jueves, 29 de enero de 2015

EL FIN DEL ENERO








Yo te maldigo mes insoportable,
Eterno cometa de frío y destrucción anímica. 

Celebro tu marcha, tu vuelta al reino de los hielos, mes implacable de noches oscuras y almas raídas. Desconsuelo intempestivo. Tragedia atmosférica. Batallón de isobaras malditos.

Vete con tu rastro baboso de nieves,
Sátrapa meteorológico. 

Observa, ve, mira con rabia cómo celebramos la llegada de Febrero, cómo abrimos el alma y cantamos al Carnaval, cómo prolongamos los días y nos bañamos en la luz que nos niegas, Enero maldito. 

De qué modo reina el alborozo cuando te vemos partir en tu carroza de mármol, con tu gélida corona de hielo que antaño nos aplastaba. 

Los mendigos celebran tu marcha, una vez que has dejado un reguero de ángeles caídos y congelados. Los niños ríen y juegan en las calles. Los poetas afilan sus plumas rindiendo pleitesía a tu enemigo solar, y los pintores atusan los pinceles en desafío a tu presencia. 

Y es que no eres un mes, eres una maldición…

Y como todas las maldiciones, aparecerás de nuevo en nuestras vidas. Once meses sin tu aliento de estalactita y tus pedos de estalagmita, y volverás con fuerzas renovadas en tus puños de nieve y escarcha, agitando la niebla y blandiendo la miseria.     

Y es que nadie como tú, Enero odioso y odiado, sabe de la realidad del Invierno y de su engaño el día en que nació esa estación fatídica. Tú conoces su secreto más preciado… 


…ese que cuenta que nació, el Invierno se cambió una f por una v en su nombre.  

miércoles, 14 de enero de 2015

EL CONSUELO DEL ESPECTADOR





Sí, he llegado a casa un poco tocado, con las neuronas agitadas en el cocktail neurasténico del hombre del siglo XXI que cabalgó las olas del XX con aroma de frenillo agigantado. Prefiero reconocerlo antes de que os detengáis a navegar en mis pupilas dilatadas de óxido y ácido. Yo soy ese cartel de neón que anuncia el último desastre antes del amanecer.

He llegado a casa envuelto en efluvios y levitando gracias a los vapores etílicos, lo cual significa que la cabeza se pone a funcionar. El cerebro, ese monstruo magnífico, ese molusco de pensamientos y nervios rotos ruge con un aliento de miseria y pide alimento aún a costa de mi alma. Mi sufrimiento es su alimento. Que infernal maquinaria neuronal sujetamos sobre los hombros.

No era muy lejano, pienso, cuando cada martes bien podía ser una fiesta de Dionisos por acá y Baco por allá. No era joven ni era viejo, era simplemente ese animal de pezuñas dionisíacas que retraté una vez en mi poemario “Enfermera de noche”. ¡Qué poderosa imagen de desverguenza y nitroglicerina! Así se derrumbaron todos mis escritos, en la inopia de quien se sabe inédito. Un discurso blasfemo soterrado y enterrado que nunca verá la luz. Así, en efecto, se derrumbaron todos mis escritos.

Una noche de esas de golpearse el pecho y exclamar el mantra sagrado “MUJERES HERMOSAS Y HOMBRES FEOS”, no hay ecuación más silenciosamente conspiranoíca.

En que momento se torció mi vida y me convertí en un engranaje más de la maquinaria bastarda. En que momento los escenarios y diálogos rutilantes dejaron paso a las grises oficinas y las bases de cálculo de Bloomberg. Sólo me queda el consuelo del espectador... 

Yo no llegué a nada pero aprendí mucho, podría ser un buen resumen de mi vida hasta la fecha.

Y allí se conjugaron de nuevo todos los truenos del rock and roll. Redobles del demonio y riffs centelleantes. Melodías divinas y bajo desbocado. The Who, The Byrds, Badfinger, Raspberries, Flamin’ Groovies… catarata de sonidos de nuestros héroes totémicos más cercanos que nunca por el milagro de Peralta, el regalo de los dioses que supone esta banda. Y aquella burrada que Arthur Lee escribió para los Hijos de Adán sonando como una caja de Pandora abierta sin posibilidad de retorno. Cayeron sobre nuestras cabezas no como Hijos de Adán si no como los Hijos de Ira de Dámaso Alonso, como los Cuatro Jinetes del Apocalípisis, como emisarios eléctricos de la música y la mística y embajadores de los cielos abiertos para gozoso gozo y contemplación excelsa de nuestros sentidos. 

Terminó el viaje y me despedí con parsimonia y dedicación, bramando de felicidad por el placer derramado en unos cuantos acordes plenos de dicha. Incapaz de poder manipular el tiempo y convertir el día siguiente en sábado o domingo, días santos del solaz recreo existencial, me retiré como un cobarde de las trincheras de la noche antes de que abriesen fuego los artistas del Matu Intenso que dejé detrás de mí. Presa de la urgencia consolidada y esclavo de las manecillas del reloj,  no miré atrás.

¡Ay, aquellos martes que bien podían ser una fiesta! Menos mal que nadie me quita el consuelo del espectador…   

miércoles, 7 de enero de 2015

MARAVILLAS DEL MUNDO MODERNO: LOS CLIENTES CANTORES DEL TIGER




Que canten los niños






Hola amigos, hoy voy a hablaros de un subgénero humano en el que sin lugar a dudas habréis reparado en alguna ocasión, ya que sois gente viajada y culta, de la que les quita la piel al chorizo antes de meterlo en el bocadillo. Me refiero a un grupúsculo de seres absolutamente fantástico, a la altura de los Paquidermos Saltimbanquis de Bormeo, los Equilibristas Cojos de Transilvania, o los Eunucos Taladradores de Kazajistan. Hablo, amigos míos, de los fascinantes Clientes Cantores del Tiger. 

En efecto, quien no ha reparado en ellos. Esos viejóvenes de edad indefinida entre 7 y 65 años que entran en las tiendas de la franquicia danesa destilando buen rollo y alegría, y que en cuanto el hilo musical comienza a entrar por sus oídos se desatan y aparcan todo tipo de pudores para obsequiarnos con sus silbidos, canturreos, nainonas y demás elementos sonoros que nos hacen pensar en no pocas carreras frustradas de músicos melódicos. Suelen ser del género masculino, y por supuesto, van siempre acompañados (raro es el Cliente Cantor del Tiger que acude a su cita en un lugar de la marcha en soledad) En ocasiones simplemente de su pareja, pero las más de las veces, y aquí es cuando se lanzan sin el menor decoro, de niños (hijos, sobrinos, mendigos rumanos de alquiler, vaya usted a saber…) La presencia de los niños parece estimular sobremanera sus cualidades cantoras, y es entonces cuando una sonrisa se dibuja en sus rostros mientras demuestran al resto de la clientela (la silenciosa) su conocimiento sobre melodía (y a veces incluso letra, o al menos en el estribillo) de figuras desconocidas del underground como los Beatles o Elvis Presley. Tesoros musicales y conocimientos ancestrales sólo al alcance de muy pocos, afortunados ellos, que cantan y cantan y vuelven a cantar delante de sus niños para demostrarles lo guay que es la música que ellos escuchaban y que son unos carrozas con mucha marcha. Se ha dado incluso el caso de Clientes Cantores con un conocimiento musical tan vasto y enciclopédico que hasta han reconocido canciones de oscuras bandas como la Creedence Clearwater Revival o los Rolling Stones. Es entonces cuando les hemos oído exclamar “¡HOSTIA LA CREEDENCE!” u “¡HOSTIA LOS ROLLING! ¡SUS SATÁNICAS MAJESTADES, TÚ!”, mientras le dan un cariñoso codazo de complicidad a sus sufridos sobrinos ante la mirada de la clientela silenciosa e ignorante. 

Yo he llegado hasta a ver a alguno de estos Clientes Cantores bailando por los pasillos de estas tiendas. Así es, bailando. ¿Qué les parece? Sin ir más lejos en la Calle Carretas asistí hace unos días al bochornoso espectáculo que me retrajo a los tiempos gloriosos del ballet de Giorgio Aresu en su época dorada de “Aplauso” de un calvo bailando, zigzagueando por el medio de un pasillo al lado de su compañera sin el menor reparo ni luces de emergencia. Aquel derviche pelado del consumismo navideño pareciera que tuviera detrás suyo un cartel imaginario con la leyenda: “VAYA MARCHA QUE TIENE EL CALVITO”. Gente sin complejos, amigos míos, gente sin complejos. 

Como escribió en una ocasión el Profesor Van Fofito, “el ser humano del siglo XXI no sólo tiene la imperiosa necesidad de ser feliz, si no de demostrarlo”, esto explicaría el porque de esas exultantes muestras de optimismo, de estas radiantes demostraciones de alegría, de esta vitalidad descontrolada dentro de estas “stores” que ya de por si ejemplifican el mundo moderno de sacacorchos de diseño y zapatillas con orejeras. Y así, mientras escuchamos a George Harrison decir que “ahí viene el sol” (transformado en algo así como “Jijandesan, nananana”, por obra y gracia de alguno de estos infatigables Cantores), nos preguntamos si hay alguien en estos momentos en el mundo blandiendo en su casa uno de esos gigantescos lapiceros que se nos ofertan (quizás algún lector de El País Semanal), o tratamos de recordar si alguna vez hemos visto en el metro a alguien con el famoso “paraguas-espada”. 


Y es que el mundo moderno, tal y como escribió en su célebre artículo “Prosopopeya de la manzana reineta en Las Vascongadas en el siglo XVIII” el no menos célebre filósofo Cartílago de Piedrahita, no cesa en dejarnos constancia de múltiples maravillas, siendo la de los Clientes Cantores del Tiger una más, si acaso la más entrañable y canora.  

martes, 6 de enero de 2015

AQUELLOS REYES MAGOS








Quizás ya todos conocen la historia, pero es necesario preservarla para las generaciones venideras, ya que es sabido que el olvido condena a los pueblos al fracaso de repetir sus errores y cuales Sísifo vivir eternamente cargando sobre sus espaldas los pecados comenzando una y otra vez la subida de la cuesta hacia ninguna parte. Así es que los poetas, esos locos embadurnados de firmamento, se convierten en testaferros del soliloquio de nuestra memoria. 

Presentáronse los tres reyes en aquel pesebre a la hora prevista. Era el día de autos locos, y los ojos les hacían chiribitas por el fulgor de aquella estrella fabulosa, aquel cometa radiante que alumbraba un mundo nuevo. Mesáronse las barbas, que era una cosa muy majestuosa, muy de la realeza de aquellos tiempos en que los reyes eran reyes por voluntad divina y no porque sus antepasados se lo montaron divinamente, y se acercaron a la criatura mesiánica elegida para transformar el lodo en pétalos y ambrosía. 

Acercose el primero, con paso adusto y porte regio, y grave la voz (que era una cosa también muy de las majestades pretéritas, que por algo ejercían de altavoz de sus súbditos) dijo estas palabras: 

-Aquí estoy porque he venido. Mi nombre es PUEBLO, y gracias a la estela de esa estrella inconmensurable y no la Guía Michelín que aquí estoy para entregaros lo que como Mesías es menester sea vuestro. Opiáceos para la mansedumbre, paraísos artificiales para conciliar el sueño y la paz interior. También os traigo un bazooka, un lanzallamas y un par de granadas de mano para iniciar la revolución. Asimismo os hago entrega de un animal exótico cazado en mi última incursión por Euskadi, una cacatúa de nombre Patxi. 

-Brrrr… Patxi… brrr… Mesías-graznó el ave sobre el hombro del monarca. 

PUEBLO se retiro dando unos pasos hacia atrás, dijérase que haciendo un “moonwalker”, que también era una cosa muy de reyes, o a ver si se van a creer que por ser reyes no iban a ser unos tipos marchosos y granujas del ritmo. 

Dio un pasito palante María (efectivamente, comenzaba a oler a maría) el segundo de los reyes, quien con voz aún más grave que su antecesor afirmó: 

-Aquí estoy porque he llegado. Mi nombre es ORGULLO y vengo a haceros entrega, guiado por esa estrella de cola resplandeciente y febril, de los obsequios que Mesías como vos ha de guardar para sí. Un cañón bañado en oro para despertar, atronando, nuestra conciencia. Un balón de fútbol y unos guantes de boxeo, y una colección en DVD de las mejores películas de Ken Loach para recordar lo que es la clase media. También os traigo un animal exótico comprado en un bazar chino que responde al nombre de Eduardo Inda al que le gusta que le hagan cosquillas debajo de la papada y que usen su cabeza como cerilla. 

Y dicho esto, el rey llamado ORGULLO volvió a su anterior posición dando unos elegantes pasos en zigzag.    

El tercero de aquellos monarcas, negro como el betún (como el betún negro, lógicamente) que había esperado pacientemente su turno haciendo pelotillas de pelusa con el ombligo, dio por fin un paso al frente, y con una voz tan grave que parecía recién salida de la UCI exclamó: 

-¡Ola ke ase! Mi nombre es INDIGNACIÓN y estoy aquí porque no me queda otro remedio. Os traigo dádivas para parar un tren. Dinamita, nitroglicerina, trilita, amonal, Goma-2 (Real Madrid 0), navajas, bates de baseball, un puño americano, nun-cha-kus, unos pantalones de campana que me daba pena tirarlos y no sabía que hacer con ellos, y unas castañuelas con el retrato de Isabel Pantoja. También os traigo un animal exótico nunca visto por estos lares, un elefante que recita a Garcilaso de La Vega capturado en mi última excursión por Lavapies que se llama Zopenco. Mesías, cabronazo, espero que con esto tengas suficiente porque yo estoy hasta los cojones. ¡No ves lo negro que estoy! 

Con lo cual se hubo retirado, y estando de nuevo los tres reyes juntos, esperando la palabra del Mesías mientras miraban de reojo a su madre quien se frotaba los muslos en una palangana, se oyeron estas palabras desde la fragilidad de la cuna: 

-Sois unos brasas de tres pares de cojones (esto lo digo porque sois tres, y tenéis tres pares de cojones, que aunque sea un recién nacido ya se sumar, restar, multiplicar y tirarme pedos en tres idiomas, gracias a la tablet que me regaló mi tío Poncio, el inventor del Pilates, que ese si que me regala cosas útiles no como vosotros y vuestra mierda de cacatúa que pienso desplumar y cocerme con patatas en cuanto salgáis de aquí), es la cuarta vez que pasáis por este portal y ya os he dicho que no soy ningún Mesías, anda que si fuera yo un Mesías iba a estar en una cuna de mierda aguantando vuestras gilipolleces… estaría chupando un biberón de JB enfarlopado hasta las trancas junto a una modelo ucraniana. Yo no soy el Mesías. ¡Yo soy Brian y mi mujer también! 

Se fueron los tres reyes avergonzados y acongojados con el rabo entre las piernas, sobre todo INDIGNACIÓN, que como era negro le llegaba hasta las piernas, diciéndose entre sí y hablando entre ellos:

-Este mundo no tiene remedio.

-Al menos nos echaremos unas risas.

-¿Y ahora que hago yo con Eduardo Inda? 


Y esta ha sido una vez más la verdadera historia de los tres Reyes Magos, tantas veces narrada en excursiones bajo la luz de la luna, en clases de papiroflexia, o en los ascensores atrapados entre dos pisos.  

miércoles, 31 de diciembre de 2014

HAPPY CHRISTMAS YOUR ARSE!!



Swedenborg, Swedenborg...




¿Hay acaso algo que celebrar, cuándo los acontecimientos se precipitan al vacío en un suicido de silencios?    

Seamos una burricie sentimental, una cabellera semental, y celebremos, riamos, bebamos y nos comamos los unos a los otros. Saquemos a pasear el Swedenborg que llevamos dentro. 

Y notamos el filo silencioso del calendario que pasa otra página, el tiempo, campeón imbatible de nuestras necedades, el maestro nihilista de nuestra nada, nos trae otro número que añadir a nuestra joroba, otra cicatriz de anhelos imposibles. 

“Hacemos el balance de lo bueno y malo”, cantaban aquellos andróginos metaanfetaminados. 

Y yo aquí con los Pogues, buscando el espíritu del alcohol, la señera de mi vida… 

Y es que nuestras vidas son Los Del Río, que van a bailar, con Macarena. 

Soy un obcecado, un idiota envuelto en histeria sentimental quien se pincha con la aguja de su plato una y otra vez mientras los Zombies cantan aquello de “This will be our year”… Swedenborg, Swedenborg, que listo nos salió aquel rapaz, y que miras más arriesgadas que tenía su grisácea melena. 

Aquellos eran días de pecado y redención, y luego más pecado. Alcohol y lujuria, mujeres y pegamento. 

El almanaque de nuestras vidas, infinitos paseos de nostalgia sobrevenida… Swedenborg, Swedenborg… 

Caperuzas de dignidad en recuerdo de Germán Coppini. 

“Marineros, soldados, solteros, casados…” canta la mamarrachada hipertensa. 

Y ya nadie se acuerda de Sinatra en Reprise, Septiembre de nuestras vidas, excepto locutores de voz cavernosa disparando desde lejanas trincheras, huyendo de los tambores y el hemiciclo. 

Y yo que sólo venía a desearles feliz año, pero se me fue la brocha… 

Swedenborg, Swedenborg… 

Descorchemos el champán, amigos míos, ¿no lo notan agitándose en mi entrepierna? 





martes, 9 de diciembre de 2014

SON TODOS IGUALES



Liberación de París, Agosto de 1944





Son todos iguales, nos dicen los malabaristas del pensamiento agitando la equidistancia de los vaivenes.

Es lo mismo asesinar que ser asesinado,
Es lo mismo robar que ser robado,
Es lo mismo mentir que ser mentido,
Es lo mismo violar que ser violado.

Es lo mismo ser el puño que el rostro ensangrentado,
Es lo mismo ser la bota que el cuerpo pisoteado,
Es lo mismo ser el palo que el lomo apaleado.

...es lo mismo el martillo que el clavo.

Igualdad de lo peor de la condición humana para que la barra libre sea prolongada y desaparezcan de una vez por todas aquellas cosas que alguna vez nos hicieron desear cambiar lo que nos rodea y perfumar las cloacas con nuestros actos. Desaparecen los principios, los valores, la lucha, la vergüenza y la ética, arrojados al retrete de las ideologías, porque son todos iguales.

Ciudadano silente e inerte al que ya no le quema ni la rabia por dentro, porque son todos iguales.

Es lo mismo estar arriba que abajo, a la derecha que a la izquierda, en el centro que en los laterales. Es lo mismo la calva que la melena, la barba que la coleta, la corbata que la camiseta. Es todo lo mismo, ciudadano silente e inerte, por lo que no se preocupe por nada, relájese viendo un partido de fútbol donde aún siendo todos iguales, al menos los colores le permiten distinguir de quienes usted considera buenos, de los malos.

Es lo mismo ultrajar que ser ultrajado,
Es lo mismo pisotear que ser pisoteado,
Es lo mismo mancillar que ser mancillado,
Es lo mismo difamar que ser difamado.

No vaya a ser que un día nos de por recuperar esas pequeñas cosas que hicieron mover levemente el mundo, escapar de su pereza lampedusiana y atisbar un rayo de sol perfumando las cloacas. No vaya a ser que usted, ciudadano silente e inerte un día despierte, hable, grite, se indigne, chille y patalee. ¡Qué espectáculo dantesco para el orden de las cosas!

No vaya a ser que un día descubra que el mero hecho de ser humano no justifica asesinar, matar, robar, mentir, expoliar, esclavizar, corromper y pisotear.

Es lo mismo un asesino que un asesinado.
Es lo mismo un ejército invasor que un pueblo invadido.

Recuerdo aquellas charlas luminosas con Juan Carlos Mestre,
Genio parido de nuestras verdes entrañas bercianas.

No se puede comparar a un alto cargo nazi que haya dirigido un campo de concentración con un resistente del Ejército Francés de Liberación, por mucho que ambos sean ancianos y estén en sillas de ruedas, es justo recordar que lucharon por cosas diametralmente opuestas”

¿Son todos iguales?, el dorado poeta me decía que no.

Pero ahora los altavoces gritan salvajemente que sí, que son todos iguales, ergo, que todo está perdido… encienda usted el plasma, abra la botella, conduzca su bólido, juegue a la ruleta rusa… elija su paraíso artificial, fume a gusto su opio del pueblo y abandone las preocupaciones… son todos iguales y no hay salvación posible.

No vaya a ser que usted, ciudadano silente e inerte, un día piense que se puede luchar. Luchar contra los totalitarismos, talibanismos, contra la injusticia, contra el racismo, el clasismo, el machismo, la homofobia, la corrupción política, el abuso de poder, la esclavitud, la precariedad laboral, las políticas exteriores imperialistas, la globalización expoliadora de materias primas de países pobres, el hambre, el maltrato a los débiles y a los animales…

No vaya a ser que desperecemos la cosa esta de los principios y los valores, que el lodo de las ideas vuelva a sentir el calor de los rayos del sol y el hambre de justicia nos haga pensar que, mire usted que estupidez, que no son todos iguales, que no es lo mismo, como decía la canción.

Que no es lo mismo el ejecutor que el ejecutado.
No es lo mismo el captor que el capturado.
No es igual el machista maltratador que la mujer maltratada.
No es lo mismo el violento racista que el extranjero apaleado.

No se canta igual a la guerra que a la paz, no se trabaja del mismo modo el oprobio que la justicia, no se esculpe con el mismo material el odio que el amor.

No es lo mismo el abuso del ser humano sobre un animal, que la defensa de ese animal que hace otro ser humano.

No se iguala una caricia a un puñetazo, ni un beso se compara al escupitajo, el poema no es un himno militar ni a la sincera amistad podrá acercarse nunca el odio por el prójimo.

Son iguales los espejos y los cristales que nos devuelven el reflejo, pero no lo que en ellos se contempla.

Ciudadano silente e inerte, individuo con derechos y deberes y pesares existenciales, arrojado al océano de la duda del sentido de la vida. Ciudadano que ni ha robado, ni ha mentido, ni ha ultrajado, ni ha violado, ni ha maltratado. Levante su voz y agite su orgullo. Porque usted sabe que no son todos iguales. Porque usted es la prueba viva y decente de ello. No deje que ellos, los que se apalancaron tiempo ha en la barra libre, sigan ganando la partida. Porque ellos no son iguales, y en su engaño vive su victoria.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

VIRTUDES


Hoy se cumplen cuatro años de la desaparición física de una de las personas más importantes en mi vida... intenté homenajearla en su momento vagamente haciendo lo único que mínimamente se hacer, escribiendo, con esta carta enviada a un diario local de Ponferrada. Creo que nunca lo publiqué en este blog, y dado que su recuerdo vive más que nunca en mí y en todos los que la conocimos, hoy decido hacerlo. Va por ella, va por su memoria, va por siempre.      












Virtudes Fontal se ha ido, muy rápido, y a la vez muy despacio, con esa discreción de quien elige vivir su vida ajena al ruido mediático y a los focos, una persona que nunca quiso molestar y sin embargo siempre quiso ayudar, una persona que siempre estuvo, y una persona que nunca sobró... parece redundante escribir sobre las mayores virtudes de una persona que ya llevaba desde su bautismo tal nombre, como si fuera una premonición a un destino, a la vida que siempre quiso llevar, he conocido muchísima gente a lo largo de mi vida, gente mediocre y gente genial, gente ordinaria y gente extraordinaria, gente fría y gente caliente, libros cerrados indescriptibles e imposibles de descifrar y libros abiertos, claros, límpidos y cristalinos... de todo el paisanaje del vasto ser humano que he conocido a lo ancho y largo de mi vida la única cosa que puedo respetar por encima de todo es a la gente que vive su vida tal y como la quiere vivir... esa es la auténtica gente libre, todo lo demás son paparruchas, números inverosímiles, hipotecas monetarias y sentimentales, cábalas esotéricas sin ningún sentido, y apuestas banales por un pedazo de gloria terrenal... 



Mi tía Virtudes, no me cabe ninguna duda, pertenecía a ese extraño y cada vez menos abundante genero de la gente absolutamente libre, esto es, la gente que vive su vida tal como concibe vivirla, que dedica todo ello, es decir, su vida, su tiempo, su ser, su esencia, todo lo que tiene, que se entrega en cuerpo y alma a un único ideal, con todas las consecuencias, sin pararse a pensar si es bueno o malo, beneficioso o perjudicial, simplemente, gente que vive, que hace, que actúa, según los dictados de su corazón... no hay nada irreprochable en ello, siempre hizo lo que quiso, posiblemente pudiéramos reprocharle que no pensase más en ella en vez de hacerlo tanto en los demás, pero entonces le estaríamos pidiendo que no viviera esa vida que escogió vivir. La auténtica libertad es la de quien quiere vivir su vida y la vida, y esa vida, va mucho más allá de "cosas", cosas materiales, impostadas, paraísos terrenales que nos hacen creer que dan la felicidad, tener un gran coche, mejor dos y último modelo, un chalet en la sierra, viajar en primera clase, dinero, mucho dinero, amasarlo... una posición social elevada, un nombre en las altas esferas, un gran nombre en la política, tener poder ejecutor, que las grandes decisiones pasen por tus manos... en definitiva todo lo auténticamente superficial, todo lo que condena al hombre, al ser humano, a la esclavitud, el ansia de poder, el "tanto tienes, tanto vales".



Con mi tía Virtudes comprendí muchas cosas que de alguna manera han influido en mi forma de ser y de pensar. En estos momentos no tengo recuerdos para los regalos materiales que pudiera hacerme, que seguro que fueron muchos, y sin embargo recuerdo cosas de muy niño, soterradas en esos rincones de mi cerebro, de mi conciencia, que ella me enseñó, y ese fue el mejor regalo, el regalo de ver las cosas tal y como son sin ningún tapiz ni eufemismo... recuerdo ver con ella chabolas, miseria, podredumbre, desolación, amargura, familias rotas... yo podía llegar a casa y tener la mejor familia posible, que la he tenido y sigo teniendo, ver dibujos animados en el televisor, o leer mis queridos comics de superhéroes,  pero mi tía Virtudes me dio desde muy niño una bofetada de realidad que jamás he olvidado y jamás olvidaré, y me la dio desde el subsuelo, desde la calle, no me enseñó gráficos ni estudios de Unicef ni de Oxfam ni de la ONU sobre como con lo que se gasta en armamento al año cualquier país desarrollado se podría paliar todo el hambre en el tercer mundo (lo cual por otro lado es cierto para quien quiera darse cuenta del estercolero de globo terráqueo en el que vivimos y lo asumimos sumisamente mientras compramos nuestro nuevo televisor de plasma). No, no me enseño esa teoría, me enseñó la realidad, me enseñó las chabolas, me enseñó la pobreza... y ese es el mejor regalo que me han hecho jamás y que jamás olvidaré, y eso hace y hará siempre que siga pensando que hay cosas por las que luchar, sea como sea, a pie de calle o desde un púlpito, con un bolígrafo o con una metralleta, pero el día que dejemos de sentir que hay cosas por las que luchar, o bien viviremos en ese mundo justo, en el que simplemente no vivimos porque no queremos y/o no interesa, o bien porque estaremos muertos por dentro, lo cual es peor que estarlo por fuera. 



Mi tía Virtudes siempre fue una persona muy importante, eso lo comprendí desde muy niño también, y eso se reflejaba en algo de lo que siempre hemos hablado toda la familia... pasear con ella era saber que cada dos pasos se iba a parar a hablar con alguien, o al menos la iban a saludar. No es que Ponferrada sea una ciudad demasiado grande, pero si de una población de 65000 habitantes tres de cada cuatro personas se paran a hablarse con tu tía, te das cuenta de que era una persona muy importante, no tan importante como lo sé ahora que era, no tan valiosa como ahora me doy cuenta ahora que lo era, pero siempre supe que era importante... también sabía que no era poderosa, ni rica, ni fuerte (en el sentido físico de ser fuerte, porque en cuanto a fortaleza siempre ha tenido esa fortaleza impresionante de todas las mujeres de la familia Fontal ), es decir, era importante sin tener esos "valores" que se presuponen sobre los que se tiene que asentar una vida ejemplar e imitable, los ídolos se sustentan en el poder, el dinero, y la fortaleza física, no voy a decir que son ídolos de pies de barro, porque eso es redundante, todo ídolo se sustenta en una imagen, en una pose, en algo superficial, banal, exterior... mi tía era importante no porque fuera a ser uno de esos ídolos de poner una pegatina en tu carpeta del colegio, no, era importante, porque había alguna persona para la que era muy importante, y luego había otra persona para la que también era muy importante, y luego otra, y otra, y otra, y otra más...


La importancia de Virtudes es un valor que va más allá del poder, el dinero, la fuerza física, etc.. equívocos valores que nos enseñan desde cada vez más pequeños. Todo aquello que ella nos enseñó, y por lo que ella luchaba, sigue siendo muy valioso para mí y lo será siempre... todo ese tema referente a los valores, y al significado real de la palabra "importancia", va mucho más allá de las religiones, ideología, y credos, es algo universal. No es algo que pertenezca a ninguna ideología, ni credo político o religioso. Las injusticias y desigualdades no entienden ni de fe ni de hooliganismos ideológicos, de hecho muchas veces ese tipo de fanatismos no hacen si no separarnos y perder el foco sobre lo que realmente importa: la persona que tenemos al lado.



Que haya gente muriéndose de hambre en pleno siglo XXI simplemente por mantener este ecosistema injusto en el que un 20% (tirando por encima) de la población mundial vivimos con todas nuestras necesidades básicas cubiertas (y dentro de ese 20% podríamos encontrar porcentajes de riqueza realmente obscenos) aprovechándonos del 80% restante, no se puede tolerar, y eso está por encima de ningún credo. 



Por eso siempre he admirado de Virtudes su entrega, pero sobre todo su libertad para vivir la vida que escogió vivir, esa vida se basó en luchar contra esas desigualdades, y lo hizo a pie de calle, puerta a puerta... Virtudes era como un soldado valiente, que iba a la guerra, que se enfrentaba a mil batallas, que bajaba al lodo de la realidad apartándose del boato y de la ampulosidad del que deberían apartarse ciertas instituciones alejadas de la realidad encerradas en torres de cristal donde el olor de la miseria no les puede llegar, mientras gente como Virtudes se deja la vida por sus ideales sin pedir jamás nada a cambio.



Por otro lado otra cosa de la que me siento muy orgulloso, como ponferradino, nacido y amante hasta el tuétano de esta ciudad, es de que Virtudes era una parte muy grande de Ponferrada, el barrio de San Pedro, su iglesia, todo eso no va a volver a ser lo mismo... Virtudes me recuerda la Ponferrada que conocí de niño, la Calle del Cristo, donde vivió muchos años, con sus estrechísimas aceras por donde no podíamos ni ir de la mano porque apenas cabían dos personas, mucho antes de ser peatonal, y por supuesto, cada dos pasos alguien parándose a hablar con ella o saludarla... la agenda diaria de Virtudes se componía, aparte de hacer sus tareas de ama de casa y ver a la familia y allegados, en despedirse, cuando estabas con ella, con una de sus típicas frases del estilo "bueno, me tengo que ir que tengo que ver a un señor que le pasa...", "te dejo, que me espera una señora que tiene un problema con...", "he de irme porque tengo que ver a un drogadicto que..."... ese era el día a día de Virtudes, estar al lado de los necesitados, pero también de los marginados, porque ser necesitado es duro, pero se hace doblemente duro sentirte y saberte marginado, por tu condición social, tu etnia, el color de tu piel, o por tus traspieses en la vida o las zancadillas que hayas recibido... no sé si realmente existe eso que llaman "vidas ejemplares", pero si sé que mi tía Virtudes era un ejemplo, tanto es así que deja un hueco que va a ser muy difícil de llenar... ojala, por el bien de todos, que se pueda llenar, nada le haría más feliz que ver que todo por lo que luchó sigue vivo y tiene relevo... por eso hay que ensalzarla y reivindicar su lucha diaria, lucha que por desgracia siempre es insuficiente, porque la desigualdad, auténtico mal de nuestro mundo y la mecha que prende otro tipo de problemas, avanza implacable siempre en la misma dirección, ya que esta sartén tiene el mango bien agarrado siempre por el mismo sitio. Virtudes nunca intentó cambiar el mundo, se conformaba con hacer mejor la vida del ser humano que tenía a su lado. El no hace mucho fallecido (y equivocadamente denostado por la Iglesia) José Saramago dijo un día que el hombre hoy día se preocupaba de llegar a la Luna, y sin embargo era incapaz de llegar al ser humano que tenía a su lado.



Con ella se ha ido una parte de mí, de mi infancia, mi crecimiento, mi pubertad, adolescencia... mi vida...  y, con ella se va también una parte de esta ciudad, de una ciudad con demasiadas sombras, con demasiadas ansias de poder, con el equivoco pensamiento de que la "importancia" es el dinero, el poder, o la fuerza... Virtudes hizo por esta ciudad más de lo que ningún político o empresario ha hecho jamás, y si tienen dudas, pregunten por la calle, por las esquinas, por los rincones, por los barrios más pobres... no pregunten en los grandes hoteles o restaurantes, no, pregunten allá donde late la vida de verdad, allá donde la miseria lucha por tener una vida simplemente digna mientras todos nosotros la seguimos pisoteando porque seguimos pensando que lo importante en esta vida es tener un coche mejor que el del vecino, y no que el vecino viva dignamente.  



Y lo que me sigo preguntando... todo esto que hacía, ¿cómo lograba siempre con esa enorme sonrisa?