lo más posible es que sea reincidente en el exabrupto y la mala educación (en el más puro estilo Sostres), y echando un vistazo a su biografía veo que ya era conocido por haber insultado públicamente a Antonio Gala, al desaparecido Pedro Zerolo, y superándose con la consejera de Sanidad de la Generalitat de Cataluña a la que llamó “guarra”, “puerca” y “zorra” simplemente porque al buen señor no le gustó la campaña de educación sexual emprendida por dicha institución. Televisión educativa, ideal para sus hijos. Periodismo de altura.  




Pero siempre se puede llegar más lejos, superar el disparate, hasta el infinito y más allá, que diría el gran Buzz Lightyear. Cuál fue mi sorpresa cuando leo literalmente “Carmena no pondrá el Belén en el ayuntamiento para no herir a los musulmanes” (debe ser que la comunidad musulmana de Madrid se pasa el día metida en el ayuntamiento y no nos hemos enterado) Hay que tener muy mala leche y muy mala idea,  y sobre todo pensar que el ciudadano es muy tonto y va a creérselo, para perpetrar un titular como ese. Pero como nunca vamos a dejar de sorprendernos, en efecto, hay gente que se lo ha creído. Claro que muy posiblemente porque deseaban creérselo.




¿La realidad?, tal y como han asegurado tanto la Asociación de Belenistas de la ciudad como desde el propio ayuntamiento, no sólo habrá belenes este año en Madrid si no que la idea es que encima haya más que en años anteriores y que estén más repartidos por toda la ciudad. Pero lo importante de verdad no es la realidad ni la veracidad de la noticia, si no haber tenido la ocasión durante unos cuantos días de escupir mierda de nuevo sobre el actual equipo municipal de esta ciudad. Difama que algo queda.       




¡Odio la Navidad y me como niños crudos!



Para terminar este particular festival de la calumnia, nos tenemos que trasladar al estadio Santiago Bernabéu. El Real Madrid recibía al Paris Saint Germain en partido de Champions League y contaba en su palco con la visita de la alcaldesa de la capital gala, Anne Hidalgo, por lo que Carmena consideró que lo oportuno era acompañar a su homóloga en el cargo en tal acontecimiento. ¿Dónde está el problema?, en que Manuela Carmena había asegurado en una entrevista al Financial Times que cuando la invitasen a ir al Bernabéu no acudiría. Eso es cierto, y hay que asumir de nuevo cierta torpeza en Carmena en sus declaraciones, tal y como hemos comenzado esta entrada, ya que lo cierto es que por otro lado había manifestado que cuando hubiese que acudir por motivos institucionales o de protocolo, como fue el caso, así lo haría. Poco importa, su visita al estadio madridista ya fue bien aprovechada por la turba linchadora para describirla como una de esas rojas hipócritas que luego comen sus tapitas de gambas, porque sabido es que para ser verdaderamente de izquierdas parece ser que tienes que vestir con un taparrabos y vivir en una caja de cartón o en un barril de madera cual Diógenes el Cínico. Tengan por seguro esto que les digo (e imagínenme entonándolo a lo Ruíz de Lopera), que quienes arremeten contra la alcaldesa por su presencia en el palco en este partido hubieran sido los primeros en calificar a la regente de maleducada por plantar a su homóloga parisina y en definir su conducta como intolerable. Porque cuando algo se convierte en el objeto de tu ira, de tu odio, en tu obsesión al fin y al cabo, su sola existencia será motivo de tu reprobación. Manuela Carmena se ha convertido en el mejor alimento posible para seguir manteniendo viva la particular obsesión de quienes siguen soñando un “amanecer rojo” que venga a darles la razón en su mediática campaña del miedo. Si no existiese habría que inventarla.     




"Me gusta el fútbol, los domingos por la tarde...", sigan ustedes.



Con tanto linchamiento finalmente la van a convertir en santa, buena y mártir, como su tocayo masculino el San Manuel de Unamuno. En una de sus más grandes novelas el autor bilbaíno nos presenta el formidable retrato de un párroco de pueblo que se antoja figura imprescindible en el pequeño ecosistema de una villa zamorana. Un elemento vital para que los habitantes del lugar sigan adelante con sus vidas apoyándose en el sustento que les proporciona la fe. Pero hay una particularidad en el personaje que sorprende al lector de la novela (y perdóneme el “spoiler” quien no haya disfrutado de esta obra): Don Manuel no cree en Dios. Lo único que le importa es que sus feligreses sí crean y no vivan asaltados por las dudas y angustias existenciales que a él le acometen. Con tanto ataque a nuestra alcaldesa van a conseguir que quienes vivíamos ya descreídos de la política finalmente tengamos fe en que las cosas pueden realizarse de manera distinta. Personalmente pienso que es muy difícil que Carmena no acabe decepcionando, incluso siendo alcanzada por algún caso de corrupción, o atendiendo a grandes intereses que la hagan tomar medidas nocivas contra el común de los ciudadanos. Pero hasta que ese día llegue sólo podemos calificar de repulsivo el ataque gratuito que día sí y día también se ha convertido en deporte nacional desde muchas trincheras. 


Despojándonos de tanta suciedad e intoxicación alrededor de la figura de Carmena, observamos una realidad traducida en la lucha contra los desahucios, consiguiendo frenar lo que era un drama cotidiano en una gran parte de barrios madrileños, un repunte en el gasto social, un mayor número de inversiones en las zonas de la ciudad más necesitadas, detener la venta de viviendas sociales a fondos de inversión, la liberalización del ayuntamiento de los descomunales contratos firmados por el anterior equipo municipal con Testa o Sacyr y el frenazo a la privatización de los servicios públicos. Esto a grandes rasgos, pero también detalles como la propuesta de bajada de sueldo de todos los concejales, propuesta que no interesa al resto de formaciones políticas a las que no están logrando de momento convencer de la necesidad de la medida (por lo que han decidido desde Ahora Madrid y de manera personal destinar esa bajada a proyectos sociales), la renuncia a privilegios como palcos vips y similares, la supresión de los bancos“antimendigos” y su cambio por un nuevo mobiliario urbano, la lucha contra el cohecho (hay que recordar que Carmena fue la principal combatiente contras las "astillas" en los juzgados en su día, sobornos que se realizaban a jueces en nuestro país con la connivencia de las instituciones) o la sensibilidad con la limpieza y mantenimiento en una de las ciudades más sucias de España. Atendiendo al programa de Ahora Madrid, queda mucho por hacer (la garantía de luz y agua en todos los hogares madrileños, la inserción laboral urgente de jóvenes y parados de larga duración…) y es posible, lamentablemente, que no todo se consiga, pero una mirada limpia a la gestión de Carmena en estos seis meses (dentro de un cargo para la que ha sido electa durante cuatro años) presenta muchas más luces que sombras.



Pero esas luces no venden, y hay que seguir alimentando a la bestia de la obsesión. Aunque lo cierto es que ese "amanecer rojo" con el que siguen soñando desde algunos frentes mientras sacan brillo a sus bayonetas empeñados en mantenerse"en guerra" (bien triste es que tu vida dependa de la existencia de "enemigos" contra quienes luchar) no llega. Y la realidad es que en Madrid ni se prohíben los belenes, ni se persiguen a los cristianos, ni nos meten en gulags, ni se cierran periódicos, ni nos imponen ningún pensamiento único. Dejen de tratarnos como gilipollas.



Difama, calumnia, miente y manipula, que algo queda. Nuevo mandamiento introducido en algunas redacciones de periódicos, las mismas en las que arrojaron hace tiempo una cosa llamada rigor a las papeleras.    





Periodismo de alta escuela, enriquecedor y edificante.



miércoles, 21 de octubre de 2015

EL FUTURO ES UNA ESTAFA



Reabro este blog de pensamientos, entretelas y eyaculaciones verbales para opinar sobre el tema del que todo el mundo habla a día de hoy en fecha tan señalada de 21 de Octubre de 2015, cuando Marty McFly, su chica Jennifer, y su extravagante amigo e inventor “Doc”, viajan desde 1985 en el mítico Delorean para llegar a un futuro en el que hay coches y tablas de skate voladoras y ropa que se seca sola y no se ve un hipster por la calle. Era la segunda parte de la saga “Back to The Future”, del grandísimo Robert Zemeckis, y se estrenó en 1989, es decir, yo tendría unos 15 o 16 años cuando la vi. Y ahí que me lo tragué todo, pensando que cuando tuviera 42 años iba a ir a trabajar en una flamante aeronave siendo un respetable padre de familia y un genio venerado y considerado por sus vecinos. 

Y heme que aquí estoy en tan señalada fecha, en realidad hecho un asquito, con la salud hecha una mierda, viniendo a trabajar en un vagón de metro que más que a una película futurista me hace recordar a “Pasaje a La India” (David Lean, 1984) y esos autobuses en los que las personas viajan subidos al techo o agarrados al parachoques porque ya no se cabe dentro, sin un euro en el bolsillo,  y con Rajoy de presidente. 


Por favor, que alguien me devuelva a 1989.     



Hipsters, la plaga que Robert Zemeckis no predijo 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

EL PATRIOTISMO ES EL ÚLTIMO REFUGIO DE LOS CANALLAS





La cita con la que abrimos la entrada quedó grabada a fuego en la memoria de los buenos cinéfilos desde que un Kirk Douglas en estado de gracia la pronunciase en 1957 en el alegato antibelicista de Stanley Kubrick “Senderos de Gloria”. Douglas, por aquel entonces en el mejor momento de su carrera, interpreta al Coronel Dax, un militar del ejército francés durante la I Guerra Mundial con un alto sentido del honor y un elevado concepto acerca de la dignidad humana. Un coronel humanista asqueado de ver como la humanidad se mata entre sí misma al servicio de los intereses de gerifaltes apoltronados, y de como esos viejos conceptos de Dios y patria siguen cegando a los hombres para seguir siendo instrumentos al servicio del poder. La frase la escupe Dax a la cara de uno de sus superiores, el General Mireau, quien había aludido al patriotismo como pretexto para mandar a los hombres de Dax a una muerte segura en la imposible tarea de alcanzar una colina tomada por el ejército alemán, y recuerda la autoría de la misma al Doctor Samuel Johnson, reconocido intelectual inglés del siglo XVIII. Para Dax, dentro de su ideario humanista e idealista, ningún hombre debería morir por una bandera, y mucho menos si eso supone seguir contribuyendo a lo que no deja de ser un negocio y una manera de manejar el poder.


Aunque el concepto de “patriotismo” suene hoy día rancio, trasnochado, y evocador de los malditos totalitarismos que tanto daño hicieron a la Europa del siglo XX, los ecos de la “menos perspicaz de las pasiones”, que decía Borges, siguen presentes en los discursos victimistas de los nacionalismos, grandes escaleras hacia el poder de esos miserables, esos canallas de los que hablaba Johnson, capaces con ello de envolver en celofán sus discursos maliciosos basados en derribar puentes entre los seres humanos en vez de construirlos.    



Coronel Dax: un idealista entre trincheras.



No puedo evitar pensar que el nacionalismo es una ideología que lastra al ser humano, aunque también, e igualmente por convicción, debo respetar todas las sensibilidades. España es un gran nacionalismo en sí, y a su vez una suma de nacionalismos, todos ellos, en mi opinión, igual de perjudiciales. Un país que se enorgullece, nos aseguran desde el rancio nacionalismo españolista, de su multipluralidad y tolerancia. Una tolerancia que desaparece en cuanto uno se sale del discurso único, porque por mucho que nos engañen sólo siguen aceptando una idea de España: la suya. 


El último ejemplo lo hemos visto con el sonado caso Fernando Trueba. En su discurso de recogida por su (merecido) Premio Nacional de Cinematografía, quien sabe si buscando epatar, ser original y superar aquello de Dios y Billy Wilder en la entrega de los oscars, o simplemente hacer reflexionar a sus compatriotas, aseguró no haberse sentido español ni cinco minutos de su vida. Una inocente reflexión (admito que lo de desear que hubiéramos perdido la guerra contra los franceses ya es pasarse de provocador, oiga, que aquí “Curro Jiménez” ha dejado mucha huella) la cual, no podía ser de otro modo, enseguida abrió la caja de los truenos de los españolistas de toda la vida, los que van sin careta, pero también evidenció que muchos presuntos aperturistas, convencidos de que defienden la libertad de pensamiento y comprenden este mundo moderno en el que habitamos, siguen viviendo poseídos por sus viejos tics de siempre. Y por encima de todo, claro, el topicazo del “progre” al que hay que sacudir como a una estera. Y es que si no existiera gente como Trueba, habría que inventarla. 


¡Qué vergüenza, qué bochorno, qué sofoco, qué indecencia! ¡Un artista español recogiendo un premio y una suma de 30000 euros (de los cuales parte irán a parar a las arcas públicas en forma de impuestos, digo yo, ya que qué yo sepa el señor Trueba no tiene cuentas en Suiza, cosa que no se puede decir de un buen número de voceros que han criticado su falta de “patriotismo”) renegando de la Madre Patria! ¡Herejía, excomunión, anatema! Parecen no darse cuenta de que ese premio se entrega por la calidad de la obra  (indiscutible en el caso de Trueba) desarrollada a lo largo de una carrera (en ese sentido, si podría ser criticable que Bayona, con sólo dos largometrajes a sus espaldas, lo recibiera hace un par de años, pero nunca un cineasta del largo recorrido de Trueba), no por una mayor o menor españolidad o patriotismo. Los méritos cinematográficos de Fernando Trueba están muy por encima del pensamiento ideológico o político que pudiera tener, que por cierto, tampoco es hombre de pronunciarse excesivamente en ese campo. No es Trueba, por otro lado, de esos cineastas cuyas películas hundan la industria. Sin ser un fabricante de “blockbusters” ni habitualmente reventar las taquillas, sus trabajos tienen buena acogida entre el público, aunque parece haber perdido fuelle en los últimos años. No queremos recurrir al manido “y tú más”, pero cuando se acusa alegremente a Trueba (como a tantos otros artistas españoles) de ser un parásito (les invito a quienes hacen tales afirmaciones a que prueben a involucrarse en la confección de una película, desde su principio hasta el último día de rodaje, y después me cuenten si les parece un trabajo de “parásitos”), hay que recordar que el record de una subvención de dinero público para una película lo sigue ostentando José Luís Garci, quien recibió 15 millones de euros (el coste total ascendió a 16,5 millones, con la campaña publicitaria) para realizar por encargo de Esperanza Aguirre, cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid, la película, de, curiosamente inequívoco tinte patriota, “Sangre de Mayo”, en la que se ensalza la lucha de los españoles contra el invasor francés. Esos 15 millones de euros, lo han adivinado, salieron de los bolsillos públicos. Lo más dantesco del caso es que la película recaudó 700000 euros. La señora Aguirre, otra nacionalista patriotera disfrazada de liberal, sigue hoy día dando lecciones sobre cómo ser buenos españoles.


Este país reparte premios culturales y de todo tipo a personalidades de todo el mundo (piensen en el Príncipe, ahora Princesa, de Asturias, por ejemplo) Coppola ha recibido el de Las Artes de este mismo año, un premio igualmente cuantioso (50000 euros) y también pagado con nuestros impuestos. Quizás habría que pedirle al director de “El Padrino” que, para contentar a la turba enfurecida, intente sentirse español un poquito, aunque sea sólo cinco minutos de su vida, para compensar el desagravio de nuestro Trueba. A lo mejor incluso en Suecia se plantean que el próximo Nobel de Literatura, aunque sea ruandés, deba sentirse sueco por unos instantes, no se vayan a enfadar los patriotas de turno. Claro que otra cosa es ir provocando, y decir, qué sé yo, que Ikea es un invento del demonio. 



Un premio en rojigualda.



Y es que en ese sentido admito que puedo comprender el enfado del patriota de toda la vida. Del que va sin careta. El que no tolera un insulto a su patria. Pero resulta chirriante ver el rasgarse las vestiduras a quienes predican por un mundo en el que cada vez tengan menor razón de ser las naciones, los estados, las patrias, y las fronteras, pero les sale el tic casposo de “España sólo hay una” a la menor ocasión. Buscan malabarismos argumentales para defender su postura de que sí, que son muy liberales, modernos, y abiertos de mente, pero  lo de Trueba es una vergüenza nacional (por “progre”, rojo, intelectual y bizco) Se habla de que es un insulto al resto de los españoles (con que poco se sienten insultados algunos), que si no se siente español devuelva el premio (premio entregado, repetimos, por sus méritos como cineasta, no por lo que piense o deje de pensar), ese pensamiento de boina enroscada que quiere echar a Piqué de la selección española de fútbol, o que sufriría un pasmo si Guardiola relevase a Vicente del Bosque (¿qué hacemos entonces con todos los entrenadores que son seleccionadores en países dónde no han nacido?, si quieren aplicar el argumento de la “raza” a los futbolistas, ¿lo aplicamos también a médicos, fisioterapeutas, jefes de prensa, asesores jurídicos y un largo etcétera?), al final, con toda su modernidad, no reclaman más que un “España para los españoles”. Conozco hombres, o nacidos hombres, que se sienten mujeres, y viceversa, y no creo que supongan un insulto al resto de los hombres que si nos sentimos hombres, ni que sea un escándalo que se aprovechen de las ventajas o inconvenientes de serlo. 


Yo me siento español, y en ningún momento me han ofendido las palabras de Trueba. Más bien al contrario me han servido de reflexión para seguir comprendiendo a este país en el que algunos tipos de sinceridad salen caros. Un país anclado a la barra del bar y con la boina prieta. Les voy a confesar una cosa. Yo he nacido en Ponferrada, y sin embargo, y después de 42 años de vida, jamás me he sentido leonés. Nunca. ¿Por qué? Ni yo mismo lo sé explicar. Cierto que de joven me sentí atraído por ideas bercianistas, lindantes con el nacionalismo, por suerte ya superadas. Vendíamos, como no, victimismo: León era el culpable de todos nuestros males. Al igual que el leonesismo vende que Valladolid es el culpable de todos los suyos. Despojado, afortunadamente, de aquella distorsión de la realidad, no encuentro por otro lado ningún vínculo con la tierra leonesa. Todo ello amando profundamente la ciudad de León, una de las que más me ha hecho disfrutar a lo largo de mi vida, y en la que conservo grandes amigos. Sinceramente dudo que ninguno de ellos se sienta ofendido porque no me sienta leonés.


Vienen a mi mente ahora las palabras de ese abyecto personaje llamado Alfonso Ussía (otro que usa el disfraz de liberal para intentar disimular su nacionalismo españolista recalcitrante), afirmando con orgullo su francofobia y anglofilia, cual si hablase de equipos de fútbol, de ser antimadridista y barcelonista, o viceversa, y eso le hiciese mejor persona (créanme, hay gente que juzga a los demás seres humanos por ser de un determinado equipo de fútbol, esto es lo que pasa cuando te enroscas la boina en la cabeza bien a tope, no sea que te fluya la sangre en el cerebro y te dé por empezar a pensar por ti mismo, en vez de seguir los cuatro dogmas de fe que te llevan inculcando toda la vida) Qué triste manera de lastrarse uno mismo, de condicionarse, de limitarse. Cómo si no pudiera disfrutar por igual de Baudelaire que de Wilde, o no fuera capaz de comprender la carga icónica tanto de un Fantomas como de un Sherlock Holmes. Resulta especialmente sangrante el complejo francófobo de este país, que sale relucir de manera patética y patriotera en las competiciones deportivas, cuando sacamos al primate que llevamos dentro para enarbolar la banderita y celebrar que “nos hemos follao” a los franceses. 200 años después de la Guerra de La Independencia seguimos totalmente acomplejados por aquello. Anclados en un primitivismo ideológico a la altura de un Francisco, aquel meloso cantante que ahora, como no, también se ha subido al carro del (falso) liberalismo, para contribuir al despropósito de la España cainita asegurando que no comprará ningún producto catalán. Ya puestos pidamos un embargo y un bloqueo para Cataluña, eso sí que es de buenos liberales.   


Y es que este tipo de nacionalismo exacerbado, este viejo patriotismo, no difiere demasiado entre sus distintas caras. Sólo cambia el color de la bandera o la música del himno. El discurso es el mismo. Las grotescas y rabiosas actitudes españolistas y su odio hacia el catalanismo esconden la misma perversidad que las del catalanista que desprecia lo español.


Hagan conmigo este ejercicio mental de desarrollar una hipótesis. Pensemos por un momento que algún reconocido artista catalán recibe un premio otorgado por la Generalitat como reconocimiento a su carrera, y en el discurso de recogida del mismo, sorprendiese afirmando que nunca se ha sentido catalán. Bien podría ser un Albert Boadella, o incluso un Loquillo, que es un catalán más madrileño que el chotis. El sonido de los tambores de guerra retumbaría por toda España. Linchamiento y petición de deportación por parte de los nacionalistas catalanes… pero aplausos y vítores por parte de los que ahora crucifican a Trueba. Y esto es lo triste, los nacionalistas que ahora lapidan al director madrileño por su desafecto al país, celebrarían la valentía del artista catalán que públicamente airease su falta de sentimiento nacionalista para con esa tierra. Cambien a Trueba por Boadella, y la palabra “España” por “Cataluña”, y mantengan todo lo demás. Donde ahora tienen ataques aparecerían muestras de apoyo.   



Y es que los patriotas siempre encontrarán una bandera por la que luchar.      



Patriotas de distinto pelaje luchando por su bandera