sábado, 22 de noviembre de 2014

LETARGO EXISTENCIAL PLAGADO DE UN DESEQUILIBRIO ROTO



"Los Amantes" (René Magritte, 1928)





Como empezó la aventura de mis huesos rotos,
el naufragio de la monotonía quebradiza.

Apenas puedo recordar,
sólo un susurro de nostalgia
y pereza de entrepierna.

Los árboles erectos y majestuosos anunciando un nuevo Otoño
y los campos y paisajes del alma y de España y del precipicio de mis sentimientos.

Eras tú todo la luz que alumbraba un camino
nuevo diverso y embaucado
la luz de un laberinto nuevo diverso y dionisíaco
la luz de un acertijo nuevo diverso y algebraico.

El repelús de mis entrañas
bajo el sol asfixiante de Daimiel.

El enigma de la constelación de una por una todas mis palpitaciones,
la rebelión de mis sudoraciones,
mis fiebres,
desvelos,
pesadillas
y juegos de azar
y de manos
con el Caos.

El terrible ejercito de las emociones
y la batalla de mis sentimientos
alzando la bandera blanca de la rendición
por ti,
por tus huesos rotos,
por tus desvarios,
por tus trampolines de suicidio y chocolate,
por las ventanillas donde se asoma el deseo,
el hectoplasma de un placer que se nos ha negado
y al que accedemos a golpe de pistola y erección.

Nadie dijo que nuestro amor fuera fácil
y nadie dijo que fuera difícil,
simplemente nadie dijo nada porque no salió en los periódicos
ni se radió en las emisoras
y ese es el bendito consuelo de nuestra tranquilidad
de fabricarnos el futuro a martillazo de taquicardia
y de delicia en verso, verbo, carne y rebelión.

Fuimos bautizados como hijos bastardos de la locura
bajo una lujuria de espantos y retortijones.

Tenemos la libertad de los perdedores,
de quienes no se espera nada...

...sólo nuestro beso infinito y nuestro aroma escapista.

Ahora comprendo la solución a este enigma: somos tú y yo.

Y así empezó la aventura de mis huesos rotos,
naufragio de la locura,
escalada y descenso,
abismo
y pasión.

El amor explotó y lo que quedaba sano en mis sienes enfermas escupió un vómito surcando el papel.

Escribir, ese fue mi destino...
Poesía, esa fue mi herramienta...
Surrealismo, eso fue mi condena...

Y así,
sólo quedó la sangre
y la aventura de mis huesos rotos.

Los nudillos del hambre
y de las puertas que no se abren.

Y a pesar de todo escribir, amar, vivir, y rezar por un futuro mejor
con mis mejores deseos encriptados bajo la brújula
de mi alma devorada por el espanto de contemplarse a si misma.

Nunca olvidéis que un día inicié la aventura...



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