martes, 24 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (XIII): DOLOR DE MUELAS
Eramos pocos y llegó el dolor de muelas. Bueno, dolor de muelas por decir algo genérico. En realidad es todo un lado de la cara irradiando e irradiándose incapaz de saber cual es el origen. Y en realidad no es que haya llegado ahora. Ya llevaba unos días aguantando como un campeón antes de que nos sacudiese la pandemia, porque aunque no sé lo crean, por muy hipocondríaco que yo sea mi capacidad para aguantar el dolor es espartana, olímpica, homérica, hercúlea.
¿Se acuerdan de Antonio Banderas en “Dolor y gloria” machacando pastillas para tomárselas de golpe?, pues así estoy yo con el nolotil y el naproxeno. De algo tenía que servirme mi experiencia machacando pastillas. Y porque no tengo heroína a mano para fumarme unos chinos.
Total, que lo que no han conseguido las adicciones lo va a conseguir el dolor de muelas: echarme desesperado a la calle en busca de un dentista de urgencias. No puedo más, en serio, esto es insoportable. Es un dolor que no está en los escritos. Por eso lo estoy escribiendo. Para que al menos esté en los escritos.
lunes, 23 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (XII): MENS SANA...
Aunque no debería ser noticia calificar de racista a quien ha dado sobradas muestras de serlo, Jeremy Lin ha saltado a la actualidad recientemente por advertir el desafortunado lenguaje de Donald Trump refiriéndose al covid-19 como “virus chino”. Personalmente me gusta más ver como el baloncestista exterior ha sido noticia por regresar a China para prepararse de cara a la reanudación de la liga de ese país, fechada para el 15 de Abril.
Habrá quien piense que es una frivolidad preocuparse por las competiciones deportivas ahora mismo, pero más allá del asidero de evasión mental que supone la presencia de una agenda deportiva, haciendo más llevaderas algunas de las jornadas más rutinarias (ese miércoles de frío invierno que después de ocho horas de trabajo con madrugón incluido sabes que te espera un partidazo de Champions League), creo que el hecho de que el país desde el que comenzó su letal expansión el covid-19 considere que su liga de baloncesto (que no lo olvidemos, es una de las que más millones maneja en el mundo) está lista para reanudarse en menos de un mes es una noticia que nos debe llenar de esperanza a los países que vamos, por así decirlo, con retraso respecto a la pandemia. Sinceramente ni sé ni me importa ahora mismo cuando regresará la NBA, la Euroliga, o nuestra ACB en España. En efecto eso es lo de menos. Pero si sé que los goles y las canastas tienen que volver algún día, y si el calendario chino sigue marcando la ruta de la pandemia tanto para lo bueno para lo malo, llámenme lo frívolo que quieran pero ver ese 15 de Abril marcado en rojo (curiosamente la fecha en la que comenzaron las protestas de Tiananmen en 1989) para que el balón vuelva a botar en los pabellones chinos (en principio a puerta cerrada) a mí sinceramente me parece una buena, estupenda noticia para mantener ese equilibrio mental necesario entre sacrificio y esperanza de estos días. Esto también es tener la “mens sana”.
domingo, 22 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (XI): SE VEÍA VENIR
Hoy 22 de Marzo se cumplen dos semanas
del Día Internacional de la Mujer, el 8M que un año más hizo que
las calles de medio mundo se poblasen de manifestaciones
reivindicando los derechos de las mujeres. Visto ahora fue un error y
una irresponsabilidad que los gobiernos de ese medio mundo
permitiesen los actos con la amenaza de la pandemia instalada entre
nosotros.
Horas antes yo me había corrido una
fenomenal juerga, había estado de fiesta con decenas de amigos y
había acudido a un concierto. Visto ahora fue un error y una
irresponsabilidad, pero nadie, absolutamente nadie de las decenas de
las personas con las que estuve y compartí charlas, abrazos, roces y
copas sugirió que estábamos siendo unos irresponsables. Imagino que
lo mismo que yo en esa citada fiesta decenas de miles de españoles
también salieron horas antes del 8M invadiendo bares y salas de
fiestas y conciertos como un sábado cualquiera, víspera de un
domingo cualquiera.
Horas después de las manifestaciones
del 8M se celebraron varios actos multitudinarios en todo el
territorio español (y por supuesto, en todo el globo terráqueo),
especialmente deportivos, con el partido del Benito Villamarín entre
Betis y Real Madrid como climax. A las nueve de la noche del pasado 8
de Marzo se juntaban en Sevilla más de 50000 aficionados para
presenciar el encuentro. Visto ahora fue un error y una
irresponsabilidad.
Comenzamos la semana laboral del 9 de
Marzo con la absoluta normalidad que nos obligaba a coger medios de
transporte público, compartir vagones de trenes de metro o de
cercanías de Renfe... a compartir lugares comunes en nuestros
puestos de trabajo, aseos, comedores, máquinas expendedoras, etc...
visto ahora fue un error y una irresponsabilidad.
Dos días después, el 11 de Marzo,
recordarán que miles de madrileños viajaron alegremente al Reino
Unido para acudir al partido de Champions League que enfrentaba en
Anfield al Liverpool y Atlético de Madrid sin que las autoridades
británicas tomasen ninguna medida de control ni testasen la posible
portabilidad del virus de nuestros compatriotas. Visto ahora fue un
error y una irresponsabilidad.
En la primera entrada de este
particular diario lo dejé claro. Los gobiernos de todo el mundo han
actuado tarde y es especialmente cruento el caso de Italia, y
posteriormente España, que no supo advertir en el país transalpino
su “yo del futuro”. Es perfectamente justo y comprensible la
exigencia de responsabilidad para nuestros mandamases. Pero también
deberíamos ser justos y reconocer que en el conjunto de la sociedad
casi nadie previó lo que se nos veía encima y seguíamos pensando
que era un problema lejano, asiático. No lo vimos o no lo quisimos
ver y seguimos con nuestras vidas hasta que nos dimos de bruces con
la realidad. Estuvimos viajando dentro o fuera de nuestra geografía
hasta el último momento, organizando fiestas, conciertos, quedadas
con los amigos. Nuestras empresas tardaron en adoptar medidas, en
habilitar teletrabajo para sus empleados. Todos hemos fallado.
Absolutamente todos. Centrar el objetivo únicamente en el 8M no sólo
resulta ruin y miserable, es que además nos sigue instalando en la
inmovilidad de un bucle ideológico que va a dificultar mucho lo que
debe ser una lucha conjunta frente a un enemigo común: el covid-19 y
su propagación. Hay que exigir a nuestro gobierno la responsabilidad
que se les supone a quienes se presentaron ante las urnas para
servirnos. Pero acto seguido, si queremos ser justos, debemos
exigírsela a las otras formaciones políticas que también salieron
a las calles el 8M, representantes del PP y C's, quienes días antes
también alentaban a celebrar la señalada fecha en la vía pública
porque el 8M es de todos. Nadie desde esas formaciones alertó de que
no saliéramos a las calles esa mañana. Peor todavía es el caso de
VOX, quienes en vez de sumarse a la celebración escogieron
precisamente esa fecha para llevar a cabo su asamblea general
ordinaria con un multitudinario acto en Vistalegre fletando autobuses
desde distintos puntos de nuestro país. Al menos han tenido la
decencia de pedir perdón... pero fue otro error e irresponsabilidad.
A toro pasado todos lo tenemos claro.
Se ha actuado tarde y mal. Pero nadie tenía una bola de cristal. Si
fuera así y alguno de mis numerosos amigos que ahora braman contra
el gobierno y muy especialmente por la celebración del 8M manejaba
información sobre lo que iba a pasar, me veo en la obligación de
llamarle también irresponsable por no habernos advertido a tiempo o
simplemente contactarme y pedirme que hace dos fines de semana no
saliera a la calle, bares, etc
Si tan claro era que esto se veía
venir, ¿por qué no escuché a nadie el 7 de Marzo describir este
escenario?
A toro pasado... todos, absolutamente
todos hemos sido unos irresponsables.
viernes, 20 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (X): LA RECONQUISTA
Si el mito patrio de la Reconquista
cristiana nace en Asturias con la Batalla de Covadonga, bien pudiera
decirse que la reconquista de la sanidad nace en el local asturiano
en el que el ingeniero Marcos Castillo ha desarrollado un prototipo
de respirador desde una impresora 3D, con el bajo coste que ello
supone. Aunque el propio profesional reconocía hoy emocionado que la
idea le llega desde Canarias, donde el anestesiólogo Ramsés Marrero
insiste a su compañero de resistencia en embarcarse en esta
maravillosa aventura a la que se han ido sumando todo tipo de
profesionales de distinto tipo para conseguir en solamente 96 horas
tener preparado el nuevo respirador. Todo ello ha supuesto una media
de dos horas de sueño por jornada, como reconocía Castillo esta
tarde en la cadena SER, pero en un momento tan delicado como este la
iniciativa particular y altruísta de estos ciudadanos es sin duda
alguna la noticia del día en otra jornada necesitada de buenas
noticias. Si el prototipo tiene éxito hablamos de un invento que
puede aliviar sobremanera el colapso de los servicios sanitarios al
que nos ha llevado la actual pandemia.
España necesitaba una noticia así, un
empujón anímico tan descomunal que hace palidecer y deja en
absoluto ridículo toda nuestra verborrea en redes sociales buscando
culpables y cargándonos de razones tirando piedras y escondiendo
manos. El propio Castillo lo dejaba claro esta tarde, esto es obra de
todos los que están ahí detrás empujando, tanto él como los casi
dos millares de profesionales anónimos y desconocidos entre sí que
se han sumado al proyecto Coronavirus Makers, como los ciudadanos que
sin conocimientos ni habilidades técnicas para luchar contra la
pandemia están, estamos, dando nuestro aliento y nuestro aplauso y
empeñados en que no se puede decaer en ningún momento. No vamos a
bajar los brazos en ningún momento, y no puedo por menos que
emocionarme ante esas 96 horas de trabajo prácticamente continuado
desde Asturias hasta Canarias que ha llevado a que tengamos este
nuevo arma en forma de respirador en nuestras manos. Y resulta
realmente llamativo que tras varios días en los que hemos vivido
envueltos en el ruído de caceroladas en una u otra dirección y
peleados en luchas ideológicas que nos dividen y hacen más fuerte
al virus, las noticias sobre el trabajo de los Coronavirus Makers
hayan pasado tan desapercibidas.
Si quieren irse a la cama con buen
sabor de boca al menos una noche en esta semana tan cruenta, escuchen
la breve pero contundente y emocionalmente demoledora intervención
de Marcos Castillo esta tarde en las ondas:
jueves, 19 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (IX): LOS ALCÁNTARA Y BLACK SABBATH
Dijo una vez Henry Rollins que sólo
debes creer en ti mismo y en los primeros seis discos de Black
Sabbath. Es encomiable la fidelidad hacia la primeriza discografía
de la banda de Birmingham como un asidero emocional infalible. Algo
parecido me sucede a mí con “Cuéntame”, y es que la saga
televisiva de la familia Alcántara, que marcha tan campante y con
paso firme hacia los 400 episodios, parece lo único inalterable en
estos días en los que nuestras agendas culturales, deportivas o de
ocio en general han saltado por los aires por la dichosa pandemia del
covid-19.
Ahí siguen Antonio y Merche con lo
suyo, ajenos a nuestro presente viviendo en su pasado. Se agradece
esa normalidad, ese último refugio de la deliciosa rutina.
Por lo demás poco más traigo esta
noche al diario. Esperando el segundo fin de semana de clausura en el
que espero tener más tiempo para sacarle jugo de verdad a esto que
estamos viviendo. Al escenario de experimento sociólogico, a la
disección antropológica que hasta el momento arroja más miserias
que luces. Otra apuesta que pierdo, cuando la mezquindad y el mal
rollo parece que va ganando terreno al positivo pragmatismo que
debiera imperar. Quicir, que seguimos pensando que el vecino es
gilipollas sin darnos cuenta de que nosotros somos el vecino de
nuestro propio vecino, y que ese vecino gilipollas no es si no un
espejo devolviéndonos nuestro propio reflejo.
Isa y yo hemos superado nuestra segunda
jornada de teletrabajo juntos.
Sigo mirando la web de Aemet todas las
noches para saber que tiempo va a hacer a la mañana siguiente, ¡cómo
si tuviera importancia!
miércoles, 18 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (VIII): TODOS SOMOS ROBINSONES
Si el ser humano es de por si una
paradoja, la pandemia no hace si no acrecentar esta cualidad cuando
nos vemos obligados al aislamiento para así demostrar nuestra fuerza
en conjunto. Manifestamos el poder grupal en la soledad de nuestros
habitáculos. No es la única paradoja cuando vemos hasta a los más
acérrimos defensores del anarcoliberalismo ahora entonar los ojos
llorosos a ese “papá estado” del que tantas chanzas otrora
hacían, sabedores de que el habitual “sálvese quien pueda” es
un papel tan mojado como esa charlataneria de superficial
mercadotecnia que habla del valor del emprendedor y de como tanto los
millonarios como los pobres han llegado a tal rol por propio
merecimiento. Muy interesante a ese respecto la reflexión de Jesús
G. Maestro sobre las diferencias a la hora de luchar contra el
covid-19 por parte de los países de tradición católica (España o
Italia) frente a los de herencia protestante (Estados Unidos o Gran
Bretaña), y el sentido social de los primeros en contra del
desamparo de los segundos, defensores de una especie de “ley del
más fuerte”, aunque ya decimos que paradójicamente estos últimos
han reculado en sus propuestas y hasta el propio Donald Trump de
manera inaudita (pero responsable) ha admitido cuan equivocado
estaba.
En esta paradoja en la que para
demostrar que ningún hombre es una isla nos hemos convertido todos
en robinsones, en naúfragos confinados a las ínsulas de nuestras
casas, me ha llamado la atención observar como ciértamente el papel
higiénico se ha convertido en preciado objeto del deseo pero las
baldas de higiene personal, al menos masculina, apenas han notado el
impacto del coronavirus. Me refiero a productos tan indispensables
como champús, geles, espumas de afeitar y sobre todo desodorantes.
Comprendo la importancia de tener el culo limpio (aunque se tenga la
boca sucia) y sé de lo incómodo que puede resultar llevar un pastel
debajo de tu espalda, pero considero igualmente molesto, por mucho
que uno esté confinado en casa, el pasar días sin una buena ducha,
lavado, perfumado, peinado, afeitado... confirma esto la tragedia de
que para mis congéneres la “comodidad” hogareña consiste en el
desarreglo, el desaliño y el desafecto con la estética. Y un mundo
sin estética es incluso peor que un mundo con coronavirus.
Temo por tanto el día en que las
autoridades anuncien que esto haya acabado y que podamos tomar de
nuevo las calles, los bares, las salas de cine o las librerías.
Siento escalofríos pensando el paisaje humano que pueda encontrarme,
la plaga de sucias cabelleras y barbas cuales parques de atracciones
para piojos. Y si la imagen se me antoja dantesca peor todavía es
imaginar el fétido aroma que posiblemente acompañe tales
especímenes.
Eso sí, todos con el culo bien limpio.
martes, 17 de marzo de 2020
DIARIO DEL CORONAVIRUS (VII): COMPRAR EL AS, IR AL BANCO, PONERSE MECHAS.
Vivir bajo una pandemia es algo tan
excepcional que cada día, cada hora que pasa, hace que el momento
anterior resulte totalmente obsoleto. Eso hace que incluso las coñas
tan españolas que estamos haciendo con motivo del covid-19 parezcan
desfasadas de un día para otro.
Pero antes de que nuestro presidente
del gobierno, Pedro Sánchez, matizase que las peluquerías sólo
podrían realizar servicio a domicilio, las redes sociales y cadenas
de whatsapp se inundaron de una gracieta que venía a suponer que
vaya mierda de confinamiento este que te permite salir a comprar el
As, ir al banco y visitar la peluquería para ponerte mechas. Ya
expliqué el mismo sábado que yo mismo también recibí con
extrañeza la noticia de que los profesionales capilares pudiesen
abrir sus locales sin reparar en que ciértamente pudiera haber
vecinos con limitaciones para poder hacer algo tan natural como
simplemente lavarse la cabeza. Y entoné un “mea culpa” respecto
a la falta de empatía que habitualmente padecemos los ciudadanos
digamos sanos, incapaces de comprender otras realidades, otras
necesidades. Ni por asomo hubiera podido pensar tal cosa y caí, como
tantos, en que lo más fácil es que se tratase de otra boutade del
mandamás de la Moncloa, o que quizás su socio Pablo Iglesias
tuviese necesidad de dejar su hermosa coleta al cuidado de manos
profesionales (esa coña fue la que ideé yo, que también tengo lo
mío)
Pero coñas aparte, dentro de este
magnífico (a nuestro pesar) experimento sociológico que supone el
ser víctimas de la pandemia y el ser testigos en primera persona del
mayor acontecimiento a nivel global desde la II Guerra Mundial,
tratar con ligereza esta y cualquier medida del estado de alarma como
si se tratasen de humoradas nada meditadas y todo esto fuese un
gigantesco chiste, es un ejemplo más de que pocos refranes españoles
tienen tanto tino como el de “piensa el ladrón que todos son de su
condición”. Un pensamiento mínimamente crítico consideraría que
cualquiera de las actividades comerciales que permanecen vigentes lo
hacen para casos de auténtica necesidad, no para estúpidos
caprichos. Pero imagino que es más fácil pensar que nuestro vecino,
preferiblemente “progre” y sociata, está en la calle todo el día
pasándoselo en grande y haciéndose mechas mientras sus abnegados
compatriotas hacen un ejercicio de responsabilidad sólo propio de
los buenos españoles, los de la pureza de sangre. Y es que muy
posiblemente en realidad eso lo que estamos deseando todos, el buscar
ese subterfugio, ese agujero legal por el que saltarnos a la torera
el estado de alarma y volver a tomar las calles de nuestro país,
pero eso sí, echándole la culpa al otro.
Aunque de eso ya tendremos mucho de lo
que hablar, de como nos vemos los vecinos ahora mismo, unos a otros y
otros a unos. Porque ciértamente, creo que ni el más avezado
antropólogo o el más reputado sociólogo pudiera haber imaginado
un experimento mejor para calibrar el comportamiento humano que el
escenario que nos está brindando esta crisis del coronavirus.
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