lunes, 23 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (XII): MENS SANA...










Aunque no debería ser noticia calificar de racista a quien ha dado sobradas muestras de serlo, Jeremy Lin ha saltado a la actualidad recientemente por advertir el desafortunado lenguaje de Donald Trump refiriéndose al covid-19 como “virus chino”. Personalmente me gusta más ver como el baloncestista exterior ha sido noticia por regresar a China para prepararse de cara a la reanudación de la liga de ese país, fechada para el 15 de Abril. 


Habrá quien piense que es una frivolidad preocuparse por las competiciones deportivas ahora mismo, pero más allá del asidero de evasión mental que supone la presencia de una agenda deportiva, haciendo más llevaderas algunas de las jornadas más rutinarias (ese miércoles de frío invierno que después de ocho horas de trabajo con madrugón incluido sabes que te espera un partidazo de Champions League), creo que el hecho de que el país desde el que comenzó su letal expansión el covid-19 considere que su liga de baloncesto (que no lo olvidemos, es una de las que más millones maneja en el mundo) está lista para reanudarse en menos de un mes es una noticia que nos debe llenar de esperanza a los países que vamos, por así decirlo, con retraso respecto a la pandemia. Sinceramente ni sé ni me importa ahora mismo cuando regresará la NBA, la Euroliga, o nuestra ACB en España. En efecto eso es lo de menos. Pero si sé que los goles y las canastas tienen que volver algún día, y si el calendario chino sigue marcando la ruta de la pandemia tanto para lo bueno para lo malo, llámenme lo frívolo que quieran pero ver ese 15 de Abril marcado en rojo (curiosamente la fecha en la que comenzaron las protestas de Tiananmen en 1989) para que el balón vuelva a botar en los pabellones chinos (en principio a puerta cerrada) a mí sinceramente me parece una buena, estupenda noticia para mantener ese equilibrio mental necesario entre sacrificio y esperanza de estos días. Esto también es tener la “mens sana”.








domingo, 22 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (XI): SE VEÍA VENIR









Hoy 22 de Marzo se cumplen dos semanas del Día Internacional de la Mujer, el 8M que un año más hizo que las calles de medio mundo se poblasen de manifestaciones reivindicando los derechos de las mujeres. Visto ahora fue un error y una irresponsabilidad que los gobiernos de ese medio mundo permitiesen los actos con la amenaza de la pandemia instalada entre nosotros.



Horas antes yo me había corrido una fenomenal juerga, había estado de fiesta con decenas de amigos y había acudido a un concierto. Visto ahora fue un error y una irresponsabilidad, pero nadie, absolutamente nadie de las decenas de las personas con las que estuve y compartí charlas, abrazos, roces y copas sugirió que estábamos siendo unos irresponsables. Imagino que lo mismo que yo en esa citada fiesta decenas de miles de españoles también salieron horas antes del 8M invadiendo bares y salas de fiestas y conciertos como un sábado cualquiera, víspera de un domingo cualquiera.



Horas después de las manifestaciones del 8M se celebraron varios actos multitudinarios en todo el territorio español (y por supuesto, en todo el globo terráqueo), especialmente deportivos, con el partido del Benito Villamarín entre Betis y Real Madrid como climax. A las nueve de la noche del pasado 8 de Marzo se juntaban en Sevilla más de 50000 aficionados para presenciar el encuentro. Visto ahora fue un error y una irresponsabilidad.



Comenzamos la semana laboral del 9 de Marzo con la absoluta normalidad que nos obligaba a coger medios de transporte público, compartir vagones de trenes de metro o de cercanías de Renfe... a compartir lugares comunes en nuestros puestos de trabajo, aseos, comedores, máquinas expendedoras, etc... visto ahora fue un error y una irresponsabilidad.



Dos días después, el 11 de Marzo, recordarán que miles de madrileños viajaron alegremente al Reino Unido para acudir al partido de Champions League que enfrentaba en Anfield al Liverpool y Atlético de Madrid sin que las autoridades británicas tomasen ninguna medida de control ni testasen la posible portabilidad del virus de nuestros compatriotas. Visto ahora fue un error y una irresponsabilidad.



En la primera entrada de este particular diario lo dejé claro. Los gobiernos de todo el mundo han actuado tarde y es especialmente cruento el caso de Italia, y posteriormente España, que no supo advertir en el país transalpino su “yo del futuro”. Es perfectamente justo y comprensible la exigencia de responsabilidad para nuestros mandamases. Pero también deberíamos ser justos y reconocer que en el conjunto de la sociedad casi nadie previó lo que se nos veía encima y seguíamos pensando que era un problema lejano, asiático. No lo vimos o no lo quisimos ver y seguimos con nuestras vidas hasta que nos dimos de bruces con la realidad. Estuvimos viajando dentro o fuera de nuestra geografía hasta el último momento, organizando fiestas, conciertos, quedadas con los amigos. Nuestras empresas tardaron en adoptar medidas, en habilitar teletrabajo para sus empleados. Todos hemos fallado. Absolutamente todos. Centrar el objetivo únicamente en el 8M no sólo resulta ruin y miserable, es que además nos sigue instalando en la inmovilidad de un bucle ideológico que va a dificultar mucho lo que debe ser una lucha conjunta frente a un enemigo común: el covid-19 y su propagación. Hay que exigir a nuestro gobierno la responsabilidad que se les supone a quienes se presentaron ante las urnas para servirnos. Pero acto seguido, si queremos ser justos, debemos exigírsela a las otras formaciones políticas que también salieron a las calles el 8M, representantes del PP y C's, quienes días antes también alentaban a celebrar la señalada fecha en la vía pública porque el 8M es de todos. Nadie desde esas formaciones alertó de que no saliéramos a las calles esa mañana. Peor todavía es el caso de VOX, quienes en vez de sumarse a la celebración escogieron precisamente esa fecha para llevar a cabo su asamblea general ordinaria con un multitudinario acto en Vistalegre fletando autobuses desde distintos puntos de nuestro país. Al menos han tenido la decencia de pedir perdón... pero fue otro error e irresponsabilidad.



A toro pasado todos lo tenemos claro. Se ha actuado tarde y mal. Pero nadie tenía una bola de cristal. Si fuera así y alguno de mis numerosos amigos que ahora braman contra el gobierno y muy especialmente por la celebración del 8M manejaba información sobre lo que iba a pasar, me veo en la obligación de llamarle también irresponsable por no habernos advertido a tiempo o simplemente contactarme y pedirme que hace dos fines de semana no saliera a la calle, bares, etc



Si tan claro era que esto se veía venir, ¿por qué no escuché a nadie el 7 de Marzo describir este escenario?


A toro pasado... todos, absolutamente todos hemos sido unos irresponsables.








viernes, 20 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (X): LA RECONQUISTA










Si el mito patrio de la Reconquista cristiana nace en Asturias con la Batalla de Covadonga, bien pudiera decirse que la reconquista de la sanidad nace en el local asturiano en el que el ingeniero Marcos Castillo ha desarrollado un prototipo de respirador desde una impresora 3D, con el bajo coste que ello supone. Aunque el propio profesional reconocía hoy emocionado que la idea le llega desde Canarias, donde el anestesiólogo Ramsés Marrero insiste a su compañero de resistencia en embarcarse en esta maravillosa aventura a la que se han ido sumando todo tipo de profesionales de distinto tipo para conseguir en solamente 96 horas tener preparado el nuevo respirador. Todo ello ha supuesto una media de dos horas de sueño por jornada, como reconocía Castillo esta tarde en la cadena SER, pero en un momento tan delicado como este la iniciativa particular y altruísta de estos ciudadanos es sin duda alguna la noticia del día en otra jornada necesitada de buenas noticias. Si el prototipo tiene éxito hablamos de un invento que puede aliviar sobremanera el colapso de los servicios sanitarios al que nos ha llevado la actual pandemia.


España necesitaba una noticia así, un empujón anímico tan descomunal que hace palidecer y deja en absoluto ridículo toda nuestra verborrea en redes sociales buscando culpables y cargándonos de razones tirando piedras y escondiendo manos. El propio Castillo lo dejaba claro esta tarde, esto es obra de todos los que están ahí detrás empujando, tanto él como los casi dos millares de profesionales anónimos y desconocidos entre sí que se han sumado al proyecto Coronavirus Makers, como los ciudadanos que sin conocimientos ni habilidades técnicas para luchar contra la pandemia están, estamos, dando nuestro aliento y nuestro aplauso y empeñados en que no se puede decaer en ningún momento. No vamos a bajar los brazos en ningún momento, y no puedo por menos que emocionarme ante esas 96 horas de trabajo prácticamente continuado desde Asturias hasta Canarias que ha llevado a que tengamos este nuevo arma en forma de respirador en nuestras manos. Y resulta realmente llamativo que tras varios días en los que hemos vivido envueltos en el ruído de caceroladas en una u otra dirección y peleados en luchas ideológicas que nos dividen y hacen más fuerte al virus, las noticias sobre el trabajo de los Coronavirus Makers hayan pasado tan desapercibidas.


Si quieren irse a la cama con buen sabor de boca al menos una noche en esta semana tan cruenta, escuchen la breve pero contundente y emocionalmente demoledora intervención de Marcos Castillo esta tarde en las ondas:  



jueves, 19 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (IX): LOS ALCÁNTARA Y BLACK SABBATH









Dijo una vez Henry Rollins que sólo debes creer en ti mismo y en los primeros seis discos de Black Sabbath. Es encomiable la fidelidad hacia la primeriza discografía de la banda de Birmingham como un asidero emocional infalible. Algo parecido me sucede a mí con “Cuéntame”, y es que la saga televisiva de la familia Alcántara, que marcha tan campante y con paso firme hacia los 400 episodios, parece lo único inalterable en estos días en los que nuestras agendas culturales, deportivas o de ocio en general han saltado por los aires por la dichosa pandemia del covid-19.


Ahí siguen Antonio y Merche con lo suyo, ajenos a nuestro presente viviendo en su pasado. Se agradece esa normalidad, ese último refugio de la deliciosa rutina.


Por lo demás poco más traigo esta noche al diario. Esperando el segundo fin de semana de clausura en el que espero tener más tiempo para sacarle jugo de verdad a esto que estamos viviendo. Al escenario de experimento sociólogico, a la disección antropológica que hasta el momento arroja más miserias que luces. Otra apuesta que pierdo, cuando la mezquindad y el mal rollo parece que va ganando terreno al positivo pragmatismo que debiera imperar. Quicir, que seguimos pensando que el vecino es gilipollas sin darnos cuenta de que nosotros somos el vecino de nuestro propio vecino, y que ese vecino gilipollas no es si no un espejo devolviéndonos nuestro propio reflejo.


Isa y yo hemos superado nuestra segunda jornada de teletrabajo juntos.


Sigo mirando la web de Aemet todas las noches para saber que tiempo va a hacer a la mañana siguiente, ¡cómo si tuviera importancia!










miércoles, 18 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (VIII): TODOS SOMOS ROBINSONES









Si el ser humano es de por si una paradoja, la pandemia no hace si no acrecentar esta cualidad cuando nos vemos obligados al aislamiento para así demostrar nuestra fuerza en conjunto. Manifestamos el poder grupal en la soledad de nuestros habitáculos. No es la única paradoja cuando vemos hasta a los más acérrimos defensores del anarcoliberalismo ahora entonar los ojos llorosos a ese “papá estado” del que tantas chanzas otrora hacían, sabedores de que el habitual “sálvese quien pueda” es un papel tan mojado como esa charlataneria de superficial mercadotecnia que habla del valor del emprendedor y de como tanto los millonarios como los pobres han llegado a tal rol por propio merecimiento. Muy interesante a ese respecto la reflexión de Jesús G. Maestro sobre las diferencias a la hora de luchar contra el covid-19 por parte de los países de tradición católica (España o Italia) frente a los de herencia protestante (Estados Unidos o Gran Bretaña), y el sentido social de los primeros en contra del desamparo de los segundos, defensores de una especie de “ley del más fuerte”, aunque ya decimos que paradójicamente estos últimos han reculado en sus propuestas y hasta el propio Donald Trump de manera inaudita (pero responsable) ha admitido cuan equivocado estaba.


En esta paradoja en la que para demostrar que ningún hombre es una isla nos hemos convertido todos en robinsones, en naúfragos confinados a las ínsulas de nuestras casas, me ha llamado la atención observar como ciértamente el papel higiénico se ha convertido en preciado objeto del deseo pero las baldas de higiene personal, al menos masculina, apenas han notado el impacto del coronavirus. Me refiero a productos tan indispensables como champús, geles, espumas de afeitar y sobre todo desodorantes. Comprendo la importancia de tener el culo limpio (aunque se tenga la boca sucia) y sé de lo incómodo que puede resultar llevar un pastel debajo de tu espalda, pero considero igualmente molesto, por mucho que uno esté confinado en casa, el pasar días sin una buena ducha, lavado, perfumado, peinado, afeitado... confirma esto la tragedia de que para mis congéneres la “comodidad” hogareña consiste en el desarreglo, el desaliño y el desafecto con la estética. Y un mundo sin estética es incluso peor que un mundo con coronavirus.


Temo por tanto el día en que las autoridades anuncien que esto haya acabado y que podamos tomar de nuevo las calles, los bares, las salas de cine o las librerías. Siento escalofríos pensando el paisaje humano que pueda encontrarme, la plaga de sucias cabelleras y barbas cuales parques de atracciones para piojos. Y si la imagen se me antoja dantesca peor todavía es imaginar el fétido aroma que posiblemente acompañe tales especímenes.


Eso sí, todos con el culo bien limpio.










martes, 17 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (VII): COMPRAR EL AS, IR AL BANCO, PONERSE MECHAS.









Vivir bajo una pandemia es algo tan excepcional que cada día, cada hora que pasa, hace que el momento anterior resulte totalmente obsoleto. Eso hace que incluso las coñas tan españolas que estamos haciendo con motivo del covid-19 parezcan desfasadas de un día para otro.


Pero antes de que nuestro presidente del gobierno, Pedro Sánchez, matizase que las peluquerías sólo podrían realizar servicio a domicilio, las redes sociales y cadenas de whatsapp se inundaron de una gracieta que venía a suponer que vaya mierda de confinamiento este que te permite salir a comprar el As, ir al banco y visitar la peluquería para ponerte mechas. Ya expliqué el mismo sábado que yo mismo también recibí con extrañeza la noticia de que los profesionales capilares pudiesen abrir sus locales sin reparar en que ciértamente pudiera haber vecinos con limitaciones para poder hacer algo tan natural como simplemente lavarse la cabeza. Y entoné un “mea culpa” respecto a la falta de empatía que habitualmente padecemos los ciudadanos digamos sanos, incapaces de comprender otras realidades, otras necesidades. Ni por asomo hubiera podido pensar tal cosa y caí, como tantos, en que lo más fácil es que se tratase de otra boutade del mandamás de la Moncloa, o que quizás su socio Pablo Iglesias tuviese necesidad de dejar su hermosa coleta al cuidado de manos profesionales (esa coña fue la que ideé yo, que también tengo lo mío)


Pero coñas aparte, dentro de este magnífico (a nuestro pesar) experimento sociológico que supone el ser víctimas de la pandemia y el ser testigos en primera persona del mayor acontecimiento a nivel global desde la II Guerra Mundial, tratar con ligereza esta y cualquier medida del estado de alarma como si se tratasen de humoradas nada meditadas y todo esto fuese un gigantesco chiste, es un ejemplo más de que pocos refranes españoles tienen tanto tino como el de “piensa el ladrón que todos son de su condición”. Un pensamiento mínimamente crítico consideraría que cualquiera de las actividades comerciales que permanecen vigentes lo hacen para casos de auténtica necesidad, no para estúpidos caprichos. Pero imagino que es más fácil pensar que nuestro vecino, preferiblemente “progre” y sociata, está en la calle todo el día pasándoselo en grande y haciéndose mechas mientras sus abnegados compatriotas hacen un ejercicio de responsabilidad sólo propio de los buenos españoles, los de la pureza de sangre. Y es que muy posiblemente en realidad eso lo que estamos deseando todos, el buscar ese subterfugio, ese agujero legal por el que saltarnos a la torera el estado de alarma y volver a tomar las calles de nuestro país, pero eso sí, echándole la culpa al otro.


Aunque de eso ya tendremos mucho de lo que hablar, de como nos vemos los vecinos ahora mismo, unos a otros y otros a unos. Porque ciértamente, creo que ni el más avezado antropólogo o el más reputado sociólogo pudiera haber imaginado un experimento mejor para calibrar el comportamiento humano que el escenario que nos está brindando esta crisis del coronavirus.









lunes, 16 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS (VI): TELETRABAJO









A fuer de ser sincero nunca he sido yo muy fan de eso del teletrabajo. En primer lugar porque dudo de mi propia autodisciplina y capacidad para organizarme. Entregarme a esa desidia similar a la de ver una película en casa a través de alguna de esas plataformas de moda que te permite pararla, volver atrás, adelantar... para que al final te hayas tirado toda la tarde mirando el móvil o visitando el baño y apenas hayas visto 15 minutos del citado largometraje. Realmente para ver una película en condiciones necesito ir a una sala de cine donde me sienta obligado a permanecer sentado todo el minutaje que dure la obra, del mismo modo que para trabajar de manera eficiente necesito un puesto físico destinado única y exclusivamente a ello, sin otras distracciones alrededor.

No veo ninguna ventaja en no sentirme obligado a afeitarme, en no tener que vestirme y estar frente al ordenador en pijama o (peor todavía) en chándal.

Una de mis rutinas cada noche es mirar la web de Aemet para en base al tiempo pronosticado para la mañana siguiente dejar preparada la ropa con la que salir de casa.

Me gusta madrugar, pasear temprano, ver amanecer en la calle.

Pero bajo ningún concepto podía imaginar que mi primer día de teletrabajo fuera la pesadilla asfixiante de hoy. Espero ir encontrando en próximas jornadas el apoyo de los compañeros a los que todavía no se les ha dado acceso a esta modalidad a la que recurrimos ahora obligados por las circunstancias. No obstante dudo que pueda eliminar esa sensación opresiva de sentir la pared del salón de mi casa detrás mía durante tantas e interminables horas.

Necesito huir.