miércoles, 7 de enero de 2015

MARAVILLAS DEL MUNDO MODERNO: LOS CLIENTES CANTORES DEL TIGER




Que canten los niños






Hola amigos, hoy voy a hablaros de un subgénero humano en el que sin lugar a dudas habréis reparado en alguna ocasión, ya que sois gente viajada y culta, de la que les quita la piel al chorizo antes de meterlo en el bocadillo. Me refiero a un grupúsculo de seres absolutamente fantástico, a la altura de los Paquidermos Saltimbanquis de Bormeo, los Equilibristas Cojos de Transilvania, o los Eunucos Taladradores de Kazajistan. Hablo, amigos míos, de los fascinantes Clientes Cantores del Tiger. 

En efecto, quien no ha reparado en ellos. Esos viejóvenes de edad indefinida entre 7 y 65 años que entran en las tiendas de la franquicia danesa destilando buen rollo y alegría, y que en cuanto el hilo musical comienza a entrar por sus oídos se desatan y aparcan todo tipo de pudores para obsequiarnos con sus silbidos, canturreos, nainonas y demás elementos sonoros que nos hacen pensar en no pocas carreras frustradas de músicos melódicos. Suelen ser del género masculino, y por supuesto, van siempre acompañados (raro es el Cliente Cantor del Tiger que acude a su cita en un lugar de la marcha en soledad) En ocasiones simplemente de su pareja, pero las más de las veces, y aquí es cuando se lanzan sin el menor decoro, de niños (hijos, sobrinos, mendigos rumanos de alquiler, vaya usted a saber…) La presencia de los niños parece estimular sobremanera sus cualidades cantoras, y es entonces cuando una sonrisa se dibuja en sus rostros mientras demuestran al resto de la clientela (la silenciosa) su conocimiento sobre melodía (y a veces incluso letra, o al menos en el estribillo) de figuras desconocidas del underground como los Beatles o Elvis Presley. Tesoros musicales y conocimientos ancestrales sólo al alcance de muy pocos, afortunados ellos, que cantan y cantan y vuelven a cantar delante de sus niños para demostrarles lo guay que es la música que ellos escuchaban y que son unos carrozas con mucha marcha. Se ha dado incluso el caso de Clientes Cantores con un conocimiento musical tan vasto y enciclopédico que hasta han reconocido canciones de oscuras bandas como la Creedence Clearwater Revival o los Rolling Stones. Es entonces cuando les hemos oído exclamar “¡HOSTIA LA CREEDENCE!” u “¡HOSTIA LOS ROLLING! ¡SUS SATÁNICAS MAJESTADES, TÚ!”, mientras le dan un cariñoso codazo de complicidad a sus sufridos sobrinos ante la mirada de la clientela silenciosa e ignorante. 

Yo he llegado hasta a ver a alguno de estos Clientes Cantores bailando por los pasillos de estas tiendas. Así es, bailando. ¿Qué les parece? Sin ir más lejos en la Calle Carretas asistí hace unos días al bochornoso espectáculo que me retrajo a los tiempos gloriosos del ballet de Giorgio Aresu en su época dorada de “Aplauso” de un calvo bailando, zigzagueando por el medio de un pasillo al lado de su compañera sin el menor reparo ni luces de emergencia. Aquel derviche pelado del consumismo navideño pareciera que tuviera detrás suyo un cartel imaginario con la leyenda: “VAYA MARCHA QUE TIENE EL CALVITO”. Gente sin complejos, amigos míos, gente sin complejos. 

Como escribió en una ocasión el Profesor Van Fofito, “el ser humano del siglo XXI no sólo tiene la imperiosa necesidad de ser feliz, si no de demostrarlo”, esto explicaría el porque de esas exultantes muestras de optimismo, de estas radiantes demostraciones de alegría, de esta vitalidad descontrolada dentro de estas “stores” que ya de por si ejemplifican el mundo moderno de sacacorchos de diseño y zapatillas con orejeras. Y así, mientras escuchamos a George Harrison decir que “ahí viene el sol” (transformado en algo así como “Jijandesan, nananana”, por obra y gracia de alguno de estos infatigables Cantores), nos preguntamos si hay alguien en estos momentos en el mundo blandiendo en su casa uno de esos gigantescos lapiceros que se nos ofertan (quizás algún lector de El País Semanal), o tratamos de recordar si alguna vez hemos visto en el metro a alguien con el famoso “paraguas-espada”. 


Y es que el mundo moderno, tal y como escribió en su célebre artículo “Prosopopeya de la manzana reineta en Las Vascongadas en el siglo XVIII” el no menos célebre filósofo Cartílago de Piedrahita, no cesa en dejarnos constancia de múltiples maravillas, siendo la de los Clientes Cantores del Tiger una más, si acaso la más entrañable y canora.  

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